Si no fuese tan tarde como es, le iría a ver esta noche para saber de usted el particular de que me habla; será mañana, con la ayuda de Dios. Honre, sin embargo, las penas que la santa Virgen pasó al ver sufrir a su Hijo, y añada a ese honor el de la aceptación del Padre eterno en la contemplación de los sufrimientos de su Hijo único; y espero que El le hará ver y conocer cómo ha de agradecer a su divina Majestad el que le honre con la unión de sus sufrimientos a los de El, y cómo la carne y la sangre le alejan de la perfección del verdadero amor que el Padre eterno y la santa Virgen le tenían a su Hijo. Piense en esto, mi querida hija, y consuélese.
Le deseo buenos días y que sea muy valiente y que me crea, en el amor de Nuestro Señor.







