Vicente de Paúl, Carta 0019: Santa Juana Francisca Fremiot de Chantal a San Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Vicente de Paúl · Año publicación original: 1972 · Fuente: Obras completas de san Vicente de Paúl.
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Noviembre 1627

Con que está comprometido, mi queridísimo padre, a trabajar en la provincia de Lyón, y por consiguiente tendremos que vernos privadas de verle durante algún tiempo. Pero nada hemos de oponer a lo que Dios hace, sino bendecirle por todo, como yo lo hago, mi queridísimo padre, por la libertad que su caridad me concede de mantenerle mi confianza y de importunarle. Lo seguiré haciendo con toda sencillez.

He hecho cuatro días de ejercicios, y no más, a causa de los muchos asuntos que me han surgido. He visto la necesidad que tengo de trabajar en la humildad y en la caridad con el prójimo, virtudes que había tomado como práctica el año pasado y que Nuestro Señor me ha concedido la gracia de practicar un poco. Pero es El el que lo ha hecho todo y lo seguirá haciendo, según su voluntad, ya que me ofrece tantas ocasiones. Respecto a mi estado, me parece que me encuentro en una simple espera de lo que Dios quiera hacer conmigo. No tengo ni deseos ni intenciones; nada me preocupa sino el deseo de dejar obrar a Dios; no lo veo todavía, pero me parece que eso es lo que está en el fondo de mi alma. No tengo proyectos ni sentimientos para el porvenir, pero en estos momentos hago lo que me parece que es necesario hacer, sin pensar más allá.

Muchas veces anda todo revuelto en la parte inferior, lo cual me hace sufrir mucho, y permanezco allí, sabiendo que por la paciencia poseeré mi alma. Además tengo un montón de preocupaciones por mi cargo, ya que mi espíritu aborrece grandemente la acción, y al obligarme a actuar en la necesidad, mi cuerpo y mi espíritu quedan abatidos. Mi imaginación, por otro lado, me molesta grandemente en todos mis ejercicios, y produce un hastío bastante grande. Nuestro Señor permite también que tenga exteriormente grandes dificultades, de suerte que no hay nada que me plazca en esta vida, sino sólo la voluntad de Dios que quiere que permanezca en ella. Concédame Dios su misericordia, la que suplico a usted pida para mí con mucho interés; y yo no dejaré de pedir a Dios, como lo hago de todo corazón, que le dé fortaleza para el cargo que le ha confiado.

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