San Vicente de Paúl, un seguidor de la providencia de Dios (II)

Mitxel OlabuénagaEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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3.- DESPUÉS DE UN LARGO CAMINO DE PREPARACIÓN, VICENTE ENCUENTRA LA CONFIRMACIÓN DEL MISMO

San Vicente se dio cuenta, tras una larga preparación, del sen­tido auténtico de su ser de Dios, encontró la confirmación del camino por el que debía circular y se le abrieron los ojos al ver que era el mismo que Jesucristo recorrió, el de servir a los Pobres, asistirlos de manera espiritual y material.

La confirmación de su camino, fue el de seguir los pasos de Jesucristo, para el servicio de los pobres. Al tiempo que descu­bría el camino que le llevaría a la vida de entrega auténtica, Vicente había podido hacer desaparecer las tentaciones contra la le que le habían atormentado durante tres o cuatro años. Pero gracias a la confirmación por los acontecimientos, los ánimos que le dio siempre la Sra. De Gondi y la generosidad de las Damas de Chatillon, gracias a todo ello, Vicente vio con claridad el resorte de la vida cristiana y apostólica, que transcribo literal­mente, son retazos de sus escritos.

«El pobre pueblo se condena por no saber las cosas accesorias para la salvación y por no confesarse».

«Pues bien, lo más importante de nuestra vocación es trabajar por la salvación de las pobres gentes del campo, y todo lo demás no es más que accesorio… ¿Verdad que nos sentimos dichosos, hermanos míos de expresar al vivo la vocación de Jesucristo?… Lo principal para nuestro Señor era trabajar por los pobres.

Nuestro Señor está en los pobres».

Al servir a los pobres, se sirve a Jesucristo».

Vicente tuvo una doble experiencia, que le serviría para la Evangelización: Folleville y Chátillon.

Valoró como providencial el hecho de darse cuenta de su ver dadera tarea como misionero, salvar las almas y aliviar los cuerpos, pero con los medios precisos.

Comprendió que el Señor le llamaba a trabajar, no solo sino con otros sacerdotes y con laicos en la misión a la que le enviaba

Sintió que Evangelizar es también proponerse hacer o rehacer un tejido humano, impregnar de fe y de oración toda la vida.

Intuyó la gran importancia de vivir de Dios, con Dios, ya que en verdad, es Él quien obra. Las experiencias citadas le dieron a Vicente una profunda armazón espiritual y una corriente viva de la gracia divina, a la que la súplica, la oración, le abrió, y no., abre a todos, para pasar a la acción, a las obras.

Para ser misionero de verdad debemos, como dice Vicente vaciarnos de nosotros mismos para revestirnos de Jesucristo. Vio con claridad la importancia de unir la contemplación y la vida concreta, activa. Se dio cuenta de que entre los que se entregan a la misión deben vivir con una comunicación permanente, a ejemplo de la Santísima Trinidad. Entregarse a Dios totalmente, continuando su encarnación desde nuestras personas para darnos a los pobres.

Vicente comprendió también la importancia de una buena Dase humana, una aptitud en las relaciones y un conocimiento del derecho, de los procesos y de la gestión, que en un principio utiIizó para con su familia, y que después descubrió que era muy útiI para el bien de los pobres. De esta forma comienza a ver un significado providencial en la carrera a los beneficios; sin desin­teresarse de su familia, comprendió el sentido del dinero: Sin él, los pobres no pueden nada, y no se puede nada para ellos… Hasta en este asunto más material y necesario, san Vicente de Paúl vio la mano providente de Dios, al hacerle caer en la cuenta de que debía cambiar de aptitud y actitud ante todo, incluido todo lo relacionado con lo material, como el dinero y su uso, para dejar­e totalmente en las manos de Dios y de esta forma seguir per­feccionando su ser seguidor de Jesucristo, contando con que, poniéndose en las manos de Dios, tenía el éxito asegurado.

  1. LA MÁS GRANDE ACCIÓN DE GRACIAS A DIOS

En agosto de 1657, san Vicente de Paúl, experimentó un sen­timiento profundo de acción de gracias a Dios, se dio cuenta de algo clave y crucial para su vida y para la vida de todo aquel que quiera seguir a Jesucristo. La cruz marca inevitablemente la vida de quien se da a Jesucristo y la historia de su Iglesia. Y a la vez, es en esa cruz donde se descubre lo que es la verdade­ra esperanza, y la fuerza que Dios sólo puede dar cuando todo está perdido, cuando todo se nos niega… (Muchas expe­riencias de ese tipo se podrían actualizar entre todos los que esta­mos participando de estos días de formación vicenciana). Entonces es posible hablar de resurrección sin que sean únicamente palabras…

San Vicente les dice a los Misioneros, con motivo de las situaciones difíciles que se están dando en Génova y Madagascar:

Fijaos, por favor, en esta manera de proceder de Dios, que estableció y robusteció su Iglesia por medio de la destrucción y de la ruina, por así decirlo, de los que la sostenían y eran sus principales apoyos.

Os digo todo esto, hermanos míos, para que os dispongáis o recibir las noticias que lleguen, sean cuales fueren, plenamente conformes con la voluntad de Dios, y no os extrañéis si nos dicen que han muerto los dos de Génova, que han fallecido todos los que estaban en Madagascar, y no se os ocurra pensar que por ello hemos de abandonar Génova o Madagascar. ¡Dios mío, ni muchos menos!.

Salvador mío, los que renuncian a sí mismos, y solamente ellos, son los que tú admites para que te sigan en esta vida v glorificarles luego en el cielo.

San Vicente dice las palabras, arriba mencionadas, en el momento en que se encuentra muy enfermo y mayor, al igual que menciona al Sr. Portail, a Luisa de Marillac y a él mismo, afirmando que todos están arraigados en la fe y en la caridad, y de tal forma esperan todo de Dios.

Al llegar al punto más alto de su madurez y experiencia de vida y de Dios, Vicente afirma convencido que es el arraigo en la fe y en la caridad lo que le ha hecho cambiar su vida, ir madurando y darse cuenta de lo que es más importante y principal en la vida de cualquier ser humano, sobre todo para los creyentes, a saber, que lo único que vale de verdad la pena y que no defrauda ni decepciona es seguir los mismos pasos que siguió Jesucris­to en la tierra, haciendo el bien y dando testimonio con sus pala­bras y sus obras.

San Vicente deja al descubierto toda una vida de fe, esperan­za y amor. Él confesará: Por eso siento una devoción especial en ir siguiendo paso a paso la adorable Providencia de Dios. Esta afirmación, encierra toda la existencia vicenciana. Ante todo se expresa la prevalencia única del punto de vista de Dios. Todo ha de enfocarse desde esa perspectiva.

Como ya he mencionado, de formas diferentes, el principio que dirige y fundamenta el pensamiento y la acción de san Vicente, es sin duda su fe. Ésta le permitió leer todos los aconte­cimientos y ver todas las situaciones a la luz de Dios. Estaba convencido de que cualquier otra cosa que no fuera dirigida por la gloria de Dios, no serviría más que de perjuicio. Es necesario mirar sólo a Dios y a su gloria.

José Vicente Martínez

CEME 2011

 

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