Era hermano carnal del P. Tobar Maurilio, y le llevaba diez años de edad.
Entró en la Congregación el 11 de junio de 1888 e hizo los santos votos el 13 de dicho mes en el año 1890.
Con residencia en la Casa Central, fue a las Misiones de la provincia de Madrid por espacio de doce años.
Estuvo en Valdemoro algún tiempo ah frente de la labranza.
Mas donde dejó fama de hombre probo, inteligente y bonachón, pero que sabía hacer trabajar a los demás, fue en Hortaleza. Ocho años llevó la dirección y el peso del negocio material en las posesiones que la Congregación tenía en aquel término, y que él aumentó y mejoró notablemente.
Ello sirvió para que indiscutiblemente se le señalara como el mejor candidato para Administrador de las Hijas de la Caridad. Y a fe que cumplió bien su cometido.
Cerca de treinta años vivió exclusivamente dedicado a mirar por la hacienda de los pobres, que almas generosas habían constituido donando viviendas, traspasando títulos, etc., para la fundación de los hospitales, asilos, casas de convalecencia, etcétera.
Y esto fue el señuelo, que atrajo hacia sí la codiciosa mirada de los marxistas.
Detenido el 15 de agosto de 1936, en la calle de Martín de los Heros, donde vivía en casa de un compoblano, en compañía del Hermano Jenaro Palacios, fue llevado al Real Noviciado de las Hijas de la Caridad, siendo el primero de los que allí concentrados, más tarde fueron, fusilados en el cementerio de Vallecas.
No les fue difícil a sus detentadores sonsacarle al pobre viejo de setenta y ocho años los secretos, que por otra parte no podían permanecer mucho tiempo siéndolo, ya que era tan hacedero a quienes todo se lo saltaban a la torera, averiguar dónde estaban los tan cacareados millones de las Hijas de la Caridad Españolas, por las mismas cuentas corrientes de los Bancos.
Grande era el pánico que le avasallaba desde el principio de la revolución. Su salud resquebrajada se desvencijó bien pronto. Mucho tuvo que sufrir hasta el día de su muerte.
Al tratar de hacer el traslado de su cadáver, su prócer estatura y recia complexión disiparon dudas fácilmente, a más que la nota judicial conservada en el libro de actas del Juzgado de Vallecas era inconfundible.
Para concluir esta breve nota necrológica, una sugerencia:
¡Qué bien diría su señera figura grabada en el lienzo por mágico pincel a lo Rembrandt, en las estancias del Real Noviciado de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl (el Santo tan extremado en agradecer pequeños favores) ! Ya merece, con auténtico retrato, perpetuarse el recuerdo de varón tan esclarecido, que al servicio de las buenas Hermanitas vivió dedicado, y cuyo nombre y apellidos llevan, a modo de INRI, el aditamento de Administrador y Apoderado de su Congregación, en la sentencia capital.







