Señora:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Acabo de recibir su carta que me ha hecho preocuparme por su salud, ya que temo que se ha expuesto demasiado pronto. En fin, ¡bendito sea Dios! Le suplico, señorita, en el nombre de Nuestro Señor, que haga todo lo posible por cuidarse, no ya como una persona particular, sino como si otras muchas tuviesen parte en su conservación.
Estamos en el día octavo de nuestro retiro; espero llegar al décimo, con la ayuda de Dios.
Creo que su ángel bueno ha hecho lo que me indicaba en la que me escribió. Hace cuatro o cinco días que ha comunicado con el mío a propósito de la Caridad de sus hijas; pues es cierto que me ha sugerido con frecuencia el recuerdo y que he pensado seriamente en esa buena obra; ya hablaremos de ella, con la ayuda de Dios, el viernes o el sábado, si no me indica antes otra cosa.
En cuanto a esa buena joven de Beauvais, no la envíe el jueves, por favor. ¿Estará capacitada para enseñar a las niñas de las aldeas? Es lo que necesita sobre todo. Nuestro Señor proveerá a todo, siguiendo los pasos de su Providencia en su vida. Hay que confiar en El y permanecer en paz.
¿Ha visto a algún médico? ¿Le parece bien que le envíe el nuestro? Disponga de nosotros.
Soy, en el amor de Nuestro Señor, señorita, su muy humilde servidor,
VICENTE DEPAUL
Martes, a las dos.







