Tener Fe en la Santa Iglesia Católica

Francisco Javier Fernández ChentoFormación CristianaLeave a Comment

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Author: Santiago Azcárate, C.M. · Year of first publication: 2013 · Source: Revista Ozanam, nº 1.619.
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iglesia29Leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica que «creer que la Iglesia es Santa y Católica, y que es Una y Apostólica es inseparable de la fe en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. En el Símbolo de los Apóstoles, hacemos profesión de creer que existe una Iglesia Santa (‘Credo… Ecclesiam’) y no de creer en la Iglesia para no confundir a Dios con sus obras y para atribuir claramente a la bondad de Dios todos los dones que ha puesto en su Iglesia».

Habitualmente no reparamos mucho en esa distinción, pero hay que subrayarla. Creer «en» sólo se hace cuando se refiere a Dios: Creo «en» Dios Padre… «en» Dios Hijo… «en» Dios Espíritu Santo. Pero la preposición desaparece en el texto latino, que se limita a decir «Credo Ecclesiam»; es decir, no «creo en la Iglesia», sino «creo que la Iglesia existe y que es una, santa, católica y apostólica». Como advierte González Carvajal, «la Iglesia, junto con la comunión de los santos, el perdón de los pecados (por el Bautismo), la resurrección de la carne y la vida eterna, pertenece, según el Credo, a la obra santificadora del Espíritu Santo».

De la Iglesia decimos que es «Una» porque tiene como origen y modelo la unidad de un solo Dios en la Trinidad de tres Personas. Porque tiene como Fundador y Cabeza a Jesucristo, que restablece la unidad de todos los pueblos en un solo cuerpo. Porque tiene como alma al Espíritu Santo, que une a todos los fieles en la comunión en Cristo. La Iglesia tiene una sola Fe, una sola vida sacramental, una única sucesión apostólica, una común esperanza y la misma caridad. Esta única Iglesia de Cristo, como sociedad organizada y constituida en el mundo, «subsiste» en la Iglesia Católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él.

La Iglesia es también «Santa» porque Dios es su autor; porque Cristo se ha entregado por ella para santificarla y hacerla santificante; porque el Espíritu Santo la vivifica con la caridad. Es santa así mismo porque lo son sus fieles, que gozan de la gracia del Espíritu Santo, aun cuando puedan degradarse por el pecado. En la Iglesia se encuentra la plenitud de los medios de salvación, y en ella somos llamados los fieles a la santidad.

La Iglesia es «Católica», es decir, universal, en cuanto en ella Cristo está presente. La Iglesia anuncia la totalidad y la integridad de la Fe; administra la plenitud de los medios de salvación; es enviada en misión a todos los pueblos.

Afirmamos finalmente que la Iglesia es «Apostólica» por su origen, ya que fue construida «sobre el fundamento de los Apóstoles» (Ef 2,20); por su enseñanza, que es la misma de los Apóstoles; por su estructura, en cuanto es instruida, santificada y gobernada hasta la vuelta de Cristo por los Apóstoles, gracias a sus sucesores, los obispos, en comunión con el sucesor de Pedro.

Sabedores, pues, de que la Iglesia pertenece a la obra santificadora del Espíritu Santo y confiando en la acción renovadora y vivificante de este mismo Espíritu, hemos de ser conscientes de que la revitalización de nuestra Iglesia Católica así como de sus parroquias y comunidades es tarea de todos. Esto exige de nosotros unas actitudes básicas: primero, conocer nuestras propias comunidades parroquiales y Conferencias; quiénes somos y donde estamos, cuáles son nuestros nombres y nuestras inquietudes, cómo andamos de nivel de fe, qué proyecto de Iglesia nos atrae; qué pasos vamos a dar para impulsar desde nuestra parroquia o Conferencia el testimonio de Cristo; cómo vamos a hacer significativa nuestra presencia en el barrio, en la ciudad o en la zona… ¡Conocer la propia comunidad!

Hemos de ser capaces después de descubrir desde la fe el verdadero misterio de la Iglesia. Ésta no es una asociación más con un número de miembros determinado, unos libros de administración, unas actividades a realizar… La Iglesia es una comunidad de fe. Dice, por lo tanto, relación con Dios, y el vínculo que se establece entre sus miembros es un vínculo en el Espíritu. Hay, pues, un componente de transcendencia y de misterio que la envuelve. Su presencia en el mundo es presencia sacramental de Cristo. Y toda esta realidad que no se ve es lo verdaderamente fundamental en la Iglesia.

Hemos de aceptar confiadamente a la Iglesia como lugar de salvación. Es en ella, a pesar de su imperfección y de su pecado, donde se sigue ofreciendo al hombre la salvación en Cristo. A lo mejor nos gustaría que Dios hubiera ideado otro instrumento de salvación más patente y más eficaz. Pero es éste de la Iglesia el que nos ha dejado. Con las limitaciones propias de nuestra limitación humana, con las contradicciones de nuestras incoherencias, pero también con la grandeza de esa confianza que Dios ha depositado en nosotros. Es cada parroquia y cada Conferencia oferta de la salvación en Cristo en un lugar concreto. Y conviene acoger confiadamente esta realidad para hacerla más eficaz al servicio de la fe y la caridad.

Hemos de desarrollar el sentido de pertenencia. ¡Con qué facilidad nos avergonzamos de la Iglesia y disimulamos nuestra condición de cristianos! De ahí que sea necesario profundizar en el sentido de pertenencia. Que nos demos cuenta de que, por el Bautismo, formamos parte de una comunidad que se remonta a la vida misma de Cristo y que ha de perdurar hasta el fin de los tiempos. Es verdad que hay pecado entre nosotros, pero es mucho mayor la gracia; hay mucha incoherencia, pero es mayor la fidelidad; hay mucho aprovechado, pero es más grande la caridad. Por eso, merece la pena formar parte de esta comunidad creyente.

Y hemos de comprometernos en las tareas y servicios necesarios para la vida y el crecimiento de la comunidad. Tareas y servicios en relación a la liturgia, a la catequesis, a la economía, a la organización… Pero, sobre todo, tareas y servicios en relación a la caridad, ya que como vicentinos ese es nuestro carisma peculiar y nuestra aportación específica a la Iglesia y a la sociedad

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