… el secreto de su corazón, que de verdad deseo sea todo de Nuestro Señor, y ruego a la santa Virgen que se lo quite para llevarlo al cielo y ponerlo en el suyo y en el de su querido Hijo. Pero no crea que todo está perdido por esas pequeñas rebeldías que siente en lo interior. A veces llueve con intensidad y truena espantosamente; ¿es acaso el tiempo menos bueno por ello? Aunque las lágrimas de tristeza inunden su corazón y los demonios truenen y hagan caer granizadas cuanto gusten, esté segura, mi querida hija, que no por ello es menos querida de Nuestro Señor. Viva, pues, contenta en su amor y esté segura de que me acordaré de usted mañana en el sacrificio que indigno presentaré al soberano sacrificador. Si no estuviera con tantas prisas…
Vicente de Paúl, Carta 0035: A Luisa de Marillac

[Hacia 1629]






