1 septiembre 1630
San Vicente ruega al señor de Saint-Martin que procure unos vestidos para su hermano y sus sobrinos y haga reparar un rincón de su casa, que amenazaba ruina. Le dice luego, a propósito del sobrino que ha partido recientemente de París, que éste ha recibido diez escudos antes de dejar la capital, y que este dinero procedía de una limosna, y no del fondo destinado a las misiones. Luego añade:
Le suplico, señor, que si a algún otro de mis parientes se le ocurre venir a verme, le disuada usted de ello, ya que, al no tener medios para hacerle bien, se fatigaría en balde.







