Stanislas Siedlecki (1676-1736)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

CREDITS
Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1903 · Source: Notices, IV.
Estimated Reading Time:

El 4 del mes de septiembre de 1736, en la casa de Saint-Adalbert, cerca de Dantzig, el Sr. Satanislas Siedlecki pasó de esta vida a otra mejor. Había nacido en Solec, diócesis de Cracovia el 10 de mayo de 1676, y había sido recibido en el seminario en Varsovia el 7 de mayo de 1692. Todos los misioneros que trabajaban en esta época en la provincia de Polonia fueron otros tantos testigos de las virtudes y de los méritos de este piadoso difunto. En todas las casas donde vivió, fue el consuelo de todos, por la prudencia de su dirección y por los ejemplos de la virtud más sólida, sobre todo en la casa de Varsovia donde, durante varios años, fue director del seminario interno. Él fue a quien se escogió para ser el primer superior de Vladislavie o Wloclawek, y luego para la dirección de las dos casas que había en Cracovia, y en todas fue una gran edificación.

Estaba lleno del espíritu de nuestro Instituto, sincero, abierto, humilde, sencillo, sin ambición, sin vanidad, dulce, afable con todos, extremadamente mortificado, y de algún modo austero en sí mismo, aunque, mientras fue superior y director, hubiera usado siempre de condescendencia para con los demás, acomodándose con una prudencia y una caridad maravillosas a las disposiciones y a las necesidades de cada uno.

El celo que ardía en él por la gloria de Dios y la salud de las almas, era verdadero y constante. Su vigilancia y su trabajo eran, por así decirlo, inmensos en las misiones, en los seminarios y en las funciones de las parroquias. Estaba preparado para todo, y se portaba con alegría y contento, sin quejarse nunca. Su estilo de vida era, para todos los que vivían con él, una regla viva; siempre ejemplar, siempre fiel en las menores cosas, como en las mayores, exacto y puntual a los ejercicios comunes, se encontraba el primero.

Religioso observador de su voto de pobreza, no retenía nada consigo y no disponía  de la menor cosa  sin el consentimiento expreso de sus superiores. Siempre unido a Dios y ocupado en él, evitaba con gran cuidado todas las visitas y todas las conversaciones con los seglares, principalmente con las personas del sexo, cuando no había necesidad. Ángel de paz, de unión y de caridad, tuvo siempre para con sus superiores todo el respeto y la obediencia que les debía, y estuvo siempre infinitamente alejado de esa pequeñas decisiones que instintos humanos, a los que la caridad y la religión deberían renunciar, excitan a veces entre espíritus unidos por los lazos de una vocación muy divina, y que no deben tener más que un corazón y una sola alma.

«En una palabra, decía el Sr Aumont, su visitador, era un hombre sencillo, temeroso de Dios, ocupado de su perfección y de su salvación, muy amante de una vida interior y espiritual, constantemente celoso por el bien público y por el de cada uno en particular».

«Con estos rasgos, decía el Sr Couty, debemos agradecer a este virtuoso difunto que nos ha edificado mucho en Paris, en la tercera asamblea general, tenida en 1730, a la que asistió en calidad de deputado de la provincia de Polonia». – Mémoires de la Congrégation de la Mission: Pologne, p. 208.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *