Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
No hubiera tardado tanto en ir a verla para agradecerle tantos bienes como ha querido hacer a nuestra capilla y a nosotros, o, por mejor decir, a Nuestro Señor y a su santa Madre, si no fuera porque quiso Dios concederme la gracia de retenerme en casa con unas fiebrecillas que me vinieron desde el domingo pasado. Reciba mi gratitud por medio de estas líneas, señorita, y la seguridad de que mi corazón me parece que estaría muy contento de ver el suyo; pero como todavía no lo quiere Nuestro Señor, ¡sea bendito su nombre! No dejaré, sin embargo, de presentarla a Nuestro Señor en mis indignas oraciones, encomendándome también humildemente a las suyas, y suplicándola que honre la santa tranquilidad del alma de Nuestro Señor con la confianza de que es su hija querida y El su padre, y yo, en su amor, su muy humilde servidor
VICENTE DEPAUL







