No hace mucho tiempo, en unas clases de inglés, tuve la oportunidad de estar sentado junto a una joven de Arabia Saudita, llevaba su habitual pañuelo cubriendo la cabeza, por respeto al resto de la clase se había quitado el velo que cubría su boca y nariz. Como exigían las metodologías interactivas del idioma, estuve conversando con ella en diversas ocasiones sobre distintos temas de la vida ordinaria de cada uno, tal como nos había marcado el profesor. Pronto me di cuenta que nunca había estado tan «cerca», de igual a igual, de una joven musulmana, practicante en su fe, originaria de uno de los países más radicales en la aplicación del Islam. El compartir de esos días significó para mí una apertura de mente, me descubrió que lo que yo pensaba no correspondía con la realidad. La vida de estas mujeres va mucho más allá del estereotipo que yo me había hecho de ellas. Era necesario «acercarse» para poder verlo.
TE LLAMO A TI… ¡SÍGUEME!
Al dar mi testimonio vocacional puedo decir algo parecido: las palabras que aquí van escritas sólo pretenden ser una invitación para que os acerquéis a ver la vida real de Hijas de la Caridad, Misioneros Paúles… y otros que están entregados por entero, de diferentes formas, viviendo el carisma vicenciano.
Yo podría decir que así fue mi propia llamada vocacional. Viví desde mi infancia cerca de los Paúles en la Parroquia Nuestra Señora de Monteolivete de Valencia, allí crecí en la fe, participando en diversos grupos y actividades de la parroquia; allí entré en confianza con los Padres Paúles y hermanos que por allí pasaban. Imagino que esa confianza fue la que llevó al P. Miguel García (fallecido hace ya algunos años) a invitarme a colaborar en una pre-misión popular, junto a un grupo de jóvenes de ambos sexos, que teníamos más o menos planteamientos vocacionales. En esta pre-misión no vi ya a los padres allí presentes como mis pastores, maestros o catequistas, sino como personas que se parecían a mí en muchas cosas, pero animados por un espíritu misionero y por un carisma vicenciano del que yo me sentía parte, y del cual he participado desde entonces hasta el día de hoy.
Entré al Seminario Mayor de la Provincia de Barcelona en 1985, sintiéndome apoyado en todo momento por mi familia. Me ordené sacerdote en 1991 y, solamente un mes después, fui destinado a la Misión de Honduras, donde he tratado de vivir este espíritu y ese carisma en diferentes lugares y de diferentes formas.
- Cinco años en la parroquia San José, en San Pedro Sula. Donde mi vocación se enriqueció especialmente al compartir la misión con los jóvenes misioneros permanentes de J.M.V.
- Pasé casi dos años en Barra del Patuka, Parroquia Santa Cruz, en La Moskitia; comenzando allí mi andadura con el pueblo miskito, al que me entregué por entero y del que recibí testimonios personales y valores comunitarios que me han ayudado a seguir adelante.
- Diez años en Puerto Lempira, Parroquia San José, en La Moskitia, con un intervalo de dos años estudiando misionología en São Paulo. Allí trabajé estrechamente con las Hijas de la Caridad; aprendiendo a valorar el trabajo realizado por mis antecesores durante décadas en esta área indígena; sabiendo que no era el primero en llegar, ni tampoco sería el último.
- Dos años en el Santuario de la Medalla Milagrosa en Tegucigalpa, reviviendo más de cerca la devoción a María, tan arraigada en nuestra espiritualidad.
Por último, desde el pasado 7 de Junio del 2010, asumiendo el reto de ser nombrado Visitador de Provincia de Barcelona. Desde esta experiencia, quiero decirles, todos aquellos que sientan una inquietud vocacional, no tengan miedo, «acérquense». Por mi parte puedo decir, que no fue fácil mi decisión, que ha sido más difícil todavía mantenerla estos años, pero que no puedo imaginar otra vida más intensa y más feliz que la que he vivido hasta el día de hoy siguiendo el llamado del Señor.







