Segundo domingo de Adviento (reflexión de Mario Yépez, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año CLeave a Comment

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Author: Mario Yépez, C.M. .
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Alegría esperanzadora

El libro de Baruc, lo hemos recibido en su versión griega y recoge el nombre del conocido secretario de Jeremías en aquellos momentos previos al destierro babilónico, aunque es probable que el escrito sea de tiempo muy posterior y de los últimos escritos del Antiguo Testamento. El mensaje profético de restauración es uno de los más impresionantes en esta pequeña obra. Si bien es cierto, puede tener el trasfondo de un mensaje de esperanza en tiempos difíciles como la experiencia del exilio, muestra una apertura escatológica muy elaborada, donde se acerca más a un tiempo de expectativa mesiánica que lo vincula justamente con la expresión tardía de este sentimiento en las comunidades judías, especialmente de la diáspora. Resaltan los imperativos que configuran la seguridad de lo que está viniendo para Israel y de lo que tiene que hacer Israel en su espera; en donde tampoco hay un marco de singularidad sino más bien de apertura de este mensaje de salvación para todos los pueblos. Dios está cambiando las realidades, pero espera que también Israel se disponga a ello; hay que nivelar el camino, lo alto tiene que sea rebajado y lo hundido tiene que ser elevado (resuena el mensaje de Juan el Bautista). Es un canto de alegría que acompaña a una tarea de reconstrucción universal, donde todos tienen su rol, Dios y el hombre. Esta la esperanza a la que estamos llamados a vivir.

Pablo expresa todo su afecto a la comunidad de Filipos y lo manifiesta en la expresividad de sus palabras en esta carta emotiva, exhortando a vivir acorde a la dignidad a la cual han sido llamados los cristianos: la santidad. Pablo se reconoce persuadido por Cristo e intenta persuadir también a los filipenses de lo que él ha experimentado en su vida para que así alcancen esa felicidad verdadera. Esto habla mucho del esmero y tesón misionero de Pablo y su afán de que todos sepan dar testimonio firme de su esperanza en Cristo.

Para Lucas, es importante subrayar que Dios traza su plan de salvación en la historia de la humanidad. Para ello, vinculó el nacimiento de Jesús con el acontecer histórico de su tiempo y nuevamente lo hace, esta vez, en el inicio de la misión del Salvador, para lo cual pone como la voz profética de este tiempo a Juan el Bautista, a quien también preparó con el relato prodigioso de su nacimiento. Juan, como antaño, recibe la palabra de Dios que le invita anunciar en el desierto un tiempo de preparación para la acción salvadora de Dios. Retoma el lenguaje profético de la expectativa mesiánica y ofrece a los contemporáneos de su tiempo un bautismo para la remisión de los pecados. Juan es por tanto, uno de los personajes del adviento, especialmente por esta disposición a la que nos invita.

También hoy, en el acontecer de la historia, en la sucesión de los poderes y hegemonías de los hombres, surgen los signos que debemos contemplar pues se experimenta una vez más la salvación de Dios. Hay muchos valles en nuestra vida que necesitan ser levantados; hay muchas montañas elevadas que necesitan ser abajadas; estamos en una «mundo» que lo hemos distorsionado con nuestras desavenencias y estamos impidiendo que Dios llegue a nosotros por camino recto y llano. Rectifiquemos pues desde la espera del adviento lo tortuoso de nuestra senda y hagamos un paso libre de todo obstáculo para que el Señor haga realidad su salvación. La nota característica de este domingo de adviento es la esperanza unida a la alegría. No perdamos de vista esto, pues es lo que hace realidad la vivencia cristiana de la esperanza. La alegría de aquel que siente que realmente la venida de Cristo es una Buena Noticia y por ello, es preciso que nuestra alegría sea contemplada por propios y extraños, como bien lo expresa el salmo en la alegría de los desterrados que manifiestan su alegría ante la salvación de Dios y hasta

los gentiles se sienten superados por ello. Hagamos realidad ese sentimiento: «El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres».

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