Teodoro Chicano

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Hno. Teodoro Chicano

19-04-90

Pamplona

Anales 90, pág. 369

Ecija San Francisco 4Nació Teodoro Chicano Recuenco en Zarzuela (Cuenca) el día 1 de abril de 1909. Hace veinte días cumplía ochenta y un años. Sus padres fueron Félix, «el de la burreta de San Pablo de Cuenca» y Leandra. Ingresó en la Congregación el 22 de enero de 1930, precisamente el mismo día  en el que se inauguraba esta iglesia de La Milagrosa. Hizo los votos, consagrándose de por vida a la evangelización de los pobres el 3 de febrero de 1932.

Había estado destinado, al menos, en Londres y Tardajos, viniendo a Pamplona en 1943 cuando yo era apostólico de 3º.

La obediencia lo puso en la cocina y en la cocina estuvo hasta que se vio obligado a retirarse. Trabajó mucho, muchísimo. Cuando yo era apostólico, él con un ayudante muy mermado de facultades daba de comer a la comunidad de apostólicos y de Padres, entre todos más de un centenar. De tanto subir y bajar de la plancha aquellas ollas enormes quedó resentido de la columna vertebral para toda su vida.

Trabajaba silenciosamente, humildemente, fielmente. Su trabajar no llamó la atención del mundo y su nombre nunca salió en los periódicos de Pamplona hasta el día de hoy, en el que ha aparecido su esquela mortuoria.

Hombre de poco hablar, tenía frases llenas de sabiduría y buen humor que daban pie, casi siempre, a jocosos y agradables comentarios de la comunidad.

Rezaba mucho más de lo que hablaba. Rezaba mucho. Testigos son esos bancos, testigo es ese coro y testigo ese pequeño oratorio que tenemos aquí arriba. Fiel siempre a los actos de de piedad,  jamás omitió el Rosario, la visita al Santisimo, la reconciliación  semanal y la Eucaristía y comunión diarias.

Por muchos años levantó a la comunidad en las primeras horas de la mañana siendo siempre el primero en la capilla. Con su presencia invitaba a todos a reunirse parta la oración.

Tres cosas me han impresionado particularmente en Ia vida del Hno. Chicano:

1ª. Su plena dedicación a la cocina. Si ces cierto que «entre  los  pucheros anda Dios», según Santa teresa, el Hno. Chicano estuvo siempre muy bien acompañado y, si se me permite, Dios también tuvo muy buena compañía. La cocina no le dejaba tiempo para más y no le verán ustedes paseando por Pamplona si no era por rápidas escapadas a la herboristería, pues tenía fe ciega  en las  hierbas medicinales. Una vez al año, el día de San Fermín, se permitía ir al frontón Labrit a ver un partido de pelota.

2ª Desde su jubilación su amor por los  geranios y las rosas. Pienso que quien en su ancianidad estuvo tan enamorado de las flores, tenía que estar muy cerca de la belleza suprema que es Dios.

3ª  Su absoluta entrega al cuidado de un enfermo impedido, el Hno. Ángel Lezaun, hasta que ya no pudo más.

Las señoras que atienden a la cocina notarán su ausencia, acostumbradas como estaban a su presencia constante en la cocina y a su modo personal de hacer las cosas.

En la azotea los geranios también sentirán la falta de su cuidado y esmero. Allí, junto a ellos, tuvo la caída que le rompió la cadera el día antes de su santo.

Las Hermanas que lo cuidaron, Sor Presen, Sor Pilar y Sor Eugenia, también sentirán su falta.

Si el humor popular pinta a San Francisco de Asís paseando por el cielo en diálogo con el hermano lobo y sus animales favoritos, pienso que en un rincón del cielo el Hno. Chicano tendrá su pequeño jardín, ya que allí ya no se estilan ni pucheros que cuidar ni cacharros que fregar.

Al celebrar de paso la Pascua del Hno. Chicano junto con la Pascua del Señor, no podernos menos que entonar: ALELUYA.

FICHA PERSONAL

Nacimiento:          El 1-4-1909 en Zarzuela (Cuenca).

Vocación:             El 32-1-1930 en Hortaleza.

Votos:                             El 2-2-1932 en Tardajos (Burgos).

Fallecimiento:       El 19-4-1990 en Pamplona.

Destinos:

1932-1934 Tardajos.

1934-1940 Potters Bar

1940-1943 Limpias.

19-13-1990 Pamplona.

Francisco Amézqueta

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