Querido/a joven:
Estoy maravillada de cómo Dios hace su obra a pesar de mis muchas limitaciones y pecados…. Pero humildemente te digo que también gozo de su infinita misericordia… todo ello me lleva a reflexionar y a comprometerme en mi conversión cada día, convencida de que es Él quien me conduce.
Quiero compartir contigo mi alegría de servir a Dios. Él me pidió atenderlo en los enfermos de Sida en fase terminal…
Aquí, en nuestro país, los enfermos de Sida sufren mucho la marginación y el desprecio, ¡hasta de su familia!… A veces por ignorancia o por miedo, nadie los quiere atender… allí me colocó el Señor, para llevarlos a Él y que ellos me lleven a Él.
El personal también ha respondido a la sensibilización que previamente realizamos. A través de una acogida muy fraterna el paciente se siente a gusto en nuestra sala… poco a poco el contacto diario ahonda una relación más cálida… Se trata de atender su cuerpo y, por él, ir al alma; es así que, gracias al Padre Capellán y a un sacerdote de Maryknoll podemos celebrar el Sacramento de la Reconciliación, la Unción de los Enfermos y Eucaristía cuando lo necesitan… varios han fallecido recién Bautizados.
Muchos enfermos que vienen, temerosos del desprecio o la marginación, encuentran consuelo y se recuperan pronto, porque el saberse amados y respetados en su dignidad les devuelve las ganas de vivir. Como dice San Vicente: «Si se recuperan: ayudarles a bien vivir y si están muy delicados: ayudarles a bien morir«.
Les contaré el caso de Freddy, un joven de 33 años… además de tener Sida, se había complicado con Tuberculosis Pulmonar. Aquel día eran aproximadamente las 2:20 p.m, y me avisaron que Freddy me llamaba; acudí a él y me preguntó: «¿Hermana voy a morir?, porque no puedo respirar«… Le contesté: «Tranquilo Freddy, voy a avisar al médico…no te preocupes«… Mientras tanto le pusimos oxigeno. El médico me explicó que Freddy tenía «los pulmones tan mal que ya no se podía hacer nada por él… El pulmón es como un globo que se va desinflando porque la tuberculosis lo va perforando y… ya no se puede volver a inflar. Su caso es muy grave«.
Por orden del médico le inyecté 2 ampollas de Dexametasona, para facilitar su respiración. Freddy me dice: «Y ¿a qué hora voy a respirar bien?… Hermana, dime ¿me voy a morir?«. En ese momento llegó su papá y su tía y, Freddy, angustiado, gritó fuertemente: «¡Me voy a morir!…»
Entonces, lo calmé y le dije: «Freddy, ¿Qué pasa?, no grites…» y me contestó: «Es que tengo miedo«…
Acariciando su cabeza le contesté: «Freddy, comprendo que tienes miedo, nadie sabe cuándo nos vamos a morir, sólo Dios lo sabe… aquí está tu papá, tu tía, yo, tú… ¿Quién sabe cuándo nos moriremos?… tranquilo Freddy… Veamos, supongamos que, más tarde, dentro de unos minutos tú te vas a morir, dime… ¿No le darías gracias a Dios por todo lo que te ha dado y te da hasta ahora, por tus padres, tus hermanos, tus amigos?… ¿No le pedirías a Dios perdón por tus faltas o tus errores o tus pecados?… Sabes, Freddy, que Dios es muy bueno, Él te ama y te escucha… te perdona cuando le pides perdón… no tengas miedo… Ahora, vamos a rezarle a la Virgencita, Ella nos quiere mucho, Ella es nuestra Madre, vamos a rezar: ‘Dios te salve María…’» y juntos rezamos…
Freddy se quedó tranquilo, mientras tanto fui en busca de un Rosario que di a su tía para que le entregase a Freddy y le acompañase en la oración. Al cabo de 3 minutos me llaman de nuevo… Freddy no podía respirar más… me acerqué a él, le llamé por su nombre, me miró, le sonreí y me extendió su mano… Le dije: «Tranquilo Freddy, Dios te ama, te perdona… recemos… me volvió a mirar y empezamos: Dios te salve María…» él también inició pero no pudo continuar… se iba muriendo dulcemente, no expresó ni angustia ni miedo… ¡Que hermosa muerte!
Para mí, queridos amigos, es Dios presente en el alma que se acoge a su misericordia y la presencia de María Santísima, consuelo de los afligidos que nos lleva a su Hijo… Este es uno de los momentos por los cuales le doy gracias a Dios por haberme llamado para continuar su obra y en los que digo con San Vicente: ¡Qué admirable vocación!.
Si tu sientes esta misma llamada… Jesús espera tu ¡SI!… ¡VAMOS, ANIMATE Y ENTREGALE TODA TU VIDA!
Libres para amar y servir a Dios en la persona de los Pobres… ahora y por todas partes…







