«Es curioso cómo Dios va trazando los caminos que nos llevan hasta él, sólo debemos ser valientes para seguirlos». Esta es la experiencia que Silvia Fernández ha sentido en los últimos dos años, cuando sus pasos se cruzaron con las Hijas de la Caridad en Toledo. Hoy es postulante a esta congregación, una vocación que siempre sintió dentro y es ahora, a sus 28 años, cuando ha tomado forma.
-¿Por qué las Hijas de la Caridad?
-Fue una de esas casualidad, que sabes que no existen. En el verano de 2008 estuve buscando trabajo y, de todos los colegios donde presenté mi currículum, sólo me llamaron de uno de las Hijas de la Caridad. Necesitaban un maestro de educación especial, que es justamente lo que yo soy.
-¿Surge con ellas tu vocación?
-No, lo cierto es que ya me sentía llamada a trabajar al servicio de los más necesitados pero hasta el momento, no quería oír hablar de ser religiosa…, quería, como todo el mundo, conocer un chico y formar una familia. Poco a poco y trabajando en el colegio de las hermanas fui conociendo el carisma vicenciano y, al conocer a San Vicente y Santa Luisa, vi viendo que todo aquello cuadraba con lo que yo era y sentía. Algo así como un puzzle en el que las fichas fueron encajando.
-¿Cuál es tu reto ahora mismo?
-Por ahora, ser Hija de la caridad. Para mí es no perder la ilusión con que empiezo ahora mismo. Los diez meses que llevo en el postulantado puede parecer que este camino es sólo una novedad pero no quiero perder, a lo largo del tiempo, la ilusión de ahora. Es cierto que, ante la falta de vocaciones, vivo también el reto de ser la más joven de las comunidades. Esto es muy rico porque por un lado tengo un montón de cosas que aprender, en un sentido muy amplio, de las hermanas más mayores y también mucho que aportar porque tengo una visión más cercana de los tiempos y sobre todo de la gente joven.
-¿Cómo estás viviendo el Encuentro Internacional de Jóvenes Vicencianos?
-Es una oportunidad para sentirme respaldada por la gente más joven, ten en cuenta que en España somos solo tres postulantes. Ver que la gente tiene tanta sed de Dios, algo que se ve en la motivación para asistir este tipo de encuentros, y que tú con tu vida y tu experiencia puedes aportarles y compartir la misma alegría de tener una fe, eso es muy grande.
-¿Qué consejo das a los jóvenes vicencianos?
-Pues las mismas palabras que nos dijo Juan Pablo II; «no tengáis miedo». Así que mi propuesta para la gente es que no tengan miedo porque el estar aquí, el vivir esto, no quita nada y lo da todo. La gente tiene que ser valiente y atreverse a abrirse, a sentir a Dios, a buscarlo y escucharlo, y a servirlo.






