Santa Luisa, catequista

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicenciana, Hijas de la CaridadLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Desconocido · Año publicación original: 1978 · Fuente: Ecos de la Compañía.
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Louise-019Como visitadora de las Caridades «reunía a las jóvenes del campo en casas particulares y les enseñaba los artículos de la fe y los deberes de la vida cristiana» (Gobillon, libro I, p. 35).

Una de sus preocupaciones desde que tuvo las primeras Hermanas era formarlas para ser catequistas. Desde 1633, al servicio de las Caridades: prevé que «cuando vuelvan las Hermanas de la Misa, tienen que leer un rato para que aprendan…». Lo mismo por la tarde «cuando vuelvan a casa, hacer que recuerden los principales puntos de sus creencias, en forma de catecismo breve y (leer) un poco del Santo Evangelio, para animarse a la práctica de las virtudes y al servicio del prójimo a imitación del Hijo de Dios» (Arch. 1633, número 325, pág. 138).

Las primeras Reglas dicen: «Meditará con frecuencia en la dicha que tiene de ser llamada por Dios para cooperar con El a la salvación de las niñas po­bres… Tendrá gran cuidado de instruirse en lo que debe enseñar, y en par­ticular en lo que se refiere a la fe y buenas costumbres… No comenzará su instrucción, ya sea sobre el catecismo, sea sobre las buenas costumbres sin haber antes invocado la asistencia del Espíritu Santo…» (Reglas particulares para la maestra de escuela, art. 1).

Ciertamente, había un tiempo previsto para esta instrucción religiosa, pero hay que pesar cada palabra para darse cuenta del gran amor a los más pobres que revelan.

«reglará, en cuanto sea posible, las horas de instrucción, excepto las que debe dedicar a las pobres niñas que tienen que mendigar el pan, o las de aquéllas que van a trabajar para ganarse la vida, a las cuales hay que preferir siempre y recibirlas cuando se presenten» (Reglas de la maestra de escuela).

La misma insistencia en las Reglas para las Hermanas de las aldeas: «cuidarán, además, de instruir a las niñas pobres, no sólo a las que vayan a su escuela, de cualquier edad que sean, y a cualquier hora que se presenten, particularmente las que mendigan el pan, aun cuando sea la hora de sus comidas si no pueden esperar…» (art. 3).

«Serán tanto o más cuidadosas de instruir a las que casi nunca pueden ir a la escuela, corno las pastoras, las vaqueras y otras que guardan animales, tomando a unas v a otras en los tiempos y lugares en que las encuentren, no sólo en las aldeas, sino también en los campos cuando vayan de camino…» (art 4).

Para ayudar a las primeras Hermanas, Santa Luisa compuso un pequeño catecismo con «preguntas y respuestas», tanto más precioso cuanto que es una verdadera innovación, ya que no existían manuales diocesanos o nacio­nales. El método podría chocarnos y algunos puntos pueden no estar de acuerdo con las prácticas actuales. Aun siendo así, ¿a qué Hija de la Caridad no le gustaría conocerlo?

CATECISMO

  • ¿Quién os ha creado y os ha puesto en el mundo? Dios para amarle, servirle y para darnos su paraíso.
  • ¿Cómo conocéis a Dios? Por la fe.
  • ¿Qué os enseña la fe? Un solo Dios en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
  • ¿Cuál de los tres es el mayor, el más inteligente? Son iguales en todo porque no es más que un solo Dios, aunque sean tres personas.
  • ¿Cuál de estas tres personas se hizo hombre y por qué? —El Hijo para rescatamos.
  • ¿Qué necesidad teníamos de ser rescatados? Nuestro primer padre Adán nos había condenado a todos comiendo del fruto que Dios le había prohibido.
  • ¿Qué es estar condenado? Es estar en el infierno.
  • ¿Qué es el infierno, y qué se hace allí?
  • Es un lugar donde jamás se ve a Dios, donde no se le puede amar y donde se sufre toda clase de tormentos.
  • ¿Se está mucho tiempo en el infierno? Eternamente.
  • La eternidad, ¿será unos cien años?
  • Es más de lo que se puede decir, porque no se sale jamás.
  • Decís que en el infierno no se puede amar a Dios, ¿se le puede amar en este mundo? Si queremos, sí.
  • Cuando le ofendemos, ¿le amarnos? No; y en esto somos peor que los condenados que querrían poderle amar.
  • ¿Qué hay que hacer para ir al paraíso? Hay que ser cristianos.
  • ¿Qué nos hace cristianos? El bautismo.
  • ¿Qué tiene que saber un cristiano y qué tiene que hacer para ir al paraíso? Hay que saber el misterio de la Santísima Trinidad, el de la Encarnación del Hijo de Dios y el misterio de la Santísima Eucaristía. Hay que saber el Padre Nuestro, el Credo, y los Mandamientos de Dios y de la Iglesia.—Reci­tadlo: Pater, Credo, Un solo Dios, etc.
  • ¿Basta con saber esto?
  • De ningún modo. Hay que saberlo y observarlo, cumplir todos los Man­damientos de Dios y de la Iglesia.
  • Quien no observe uno de los Mandamientos de Dios o de la Iglesia, ¿come­terá un pecado mortal? Sí.
  • ¿Cuál es la señal del cristiano? Es el signo de la Cruz.
  • ¿Cómo se hace? En el nombre del Padre, y del Hijo, etc.
  • ¿Y cómo también? En el nombre del Padre, y del Hijo, etc.
  • ¿Cuándo hay que hacerla? En toda ocasión, al comenzar todas nuestras acciones y cuando estamos en algún peligro de cuerpo o de alma.
  • ¿Por qué al comienzo de nuestras acciones? Para ofrecerlas y a fin de que le sean más agradables.
  • ¿Qué es el peligro de cuerpo y de alma? El peligro del cuerpo es todo lo que le puede hacer mal, y el peligro del alma es el pecado.
  • ¿El signo de la Cruz tiene poder para librarnos? Sí, porque el Hijo de Dios estuvo unido a ella.
  • ¿Cómo hay que hacerlo para que nos libre? Con fe y devoción.
  • ¿Qué es hacer el signo de la Cruz con fe V devoción? Es creer que nos librará y recordar lo que representa para nosotros.
  • ¿Qué es lo que representa para nosotros el signo de la Cruz? Un sólo Dios en tres personas y la Encarnación y la muerte del Hijo de Dios.
  • ¿Habéis oído decir que en otro tiempo algunas personas hayan sido libe­radas por el signo de la Cruz? Muchos milagros se han hecho y se hacen todos los días en virtud de ese signo. Santa Margarita, estando en prisión por la fe fue liberada por este medio de un dragón que la quería devorar. Por eso nosotros también debemos tener gran devoción a este signo.
  • ¿Qué hace un cristiano, aunque sea una niña, cuando hace este signo? Rinde a Dios el más grande honor que se le puede rendir, porque cuando hacernos la señal de la Cruz, mostramos un sólo Dios en tres personas que es la Santísima Trinidad; y la Encarnación del Hijo de Dios; y al declararnos cristianos, profesamos querer antes morir que renunciar a nuestra fe.
  • ¿Si vierais una hoguera preparada, os dejaríais quemar antes que negarla? Sí, mediante la Gracia de Dios.
  • Animaos mucho. He aquí que ya sois predicador y mártir con la voluntad. ¿Cómo debe vivir un cristiano? Como Nuestro Señor Jesucristo lo hizo sobre la tierra. Tenéis razón, ya que, si el nombre de cristiano viene de Cristo, hemos de imitarle en nuestra vida para seguirle después de la muerte.
  • Pero ¿quién es Jesucristo? Es la segunda persona de la Santísima Trinidad, el Hijo de Dios. ¿Y quién es su padre en tanto fue hombre?No tiene padre.
  • ¿Quién formó su cuerpo en el vientre de la Santísima Virgen? El Espíritu Santo.
  • ¿Era San José el marido de la Santísima Virgen? Sí, pero se le había dado para guiarla y siempre permaneció virgen.
  • ¿Qué seguridad tenemos de poder imitar (a Jesucristo) nosotros que no somos nada?
  • El mismo nos da esta seguridad diciendo: El que quiera venir en pos de Mí, que tome su cruz y que me siga.
  • ¿Qué quiere decir tomar la Cruz y seguir a Jesucristo? Practicar toda suerte de virtudes como lo hizo El estando en la tierra: era humilde, dulce, caritativo, paciente, sincero, pobre, y nunca hablaba mal del prójimo, ni hacía mal a nadie.
  • Dadme algún ejemplo. Su caridad era tan grande para los demás que un día que le presentaron una mujer de mala vida, escribió en la tierra para advertir a sus acusadores que pensasen en ellos mismos, no queriendo decir sus faltas delante de todo el mundo; y luego preguntando a la mujer dónde estaban sus acusadores, ella respondió: ya no hay ninguno. Él dijo: Tampoco yo te acuso.
  • ¿No hay que hablar nunca mal del prójimo, ni acusar las faltas de las compañeras? No.
  • ¿Por qué el llevar la Cruz es practicar toda suerte de virtudes? Es porque con frecuencia nos cuesta trabajo hacer el bien y toda pena es uno cruz.
  • Pater: Padre Nuestro. Saber y decir: ¿a quién hablamos cuando lo decimos:; Explicadlo un poco… A Dios a quien llamamos Padre.
  • ¿Cómo hay que hablarle? Con honor y respeto y amor.
  • ¿Cómo hay que orar? Hay que decirlo despacio, sin volver la cabeza a uno y otro lado, n. pensar en otra cosa que en Dios.
  • ¿Y Dios ve nuestros pensamientos? Sí.
  • ¿Dónde está para que los pueda ver? Está en todas partes.
  • ¿Cuándo le ofendemos, nos ve también? Sí, es verdad que nos ve.
  • ¿Y de qué manera hay que hablar a Dios como a Nuestro Padre? Con un gran amor, teniendo seguridad de que nos dará todo lo que le pedimos, como nos lo ha prometido. Es preciso que tengáis esta firme creencia. Ahora bien, para que sepáis mejor lo que pedís, voy a explicároslo. Cuando decís el Pater, es decir: Padre nuestro que estás en los cielos, por esta apelación declaráis que amáis más el Cielo que la Tierra, puesto que lo que es del Padre debe pertenecer; los hijos.
  • Santificado sea tu nombre: por esta petición testimoniáis desear la glo­ria de Dios y con ello os obligáis a no ofenderle nunca.
  • Venga a nosotros tu Reino: Esta segunda petición es un deseo que tenéis de ser enteramente de Dios y que El reine poderosamente en vosotras.
  • Hágase tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo. Por esta tercera petición reconocéis que es razonable que todo os suceda como Dios lo quiere; y puesto que lo deseáis, jamás hay que afligirse cuando nos llega alguna aflicción.
  • El pan nuestro de cada día dánosle hoy: Por esta cuarta petición reco­nocemos que todo cuanto tenemos nos viene de Dios; no sólo el pan que comemos y que le pedimos, sino todo lo que es necesario para el cuerpo.
  • Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos…Por esta quinta petición nos condenamos a nosotros mismos si tenemos alguna enemistad contra nuestro prójimo y no quisiéramos perdonarle cual­quier mal que nos hubiera hecho. De modo que si vos que os llamáis Juana dijeseis a María: dadme pan, y no os lo quisiese dar y que María fuese a decir a otra: dadme pan como yo se lo he dado a Juana; de ahí se seguiría que no lo obtendría puesto que ella tampoco lo había dado; hay otras que dicen: yo la perdono, pero no quiero verla; éstas están diciendo a Dios que las meta en el infierno donde no le verán jamás.
  • No nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal: por estas dos últimas peticiones reconocemos que no nos ocurre nada sin la permisión de Dios y que debemos dirigirnos a Él para que nos ayude en todas nuestras necesidades.
  • ¿Quién nos ha enseñado esta oración? Nuestro Señor cuando estaba en la tierra la enseñó a sus Apóstoles y nosotros la aprendimos de ellos.

La salutación angélica

  • Y el Ave María, ¿qué oración es? El Ave es la salutación del Angel cuando vino a saber de la Santa Virgen si quería ser Madre de Jesucristo, Hijo de Dios, y es una devoción que le es muy agradable.
  • ¿Entonces el Rosario es una hermosa oración? —Sí, con tal que lo digamos con devoción. Para ayudarnos a ello, pensad siempre en algún misterio del Rosario mientras rezáis la decena.

El Credo

  • Habéis dicho que hay que saber el Credo. Decidlo en latín y en francés. Credo in unum… Creo en Dios Padre… ¿Comprendéis lo que es el Credo? Es el símbolo de los Apóstoles en el que está contenido lo que debemos creer. Todas las veces que decís el Credo, hacéis una nueva profesión de fe y debéis estar en disposición de morir antes que dejar de creer lo que en él se dice ser verdad, y a fin de que tengáis más devoción os hace comprender por el primer artículo que profesáis la creencia en un Dios Todopoderoso y después de esto no debéis dudar de todos los milagros de que oís hablar, de todas las cosas que ocurren y que parecían imposibles, pero de las que no podéis dudar, puesto que Dios es Todopoderoso. El segundo artículo nos hace profesar la Divinidad de Nuestro Señor Jesu­cristo y que hay varias personas en Dios. El tercero nos enseña la concepción y nacimiento virginal de Nuestro Señor Jesucristo en el vientre de la Santísima Virgen. El cuarto nos hace creer que los tormentos, la muerte, la resurrección y la sepultura de Nuestro Señor han ocurrido verdaderamente. Por el quinto creemos que Nuestro (Señor), después de su muerte des­cendió a los limbos para sacar de ellos las almas de los que habían muerto en estado de gracia antes de su venida, para gozar de la gloria; y que el tercer día resucitó verdaderamente, a fin de hacernos comprender que Dios no deja al cuerpo sin recompensa después de haberle servido. El sexto hace que declaremos la igualdad del Hijo de Dios con su Padre, y que por su propio poder en tanto que Dios, subió al Cielo. El séptimo nos debía dar un poco de temor, puesto que declaramos que Nuestro Señor vendrá, con todo el poder de un Dios, a juzgarnos al fin del mundo y que será nuestro juez, porque después de habernos hecho tantas gracias, hemos sido tan malvados que le hemos ofendido. Por el octavo profesamos la creencia en la tercera persona de la Santí­sima Trinidad y cómo queremos vivir y morir en la creencia de todas las verdades que la Santa Iglesia Católica nos enseña; estando ésta regida por el Espíritu Santo, nos obliga esto a no replicar jamás ante ninguna de las cosas que ordene. Por la novena creemos en la inteligencia de los espíritus bienaventurados y que tanto las almas que gozan y están en el Paraíso que es la Iglesia triunfante de la gloria de Dios, como las que están en el Purgatorio, que es la Iglesia sufriente (purgante) y las de la Iglesia militante, que son los buenos cristianos, participan en las oraciones y méritos de una y otra. Por la décima creernos que la misericordia de Dios ha dado todo poder a los eclesiásticos para perdonar nuestros pecados, como lo hacen después de una buena confesión. Por el undécimo creemos que todos, tantos corno somos, resucitaremos para gozar en cuerpo y alma, de la recompensa de nuestras obras en el Cielo. o para ser castigados por ellas en los infiernos. Y por el duodécimo y último confesamos que viviremos eternamente; de tal modo que los que estén en el Paraíso jamás saldrán de él, ni tampoco los que estén en el infierno, lo que debe inspirarnos un gran deseo de hacer el bien.
  • Habéis dicho que hay que saber los Mandamientos de Dios para cumplir­los. Decidlos. Amarás a Dios sobre todas las cosas, etc.
  • Habláis de la Santa Comunión, ¿qué necesita saber un cristiano antes de comulgar la primera vez?
  • Habéis dicho que para ir al Paraíso hay que saber el misterio de la San­tísima Trinidad, el de la Encarnación y el de la Eucaristía; decidlos uno tras otro. El misterio de la Santísima Trinidad, es un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo (explicación). El misterio de la Encarnación es la segunda persona de la Santísima Trinidad que tomó carne humana en el vientre de la Santísima Virgen (ex­plicación).
  • ¿Cuándo? El día de la Anunciación, que es el 25 de marzo.
  • ¿Y el tercero? Es el Santísimo Sacramento del Altar.

Eucaristía

  • ¿Qué hay en el Santísimo Sacramento del Altar? El Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor.
  • ¿Es el mismo cuerpo que clavaron en la Cruz? Sí.
  • ¿Cómo es que no le vemos ni le oímos? Es que es un cuerpo resucitado glorioso.
  • ¿Cuándo está en la Santa Hostia el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor? Cuando el sacerdote ha pronunciado las palabras sacramentales, que es un poco antes de la elevación de la Santa Hostia.
  • ¿Qué pasa entonces? Un cambio de sustancia del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor.
  • Si el sacerdote pronuncia una sola vez las palabras sacramentales sobre una gran cantidad de hostias, ¿estará en todas el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor? Sí.
  • ¿Está en ellas mucho tiempo? Hasta que las especies sean consumidas.
  • ¿Y cuándo son consumidas? Cuando se reciben.
  • Si cuando comulgáis el sacerdote os diese varias hostias, ¿habríais comul­gado varias veces? No.
  • ¿Tendríamos que advertirlo? No.
  • ¿Si no os diesen más que una parte, habríais recibido a Nuestro Señor enteramente? Sí.
  • Cuando el sacerdote rompe la lograda Hostia en la Santa Misa, ¿bajo qué parte permanece el Cuerpo de Nuestro Señor? En las tres.
  • ¿Qué es lo que el sacerdote bebe en el cáliz la primera vez? Es la Sangre de Nuestro Señor.
  • ¿Por qué la Sangre de Nuestro Señor está separada de su Cuerpo en la Santa Misa? Porque nos representa su muerte y su pasión.
  • ¿Y qué se nos da en la taza después de la Comunión? Vino para enjuagarnos la boca.
  • ¿Entonces no recibimos la Sangre de Nuestro Señor? Sí, porque un cuerpo resucitado no puede estar sin su sangre.
  • ¿Cuánto tiempo hay que estar sin beber ni comer antes de comulgar? —No hay que haber comido desde la media noche.
  • ¿No hay en el Santísimo Sacramento del Altar más que la segunda persona de la Santísima Trinidad?
  • La segunda persona está allí en cuerpo y alma, y el Padre y el Espíritu Santo están allí por concomitancia, ya que las tres personas no son sino un solo Dios.
  • ¿Qué preparación se necesita siempre antes de comulgar? Hay que desear comulgar y hacer una buena confesión.

Confesión

  • ¿Cómo hay que hacerla? Primero hay que pedir la gracia del Espíritu Santo para conocer nues­tras faltas; luego pensar si no hemos retenido nada en nuestra última con­fesión, ni olvidado nada; si hemos cumplido la penitencia, y luego examinarse de todos los pecados que se han cometido después, de pensamiento, palabras y obras, tanto contra Dios como contra el prójimo.
  • ¿Cómo hacer para conocer más fácilmente nuestros pecados?
  • Hay que mirar lo que se ha hecho contra los Mandamientos de Dios, de la Iglesia, y también examinarse sobre los pecados mortales (capitales).
  • Después de haber reconocido los pecados, ¿qué hay que hacer? Hay que estar pesaroso de haber ofendido a Dios.
  • ¿En qué consiste el dolor de haber ofendido a Dios? En la voluntad que debe decir: quisiera no haber ofendido a Dios. ¿Qué hay que hacer para excitarnos al dolor de haber ofendido a Dios?
  • Hay que considerar las gracias que nos ha hecho, su bondad, y nuestra miseria que merece el infierno.
  • ¿Qué hay que hacer después?
  • Resolverse a no ofenderle más mediante su gracia, y confesarse de todos sus pecados.
  • ¿Cómo hay que confesar los pecados? Sencilla y humildemente.
  • ¿Qué hay qué decir?
  • No hay que excusarse en modo alguno, ni decir en confesión las faltas de los demás, hay que decir sus propios pecados con una gran humildad y confusión.
  • Cuando hemos dicho todos nuestros pecados, ¿tenemos ya el perdón? Hay que esperar con gran devoción la absolución que el Padre nos da cuando dice: Ego te absolvo… y pensar que entonces el mérito de la sangre de Jesucristo limpia nuestras almas de todos nuestros pecados. Y es bueno pensar que estamos al pie de la Cruz.
  • Si retenemos algún pecado o, por olvido, no nos acusamos de todo lo que hemos hecho, ¿no estaremos en peligro? Si lo retenemos por malicia, sería un sacrilegio y no obtendríamos el perdón de los demás; pero si era por olvido la confesión no dejaría de ser buena con tal que hayamos examinado nuestra conciencia cuidadosamente.
  • ¿Puede uno cometer un pecado mortal con el pensamiento solo, y cómo? Cuando con propósito deliberado nos detenemos en un pensamiento de cosa que es pecado mortal, con voluntad de hacerlo.
  • ¿Qué hay que hacer después de la confesión? Agradecer a Dios la gracia que nos ha hecho de perdonamos nuestros pecados y prometerle enmendarnos, y hacer penitencia.
  • ¿Para qué nos sirve nuestra penitencia? Es que además de la culpa de nuestros pecados que se borra en el Sa­cramento de la confesión, estamos obligados a la pena que merecen, que hay que sufrir en este mundo por las aflicciones o en el otro, en el fuego del Purgatorio, o bien borrarla por las indulgencias y las penitencias que nuestros confesores nos ordenan.
  • ¿Cuántos pecados mortales hay? Hay siete, y el que comete uno merece el infierno.
  • Decidlos. -Orgullo, envidia, etc.
  • Quien comete un pecado mortal está condenado, ¿no hay remedio para ello? —Sí: es la penitencia que es el sacramento de la Confesión.
  • ¿Estamos ya seguros con hacer penitencia después del pecado?
  • De ninguna manera; no sabemos si Dios nos dará tiempo, ni voluntad, como le pasó a Judas y al rico malvado que murieron sin penitencia.
  • ¿Qué hay que hacer entonces? Lo más seguro es no ofender a Dios mortalmente, o, tan pronto como nos demos cuenta, pedir perdón a Dios y confesarse lo más pronto posible.

Sacramentos

  • ¿Cuántos Sacramentos hay en la Iglesia? Decidlos. Hay siete: Bautismo, Confirmación, etc.
  • ¿Qué es el Bautismo? Es un sacramento que nos hace hijos de Dios y de la Iglesia y que borra el pecado original; y sin el Bautismo no entraríamos jamás en el Paraíso.
  • ¿Qué han prometido nuestros padrinos y madrinas por nosotros en el Bau­tismo? ¿Estamos obligados a hacerlo? Prometieron que viviríamos y moriríamos como cristianos, y renunciaron al mundo, al demonio y a la carne.
  • ¿Qué es haber renunciado al demonio? Es que no queremos escuchar sus tentaciones y hacer aquello de que nos quiere persuadir; prometemos también no escuchar al mundo, ni seguir sus máximas y vanidades, y no dar a nuestro cuerpo todos los placeres que pide cuando ofenden a Dios, y estamos obligados a cumplir estas cosas.
  • ¿Qué es el Sacramento de Confirmación? Por este Sacramento somos fortificados en nuestra fe, y renovamos la promesa hecha en nuestro nombre en el Bautismo.
  • ¿Y el Sacramento de Penitencia? Es la Confesión que nos devuelve la gracia de Dios cuando la hemos perdido por el pecado.
  • ¿Y la Eucaristía? Es el Santísimo Sacramento del Altar. El Sacramento del Orden hace los sacerdotes. El Sacramento del Matrimonio puebla el Cielo, por eso hay que honrarle grandemente y recibirle con devoción. Y el Sacramento de la Extrema-Unción nos fortifica contra las tentacio­nes del demonio que trata, a la hora de la muerte, de hacernos ofender a Dios a fin de que nos condenemos como él. Nos ayuda a recobrar la salud cuando a Dios le place que no muramos. Por eso, en salud, hay que tener un gran deseo de recibirle cuando lo necesitemos, como también los Sacramentos de Penitencia y Eucaristía.

Ejercicios del día

  • ¿Qué debe hacer un cristiano durante la jornada? Hay que hacer la señal de la Cruz en cuanto se despierta y, ya fuera del lecho, ponerse de rodillas, adorar a Dios, darle gracias por todas sus gracias, darse a Él en todas nuestras acciones y pedirle la gracia de pasar la jornada sin ofenderle. Luego rezar el Pater, Ave, Sancta, Credo y los Mandamientos. Después oír la Santa Misa, quien pueda, y muy devotamente, antes y después de la comida, decir benedicite y gracias; de vez en cuando, estando trabajando, pensar en Dios y decir: ¡Dios me ve!
  • ¿De qué sirve decir «Dios me ve»? Que si tenemos deseos de hacer algún mal, esto nos retendría. Por la noche, antes de acostarse, hay que hacer el examen de conciencia, y después de haber pedido perdón a Dios, hay que repetir cinco veces, a modo de peni­tencia, ¡Jesús! en honor de las cinco llagas de Nuestro Señor.
  • ¿Por qué queréis tener una devoción especial a las cinco llagas de Nuestro Señor? Porque por esas cinco llagas ha derramado más abundantemente su sangre para limpiar nuestros pecados.
  • ¿Dónde están esas cinco llagas? En los dos pies, las dos manos y el costado.
  • ¿Están allí ahora que está resucitado? Estarán allí eternamente, pero gloriosas.
  • ¿De qué nos sirve hacer el examen de conciencia todas las noches? Esto nos pone en gracia y nos ayuda a recordar todos nuestros pecados cuando nos queremos confesar, y nos serviría de confesión si muriéramos mientras dormíamos.
  • Después del examen de conciencia, ¿qué hay que hacer? Hay que decir el Pater, el Credo y los Mandamientos, desnudarse modes­tamente, hacer la señal de la Cruz al meterse en el lecho, y dormirse con algún buen pensamiento.
  • ¿Qué hay que hacer al entrar en la iglesia? Hay que ponerse de rodillas cuanto antes y adorar a Dios, dirigiendo el pensamiento al Santísimo Sacramento y estar allí siempre con un gran respeto.
  • ¿Cómo hay que oír la Santa Misa? Hay que prepararse desde que el sacerdote se reviste y pensar que la ropa blanca que se pone representa la que Herodes hizo poner a Nuestro Señor, mofándose de Él y llamándole loco. El cíngulo y la estola representan las cuerdas con que le ataron; la casu­lla representa la Cruz que llevó sobre sus hombros camino del suplicio. Al comenzar la Misa, junto al sacerdote, hay que pedir perdón a Dios de todos los pecados, diciendo el Confiteor, y pensar hasta el Evangelio en lo que hizo Nuestro Señor hasta la edad de treinta años. En el Evangelio, hasta que se eleva la Santa Hostia, pensar en las predicaciones y milagros de Nuestro Señor. En la elevación de la Santa Hostia, ofrecerse toda a Dios en unión de su Hijo y acordarse que fue elevado en la Cruz donde murió por nuestros pecados; y hasta la Comunión del sacerdote ir en espíritu a adorar a Cristo presente sobre el altar, pensando que todos los Ángeles y todos los santos le adoran también. Hay que comulgar espiritualmente con el sacerdote por un gran deseo de estar unido a este Santísimo Sacramento. -Después de la Comunión hasta el fin de la Misa hay que dar gracias a Dios por el amor que nos ha mostrado al instituir el Santísimo Sacramento, rogarle por la Iglesia y principalmente por los sacerdotes, a fin de que lle­vando todos una vida santa, sea Dios más honrado; hay que rogar también por todo el mundo, y recibir la bendición del sacerdote, como si fuese Dios mismo quien nos la diera.

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