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¡Ay, padre mío, cuán felices somos al honrar la parentela pobre de Nuestro Señor con la nuestra pobre y ruin! Estos días pasados, al predicar en una comunidad, les decía con satisfacción que yo era hijo de un pobre labrador, y en otra reunión, que yo había guardado puercos. ¿Creerá, padre, que temo haber sentido una vana satisfacción en ello, debido a la pena que sufre por ello la naturaleza? Es verdad que el demonio es muy listo y astuto; pero sin duda es más listo que él, el que se siente honrado por la pobre condición del Niño de Belén y de la de sus santos padres.







