Sor Elena Studler (1891-1944)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Hijas de la Caridad5 Comments

CRÉDITOS
Autor: Sor Renée LELANDAIS · Fuente: Ecos 1995.
Tiempo de lectura estimado:
biografias_hijas_caridadMonseñor Charles Molette, presidente de los Archiveros de la Iglesia de Francia, acaba de publicar, en el mes de mayo de 1995, un libro que lleva por título Sacerdotes, religiosos y religio­sas en la resistencia al nazismo, 1940-19451. En el capítulo III de dicha obra presenta a personas consagradas y, entre algunas Hijas de la Caridad, a Sor Elena Studler. Nos ha parecido conve­niente recordar cuáles fueron sus actividades, en el momento en que todos los países que estaban en guerra en aquella época, acaban de festejar el cincuentenario del fin de las hostilidades.Sor Elena Studler nació en Amiens, en marzo de 1891. Su padre, natural de Selestat (Alsacia) se había refugiado allí para poder conservar su nacionalidad francesa después de la derrota de 1870. En junio de 1912 ingresó en la Compañía de las Hijas de la Caridad. A principios de la guerra de 1914-1918, y precisamente a causa de su nacionalidad, fue expulsada del Seminario de Belletanche, cerca de Metz, que, entonces, caía dentro de territorio alemán. En 1918 pudo regresar a la misma ciudad, al Asilo San Nicolás.• El 17 de junio de 1940, el espectáculo que ofrecía la ciudad de Metz era espantoso. Por todas partes, en las aceras de las calles, yacían los presos fran­ceses, agotados por el cansancio. Habiendo obtenido de la Kommandantur —autoridades alemanas— permiso para organizar los socorros necesarios, nues­tra Hermana recoge donativos y fondos considerables, que los habitantes de la ciudad llevaban al Asilo San Nicolás. Por espacio de una semana, los auxiliares de Sor Elena, con provisiones en cestas, en carritos o en recipientes diversos, fueron dando de comer y beber a los miles de presos, que, poco a poco, fueron evacuados a diferentes campos, en Alemania, y sustituidos por numerosas colum­nas de compañeros traídos del interior de Francia.Transcurrida una semana, se prohíbe proporcionar víveres a los convoyes. A Sor Elena se le retira, pues, la autorización con que contaba, pero pronto obtiene otra: la de llevar provisiones a los presos instalados en los campos de concentra­ción cercanos a Metz. Cuatro panaderos trabajan sin descanso y gratuitamente, cociendo panes de tres kilos. Poco después, amplía su acción hasta Sarrebrück, Stuttgart, Mannheim, Nuremberg, Karlsruhe, Wiesbaden. Estas correrías de Sor Elena desembocan pronto en salidas clandestinas de correo. ¿Cómo hubiera podido resistirse, también, a las peticiones de ayuda para evadirse?

El 5 de octubre de 1940, la Superiora del Asilo de San Nicolás, Sor Didion, transmite el texto de una circular solicitando ayuda económica urgente para los presos de la región. En su diario escribe:

«De acuerdo con Sor Gebsattel, Visitadora de Colonia, vamos a intentar una ges­tión con Cáritas Verland y la Cruz Roja de Sarrebrück, para ver la manera de conseguir enviar ropas a nuestros prisioneros… La Cruz Roja de Ginebra ha en­viado dos delegados para obtener que se les mejore la comida y que se les reparta también ropa interior… Sor Elena ha conseguido para el campo de Tréveris el reparto de setenta y ocho jerseys, cuarenta calzoncillos, cuatrocientas bufan­das, ciento cuarenta pares de calcetines y trescientos kilos de pan. Pero, ¿qué es todo esto para cuatro mil hombres? Se han hecho en París gestiones para socorrer estas necesidades. Dos camiones llegan de Nancy. Las Hermanas marchan en ellos para hacer las distribuciones en Stuttgart, Nuremberg, Mannheim… En el Asilo San Nicolás, se duplica el trabajo con la atención a los evacuados que no

han podido volver a sus casas, devastadas.

Ocho días más tarde, llegan mil novecientos presos civiles, desde el Norte: sacer­dotes detenidos en sus parroquias, jóvenes estudiantes de los Institutos, obreros de fábricas… personas que, sin poder volver a sus casas, han sido detenidas y traídas aquí. Nos debatimos con el trabajo… La llegada de dementes, sin sitio para recibirlos, dado su número; fallecimientos, entierros diarios de pobres evacuados, se añaden al trabajo ordinario. El servicio a los presos requeriría, sólo él, una atención activa y regular… Constantemente vamos a lo que más urge».

El diario de Sor Didion se detiene aquí; pero no así la actividad de las Her­manas. El Asilo aloja, además de su clientela habitual, a gran cantidad de fugiti­vos, que se detienen allí de paso y que, de puesto en puesto, irán llegando a la zona libre.

• Desde julio de 1940, Sor Elena se ve solicitada por dos oficiales franceses, presos en las cercanías de Metz, que están decididos a evadirse. Al aceptar prestarles su ayuda, se da bien cuenta de lo que supone su decisión, pero… ¿cómo negarse?…

Durante meses, va dos veces por semana a los grandes molinos de Nancy por cuenta de la Cruz Roja. Y hornadas enteras de presos se evaden, ocultas en su camión. Como sus protegidos se hacen cada vez más numerosos, encomienda una parte de ellos a sus amigos. Y así va formando su propia red de evasiones. ¿Cómo está constituida esa red? Con toda clase de buenas gentes, desde los más humildes a los más acomodados, muchachas jóvenes de la Cruz Roja, proceden­tes de la burguesía, obreros, comerciantes, empleados, agricultores. Entre ellos hay seglares y religiosos, todos ellos animados de un ardiente patriotismo y de gran generosidad. Toda una organización es necesaria para alcanzar las diferen­tes zonas de Francia, y en el espacio de un año, son muy numerosos los presos a los que la red de Sor Elena hace pasar a la zona libre.

Con motivo de una evasión frustrada, se abrió una encuesta y Sor Elena quedó encausada en febrero de 1941. Se la detuvo, juntamente con Sor Cecilia Thil, y tuvo que pasar por dieciocho interrogatorios en tres días. Después se la encerró en un calabozo de un barracón infecto. Ella exigió la asistencia de un médico y fue un lorenés el que se presentó y quien la hizo ingresar en el Hospital ‹<Bon Secours», de Metz.

Fue entonces juzgada por un tribunal establecido en Metz y condenada a un año de cárcel. Un médico alemán le salvó la vida: en el momento en que debían trasladarla a Sarrebrück, él alegó que estaba demasiado débil y la envió como convaleciente a su propia Comunidad: fue así como quedó liberada el 7 de julio de 1941. Sor Cecilia Thil lo había sido en junio de 1941.

Poco a poco, Sor Elena va remprendiendo sus actividades, pero ocultándose más. Fue en esta época cuando el sacerdote Maziers, futuro arzobispo de Bur­deos, logra evadirse, con su ayuda, juntamente con otros cuarenta y dos (¡!) compañeros, deslizándose por una alcantarilla. Entre los evadidos célebres de Sor Elena, se cuenta también un joven teniente llamado Francois Mitterrand. En total fueron más de dos mil los presos liberados.

Hacia fines del segundo trimestre de 1941, tres policías se presentan en el Asilo de San Nicolás y expresan el deseo de ver a Sor Elena. Ella misma es la que les abre la puerta, pero aquellos hombres no la conocían. Inmediatamente se da cuenta de que a lo que van es a detenerla. Así que les contesta que va a buscar a la Hermana y les hace pasar al recibidor. Inmediatamente sale del asilo vestida de seglar, después de haber avisado a la Hermana Sirviente. Unos momentos después, va ésta al recibidor a decir a los policías que no encuentran a Sor Elena, que no está en casa. Es posible que no se lo creyeran, pero, de todas formas, se marchan sin insistir.

A finales de agosto de 1942, Sor Elena, Sor Cecilia Thil y Sor Didion, la Supe­riora, tienen que marcharse de Metz y pueden llegar a la parte de territorio francés que es, entonces, zona libre.

Llegadas a Lyon, Sor Elena va destinada al Hospital de San José y se ocupa de los refugiados loreneses que van llegando a la ciudad. En Lyon es donde la esposa del General Giraud le pide que ayude a la evasión de su marido, que se encuentra en la fortaleza de Kónigstein. Se pone en contacto con un joven natural de Metz que la había ayudado mucho en los comienzos y que, como ella, había tenido que salir de la ciudad. Gracias a la inteligencia, al valor y hasta la audacia de aquel joven, la operación fue un verdadero éxito. Aquel hombre joven era el señor Roger Gueriach, fallecido en Anglet  Pirineos Atlánticos  en 1987.

• El 8 de noviembre de 1942, el ejército de ocupación franqueó la línea de demar­cación entre las dos zonas, ocupada y libre, y la policía prosiguió la búsqueda de Sor Elena.

Pensando que un jefe debe siempre saber dónde se encuentran sus tropas y, por lo tanto, que la Madre Decq, a la sazón Superiora General, tenía que saber el paradero de Sor Elena, dos alemanes, vestidos de paisanos, llegaron, en la mañana del 11 de febrero de 1943 a preguntar por Nuestra Madre. Y se la llevaron detenida a la cárcel de Sarrebrückó aquella misma tarde.

Nuestra Madre, suponiendo que aquello iba a ocurrir, no había querido asistir a la sesión del Consejo en que se iban a dar detalles del asunto’. Ella conocía las actividades de Sor Elena, pero ignoraba en absoluto el lugar donde se hallaba. ¿Quedaron convencidos los policías por su sinceridad? ¿Hubo otras intervencio­nes? No se sabe. Pero el 29 de marzo de 1943, dejaron en libertad a Nuestra Madre, abandonándola en Nancy. No hay que decir la alegría de las Hermanas de Nancy al ver llegar a Nuestra Madre. Esta alegría se transmitió a la Casa Madre, vía Vitry-le-Francois. ¡Cosas de la guerra! Nuestra Madre regresa a la Casa Madre al día siguiente, ya atardecido. Todas las Hermanas la reciben en dos filas, y ya      en la capilla iluminada, resuena un vibrante Magnificat.

 

El relato hecho por Nuestra Madre termina así: «Imposible describir mi emoción al encontrarme de nuevo en la capilla, al ver a todas las Hermanas, el Seminario, al escuchar el Magnificat… Todo lo he puesto en las manos de la Virgen Poderosa, todos los sufrimientos de estas semanas, todas sus consecuencias, convencida de que el Señor sabrá servirse de ello para lo mejor en favor de la Comunidad, en favor de Francia…»

Cuando Sor Elena tuvo conocimiento del arresto de Nuestra Madre, se sintió profundamente afectada, y se resintió su salud. En aquel momento se encontraba en Clermont-Ferrand, donde tuvo posibilidad de verse con el Padre Robert, Vicario General de la Congregación de la Misión. Este la disuadió de que se entregara en lugar de la Madre. El había hecho todo lo que estaba de su parte para liberarla, y sabía que no tardaría en llegar su liberación.

• Sor Elena falleció —de cáncer— a fines de noviembre de 1944. Pocos días antes de su muerte, el General Giraud acudió a imponerle la Cruz de Caballero de la Legión de Honor y la Cruz de guerra con palmas. La encomienda decía: «Ha sido uno de los elementos esenciales de la Resistencia y uno de los pilares de la causa francesa en Lorena. Con peligro de su vida, ha facilitado a más de dos mil soldados franceses y a numerosos loreneses perseguidos por la policía, el poder escapar de los calabozos alemanes.

Después de la guerra, el General Giraud organizó el traslado triunfal de sus restos a Metz, el 17 de junio de 1946. Todas las autoridades: religiosas, civiles y militares tomaron parte en dicho acto.

5 Comments on “Sor Elena Studler (1891-1944)”

  1. Me ha impresionado mucho la vida de esta valiente Hija de la Caridad.Solo el Amor puede hacer estos milagros.

  2. los vicentinos y las vicentinas son un regalo,mejor una gracia de Dios para la humanidad, en nuestra patria Colombia han hecho obras muy grandes. Solo Dios puede recompensarles plenamente.

  3. Deseria tener una imagen de sor helena.vi pelicula y impacto.les ruego si una imagen me la envien.gracias

  4. Una santa, de las que hoy hace falta conocer para entender el cristianismo en clave de liberación y servicio a todas y todos por el solo hecho de ser personas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *