GIRO DECISIVO
Se da un giro decisivo. El Señor Vicente no lo ha visto, ni con mayor razón, lo ha previsto. Simplemente, se ha mantenido en la amistad de los acontecimientos a los que Dios lleva de la mano. Ahora está asociado a la tarea primordial de la reforma católica. Colabora con el cardenal de la Rochefoucauld, que ya le ha dado confianza al remitirle la suerte de los Iluminados de Picardía (septiembre de 1630). El porvenir de los pobres está asegurado. De ahora en adelante, y pese a su circunspección campesina, Vicente avanza a grandes zancadas.
Adereza, este año de 1633, un reglamento de asociación sacerdotal que agrupará muy pronto a la élite del clero parisino. Este s reúne en San Lázaro todos los martes para orar, trabajar, reflexionar, edificarse. En 1660, la «Conferencia de los Martes de París contará 250 nombres. Entre ellos, 22 habrán sido o será llamados al episcopado. Godeau, los Fouquet, F. Vialart, Perrc chel, Pavillon, J.-B. Bossuet, se honrarán de haber sido discípulos del que hablaba como un «oráculo de Dios». También ella esta compañía de los Martes, dará misiones. Vicente la utilizar por doquier: en 1633, en el Hospital de los Quinze-Vingts, e 1638, en Saint-Germain-en-Laye, para dar una misión a la Corte, en 1657 en el Hospital General de los pobres, en 1657 también en Metz, al objeto de una misión general solicitada por Ana de Austria.
DESARROLLO DE LAS CARIDADES
En estos mismos años, 1617-1633, las caridades conocen también a su vez una milagrosa primavera. Pacientemente, durante 16 años, Vicente observa a las personas, estudia los mecanismo experimenta las fórmulas.
A la salida de Chátillon, no tenía más que una idea: predicar la misión en todas las parroquias de la Señora de Gondi y erigir, al clausurar la misión, una caridad que adoptara el reglamento de Chátillon. Eso hizo en Villepreux, Joigny, Montmirail. como nadie tiene derecho a la ociosidad, Vicente invitó asimismo a los hombres a reunirse en caridades. La experiencia, al igual que la de las caridades mixtas, no dio buenos resultados. Vicente no se obstinó y se entregó a perfeccionar las caridades femeninas.
Notó muy pronto que las «Caridades» no podían restringirse a la asistencia de pobres enfermos. Tuvo que ocuparse, en Mácon de organizar a los mendigos (1621). En París, la visita a los presos, a los galeotes, llegó pronto a ser la preocupación de ciertas caridades. Hacía falta, pues, que la organización y la fórmula de las caridades permaneciera abierta. Hubo, posteriormente, caridades para los pequeños hogares indigentes, caridades para los siniestrados del hambre y de la guerra. En 1640, las caridades de Lorena se convirtieron en centros de socorro, depósitos de víveres, refugio para las mujeres y las religiosas expuestas a la soldadesca. No os escogéis a un pobre, él es quien os escoge.
Pero en todas partes, en París, como en Mácon, el tiempo reveló que las caridades se entibiarían y serían ineficaces, si rápidamente no se ponía remedio a dos flaquezas: la ausencia de control y la ausencia de mano de obra. Los impulsos del corazón y la buena voluntad de las señoras no bastaban a necesidades muy materiales tales como los cuidados a los enfermos, las limpiezas, etcétera. Y sin embargo, hay que amar al prójimo como a Dios, con la fuerza de los brazos y con el sudor del rostro. Algunas damas de la caridad delegaron a sus sirvientas. Esta dedicación asalariada y ocasional no podía bastar: hacía falta un corazón, un alma, una fidelidad sin condiciones y sin ruptura.
LUISA DE MARILLAC (1591-1660)
La que debía, en compañía del Señor Vicente, realizar esta pequeña creación, la Señorita Legras, por nacimiento Luisa Marillac, no parecía en absoluto preparada para esta gran obra. Había entrado como una sombra en la vida de Vicente en el transcurso del año 1624. Esta mujercita —1,49 m. de talla— nerviosa e impresionable, era por su padre, Luis, de la ilustre familia de los Marillac. Nacida en 1591, en Ferriéres-en-Brie, nunca había conocido a su madre, y perdió a su padre cuando no tenía más que trece años. Su confesor, el Padre Honorato de Champigny, habíala disuadido, aun siendo él capuchino, de hacerse capuchina. Luisa había casado entonces con el Señor Antonio Legras, y había tenido un hijo, aquel pequeño Miguel que nunca cesó de inquietarla. Todos sus directores de conciencia, J.-P. Camus, Miguel de Marillac, Mons. de Ginebra, habíanle aconsejado ser sencilla, alegrarse, dominarse… y el Señor Vicente al que, pese a algunas repugnancias, se abrió, poco tiempo después de la muerte del Señor Legras, no le había dado otros consejos.
FORMACIÓN DE LA PRIMERA HIJA DE LA CARIDAD
Dudando de sus propios dones, el Padre Vicente no había tomado sino mal de su grado la responsabilidad de esta alma atormentada que se complicaba la conciencia. Muy pronto discirnió las secretas riquezas de las que los pobres podrían beneficiarse. Místicamente, Luisa de Marillac tomaba así el relevo de la Señora de Gondi. En muchos rasgos, recordaba al Señor Vicente a su ilustre antecesora. Escuchaba con el mismo fervor los consejos del Señor Vicente que la rogaba estuviese alegre, amase a Dios desconfiando de sí misma, se renunciase desdeñando sus imaginaciones y sus impresiones. Estad alegre, honrad la inacción y el estado desconocido del Hijo de Dios, aceptad los acontecimientos que os contrarían, adorada la Providencia, seguidla, no os adelantéis a ella… Nuestro Señor es una comunión continua en los que están unidos a su querer y no querer… Este cuidado del alma proseguido en un clima de suavidad salesiana conjugaba sabiamente las exigencias de la unión a la voluntad divina según Benito de Canfield y las perspectivas agustinianas caras al Padre de Bérulle. Los resultados fueron con toda sencillez maravillosos. En 1629, el Señor Vicente tenía formada en Luisa de Mari-llac, a la primera Hija de la Caridad. La lanzó a una gira de inspección. Guiada con firmeza, Luisa de Marillac supo ver, estimular, orientar, dar cuenta, sugerir. Comprobando con el Señor Vicente que las Damas no podrían verdaderamente asegurar un servicio regular y ejecutar para con los demás acciones que consigo mismas no ejecutaban, reunió Luisa de Marillac a algunas buenas chicas del campo, deseosas a la vez de servir a los pobres y de ser de Dios.
LAS HIJAS DE LA CARIDAD
En aquella casita del Faubourg Saint-Victor (el actual 21 de la rue Monge), aquel 29 de noviembre de 1633, nacía la Compañía de las Hijas de la Caridad, servidoras de los pobres enfermos. Religiosas sin uniforme, irían sin velo, no tendrían votos solemnes. Alternando las perspectivas religiosas con las de las servidoras misioneras, en un tono mitad grave mitad sonriente, el Señor Vicente glosaba: tendrán por monasterio las casas de los enfermos y aquella en que está la superiora. Por celda, un cuarto de renta. Por capilla, la iglesia parroquial. Por claustro, las calles de la ciudad. Por clausura, la obediencia. Por verja, el temor de Dios. Por velo, la santa modestia. Por profesión, la confianza continua en la Providencia, el ofrecimiento de todo lo que son. Con objeto de asegurar la permanencia junto a los desgraciados a quienes nunca abandona la miseria, serían las profesas de Jesús viviendo sin cesar entre los pobres.
Este desdoblamiento de las funciones y de los servicios permitía a las Damas mantener sus socorros y su presencia. Las caridades cobraron un nuevo auge. Al adoptar París la fórmula, la mayoría de las parroquias parisinas tuvieron su cofradía. Se asoció a las familias burguesas al trabajo y a la vida de las pobres servidoras. Se daba permanentemente ocasión a comprenderse, ayudarse, a fraternizar haciendo el bien. La atmósfera de las caridades era un milagro mayor que los donativos acumulados.
Una actividad nacional – (1633-1643)
Las funciones religiosas del Señor Vicente comienzan a alzarse. Su diversidad y su grandeza cautivan la atención. Crece la tentación de separar al Señor Vicente del ambiente político y religioso que da a sus empresas su originalidad y su significación profunda. Y, sin embargo, es de su tiempo, participa en la voluntad de orden y de organización que se afirma en todo su alrededor. Amenazado sin pausa, Richelieu sigue en el poder e instala progresivamente las estructuras sociales y económicas que transformarán al país. Se funda la Academia Francesa. Descartes escribe el Discurso del Método (1637), Corneille representa El Cid, Horacio, Cinna, Polyeucto (de 1637 a 1641). En el Salón Azul, la Marquesa de Rambouillet reina en estos años de 1628-1645 en toda su gloria y su influjo alcanza también a los medios religiosos y caritativos. En este París que no está compartimentado, Vicente circula y se comporta. Como Richelieu, pero en otro dominio y según un estilo diferente, gobierna y organiza. Con igualdad de ánimo —«el Señor Vicente es siempre el Señor Vicente», comienza a decirse— trabaja principalmente en cuatro focos de caridad: la Misión, las Hijas de la Caridad, las Damas de la Caridad, las religiosas de la Visitación.
LA MISIÓN
La misión se desarrolla y su fundador le da un rostro. La ve diferente del Oratorio, más extensa que la Comunidad de San Nicolás, de diferente espíritu que la Comunidad del Santísimo Sacramento. Reconoce que el Señor J.-J. Olier tiene una vocación particular y él mismo se aleja suavemente de Port-Royal.
Entre 1635 y 1643 pone manos a la obra para forjar las estructuras de la Misión. Aconseja con insistencia a los misioneros emitan votos que les estabilicen en el servicio de los pobres. Obtiene aquella disposición del 19 de octubre de 1641, la cual, al tiempo que reconoce los votos simples de los misioneros, mantiene sin embargo a éstos entre el clero secular. La conducta moral de la comunidad se precisa en el transcurso de los retiros de 1632-1635. El Señor Portail conservaría preciosamente la gran carta del 1.0 de mayo de 1635, que recuerda las bases religiosas y místicas del apostolado; y santa Juana de Chantal recibirá en julio de 1639 una pequeña descripción de la actividad y del espíritu de la compañía naciente.
LAS HIJAS DE LA CARIDAD
Las características de las Hijas de la Caridad debían definirse todavía más rápidamente. Vicente les daba todos los meses una conferencia y aunque sólo 12 de las pláticas de este período hayan llegado hasta nosotros, nos permiten situar exactamente el esfuerzo de las servidoras de los pobres. Hay que amar, servir, honrar la vida humana del Hijo de Dios, y para eso, orar, vivir en la caridad, mortificarse. En la conferencia que da el 25 de enero de 1643 sobre las virtudes de las verdaderas campesinas, Vicente rellena, prolonga, ilustra estas directivas fundamentales (IX, 79-94).
Pero hay que dar también cobijo a las servidoras de los pobres. Tuvieron primeramente un punto de apoyo en casa de la Señorita, rue de Versailles (el actual 21 de la rue Monge). Vicente les procuró una casa en La Chapelle y en 1637-1641, las instala en San Lorenzo, al lado mismo de San Lázaro.
En el fondo de su alma, se relevan una a otra dos preocupaciones: impedir que la nueva agrupación se convierta en una «religión» (eso sería llevar la «Caridad» a la «Extrema Unción»), de otro lado mantener y avivar el ideal que las había reunido para dedicarlas a Dios y a los pobres. El mejor medio era dejarlas bajo la autoridad del superior que las había reclutado. Los reglamentos de 1633, 1634, 1636 no hablan de ello aun muy explícitamente pero lo pensaba suficientemente Santa Luisa de Marillac.
Entre 1638 y 1643, se abrieron a los pobres 9 casas de Hijas de la Caridad, una de ellas en Richelieu.
LAS DAMAS DE LA CARIDAD
Más complejas y diversas, las Caridades de provincias y de París exigían al Señor Vicente todos sus recursos de tacto y diplomacia. Tuvo un éxito perfecto y pronto pudo tomarse con modelo la Cofradía del Hótel-Dieu erigida en 1634 y presidio durante cinco años por la Señora Goussault. Esta agrupó rápidamente a 120 y hasta 200 Damas de la Caridad que se ocuparon metódicamente de los pobres enfermos del Gran Hospital.
LA VISITACIÓN DE SANTA MARIA
Un cuarto sector acapara por fin al Señor Vicente: la Visitación de Santa María. Ve, aconseja, dirige a la Madre de Chantal durante sus viajes a París en 1628, 1635, 1641 y precisa en cartas de estilo salesiano las directivas que juzga más oportunas. Se siente místicamente envuelto por Dios en la estela de Francisco de Sales y de santa Juana. Cuando la fundadora de la Visitación expira en Moulins, se le comunica a él sobrenaturalmente: mientras celebra la misa, ve el alma de santa Chantal uniéndose a de Francisco de Sales y, así unidas, unirse estas dos almas a Esencia Divina (1641, XIII, 125-128). No había compartido todos sus puntos de vista sobre la dirección de la Visitación, pero estimaba profundamente y la reverenciaba religiosamente. Al entregarse por ella y por sus hijas, se beneficia de su espíritu y su ardor. De ella decía Pedro de Bérulle: «Su corazón es un altar donde nunca se apagará el fuego del amor, y éste consumirá el altar». Pensando en ella, en Mons. de Ginebra, Vicente exhorta, dirige, calma a las religiosas de la Visitación de Santa María. Cuatro monasterios tiene ahora a su cargo, pues al de la rue Saint-Antoine se ha añadido el Refugio de Santa Magdalena (1629), el monasterio del Faubourg Saint-Jacques (1626), el de Saint-Denis (1639).







