11 febrero [1633]
Mi muy honrado y querido padre:
¡Cuán bueno y paternal es su corazón y cómo quiero creer para mi consuelo que continúa siendo fiel en recordarme ante la divina bondad, ya que tengo una gran necesidad de ello por mi edad y por el trajín en que me encuentro! Alabada sea eternamente la divina bondad por las misericordias que se complace en derramar sobre las almas por la mansedumbre santa y eficaz del espíritu de su fiel y verdadero servidor, nuestro padre tan santo; porque es verdad, se lo confieso, mi queridísimo padre, que el espíritu de nuestro dignísimo y verdadero hermano y padre se ha dejado ciertamente atrapar en sus redes; y no creo que ninguna otra mano distinta de la de este bienaventurado lo hubiese podido conducir tan sabiamente, tan suavemente y tan fuertemente como ella lo ha hecho en este retiro tan perfecto, que lo vemos ahora en una absoluta separación del mundo, con la edificación y consuelo de todos, y lo que es más, con la mayor gloria de Dios y consuelo de su querida alma, y ciertamente para utilidad, honor y consuelo de las Hijas de la Visitación, que le deben infinitas obligaciones. Sobre todo nuestras queridas hermanas de la ciudad se sienten privilegiadas por el gran honor de tenerlo tan cerca de ellas. ¡Dios nos conceda la gracia de corresponder fielmente a la sincera amistad y entera caridad que este buen señor tiene con nosotras! Le puedo asegurar, mi queridísimo padre, que le quiero, le honro y le reverencio con toda la amplitud y con todas las fuerzas de mi alma.
Veo que ahora suele usted estar más tiempo en París. ¡Dios mío! Tenga mucho cuidado con esa querida y digna persona y no le permita usted una vida demasiado severa, ni demasiado austera. Yo sé que tiene mucha confianza en usted.
Me parece que me he ido endureciendo con la edad. Habrá que terminar para poder ir a ese bendito locutorio. Queridísimo padre, ¡que Dios lo haga cada vez más conforme a su corazón! Ruegue mucho a su bondad que tenga misericordia de mí, a fin de que con nuestro bienaventurado padre y con todos esos queridos amigos, le pueda alabar eternamente. Amén.
Mi muy honrado padre, soy de su corazón muy humilde y muy obediente hija y sierva en nuestro Señor.







