¿Qué tenemos que hacer?
Siempre que se presenta un modelo nuevo de vida, algo que entra en choque con lo que vivimos normalmente, brota la pregunta: “Bien, nos has expuesto algo muy interesante, pero dinos ¿Qué tenemos que hacer ahora?
Esa pregunta deja entrever, por un lado, el miedo que se tiene al cambio. Es que siempre se ha hecho así, ya estamos acostumbrados. Ahora vienes tú y nos derrumbas el esquema, y ¡A empezar de nuevo! Pero por otro lado lo nuevo tiene también su atractivo cuando quien lo propone expresa los beneficios obtenidos, como vivir alegre y lleno de esperanza: Oye, dime, para lograr eso que tú vives, ¿Por dónde empiezo o qué hago?
La gente de Israel ya se había acostumbrado a las prácticas disolutas de la soldadesca romana; se había acostumbrado a los asaltos económicos de los cobradores de impuestos; se había acostumbrado a olvidarse del Dios verdadero. Juan el Bautista se encarga de hablarles del cambio de vida. Les habla de que el “Esperado desde antiguo” está en medio de ellos. Hay que abrir caminos limpios, sin recovecos ni obstáculos. Vale la pena abrir caminos en el desierto, entre los montes y valles. ¿No ha suspirado nuestro pueblo por el Mesías durante siglos y siglos? ¡Pues ya está aquí!
Y venimos a nuestros días previos a la Navidad, metidos entre guerras de aquí y de allí, crisis económicas y crisis de valores, asaltos y muertes, fruto del querer vivir sin trabajar….y la gente que se ha olvidado de Dios. Nosotros no nos hemos olvidado de Él, vivimos la cercanía a Dios y queremos que todos descubran la verdad de Dios en la vida. ¿Qué tenemos que hacer para que el mundo crea en Jesús? ¿Qué modo de vida debemos adoptar para ser trasmisores idóneos de esperanza, amor y fe? Creo que todos debemos cambiar el modo de vida. Primero nosotros, si es que de verdad anhelamos sembrar modos de vida más humanos, más fraternos y más propios del Reino de Dios.
¿Sabes qué debemos poner en nuestra vida cristiana para ser más atractiva para quien no la conoce? Primero llenemos nuestra vida de alegría que nace de sabernos en las manos de Dios: “Estén siempre alegres en el Señor, se lo repito, estén alegres”. Necesitamos ser apóstoles de la alegría. En segundo lugar vivamos la cercanía con los más pobres. Es el indicador para saber qué es paja y qué grano en la vida de fe. “Que los conozca el mundo a ustedes por su bondad”.
Así, estamos enderezando los caminos del Señor para que invada nuestro corazón en esta Navidad. ¡Feliz Navidad, hermanos, Cristo ya está entre nosotros!







