¡Dios sea bendito, señor, por todas las gracias y bendiciones que reparte sobre la misión de usted! ¿No le parece que muchos obreros que permanecen ociosos podrían emplearse en la gran cosecha en que trabaja ahora y que los que conocen la necesidad que tiene el Señor de la mies de más obreros, serán culpables de la sangre de su Hijo a la que dejan inútil, por falta de aplicación? (Oh! (Qué bien ha sido recibido por los señores eclesiásticos el pensamiento que hizo el honor de comunicarme estos días pasados; de todos ellos hemos hablado en general y de cada uno en particular. Hace quince días los vimos a todos juntos y resolvieron lo que proponía usted, con una uniformidad de espíritu que parece cosa de Dios. Empecé mi discurso por las palabras que me indicó, sin nombrar a usted más que cuando fue necesario ponerlo entre ellos y reservarsu lugar entre ellos. Hoy tienen que reunirse de nuevo. ¡Oh señor cuántos motivos hay para esperar mucho bien de esta compañía! Usted es el promotor y tiene interés en que todo resulte bien para la gloria de Dios. Ruegue por esto, por favor, señor, y más especialmente por mí.
Vicente de Paúl, Carta 0149: A Un Eclesiástico

[9 julio 1633]






