Tengo miedo de que no haya podido arreglar su asunto, por haber estado tanto tiempo la señorita Delamare en casa de usted; por eso he escrito las líneas que acompaño, y no para disuadirle de ello. Pues bien, ya que su discreción ha obrado así, aguardaremos a mañana, inmediatamente después de la una: entre tanto, medite mañana en el nacimiento de Nuestro Señor por la mañana, y repita la misma oración a las diez; luego, después de comer, la de los pastores; y la última será la de la purificación de la Virgen.
Adiós, señorita, acuérdese de nuestras necesidades espirituales y de que soy su servidor.
Dirección: A la señorita Le Gras.







