Tibère Agostini-Cenci (1631-1694)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1903 · Source: Notices, IV.
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Cuando el cardenal Caracciolo resolvió establecer la Congregación en Nápoles quiso que primeramente el pueblo conociera por sí mismo a los misioneros, su celo y su modestia. Dijo pues al Sr. Côme Galilée, sacerdote de la Misión, que estaba ya en la ciudad, que hiciera venir a otros dos misioneros para trabajar en los alrededores

Uno de ellos era el Sr. Tibère Agistini, nacido en Forly, en 1631, de la noble familia de los Agostini. Enseguida, los tres valerosos sacerdotes se pusieron a dar misiones regulares y casi sin interrupción en Casoria, distante unas tres millas de Nápoles, en Arzano, en Casavatore, en Secondigliano. Durante estos trabajos fue cuando fueron conocidos del Sr. Balsano, ferviente laico, cuya benevolencia y generosidad debían influir grandemente en el futuro de la casa de los Misioneros de Nápoles.

En estas misiones el Sr. Agostini trabajaba con gran valor, como se ha dicho y sin contar con sus fuerzas. Amaba ardientemente a la Congregación, donde él sentía que podía hacer tanto bien a las almas. Con el dolor de ver arrebatado por la muerte a su único hermano que vivía en Forli, su patria, hizo donación entre vivos a la Compañía de todos sus bienes. Era hacia 1669.

En 1676, el Sr. Tibère Agostini fue nombrado superior de la casa de Nápoles. En ese puesto, hizo brillar su humildad; quería practicar siguiendo la necesidad de los más humildes oficios. Cuando su primo Sr. Agostini fue nombrado cardenal, no se aprovechó de ello; parecía ignorar casi su parentesco con el prelado, o bien no lo recordaba hasta que cuando se trataba de lograr algún favor por las gentes de humilde condición.

Cuando estuvo a punto de morir, recibió la visita de eminentes personajes de la ciudad de Nápoles. En ese puesto hizo resplandecer su humildad; quería practicar siguiendo las necesidades de los más humildes oficios. Cuando su primo el Sr. Agostini fue nombrado cardenal, no se aprovechó de ello; parecía ignorar casi su parentesco con el prelado. O bien no se acordaba de ello sino cuando se trataba de lograr algún favor por las gentes de humilde condición.

Cuando estuvo a punto de morir, recibió la visita de eminentes personajes de la ciudad de Nápoles: «Mirad, decía, cómo me tratan, mientras que si  estuviera en mi casa, yo me habría muerto entre cuatro modestos campesinos!» Él sufrió pacientemente y entregó su alma a Dios el 12 del mes de agosto de 1694. Por él el cardenal arzobispo de Nápoles permitió enterrar en la iglesia ya a los misioneros, ya a sus convictos. Según el deseo del clero de la ciudad, se mandó hacer su retrato, pero la imagen más hermosa es la de sus virtudes que queaba grabada en el alma de los que le habían conocido. –Salvatore STELLA, la Congregación de la Misión en Italia, y Noticias manuscritas.

 

 

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