San Vicente de Paúl, un cumplidor de las máximas evangélicas (VI)

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

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  1. ACTUALIDAD DE LAS MÁXIMAS EVANGÉLICAS

A . MENSAJE SIEMPRE VÁLIDO

En sintonía con el pensamiento de san Vicente, digamos que la actualidad de tales máximas está justamente en que nos trans­miten el mensaje genuino y siempre actual del evangelio, fuente y norma de todo comportamiento cristiano. Observar el evange­lio equivale a perseguir el camino de la santidad. No hay otras vías, aun cuando pueda insistirse más en algunos aspectos (tal el carisma de cada cual). Así es como hemos de empeñarnos en tra­ducir a la vida las consignas del evangelio.

Refiriéndonos luego a nuestro contexto cultural y religioso, se trata sin más de adoptar, ante todo, la alternativa a la lógica del mundo; ésta, por cierto, no ayuda a vivir la exigente radicalidad del evangelio. De hecho han sobrevenido cambios que ponen en discusión la misma identidad vicenciana, porque piden que activemos ‘nuevas formas de relación, de presencia, y de inserción en el mundo’, y se requiere de nosotros ‘una postura crítica frente a los valores contemporáneos’. En positivo, se nos urge a vivir en Cristo y a revestirnos de su espíritu, como también a practicar en serio el evangelio, poniéndonos así en sintonía con lo que tam­bién enseña Pablo, cuando recuerda a los cristianos que están lla­mados a vivir la novedad traída por Cristo. Comprendemos así cómo, vivir las máximas evangélicas es realizar la vocación a la santidad, según la modalidad del propio carisma espiritual y del servicio requerido de cada uno. Es este un compromiso que dura toda la vida.

Las mismas intervenciones de la Iglesia en estos últimos años se han enderezado siempre a situar en el centro del proceso espi­ritual el empeño en recorrer las rutas de la santidad, algo que ocupa el primer lugar en las Reglas, tanto las de los Misioneros como las de las Hijas de la Caridad. Mas también por lo que hace al Voluntariado Vicenciano sabemos que san Vicente pedía el compromiso de ‘hacerse santos’, para ser dignos y estar en situa­ción de desplegar la gran vocación del servicio a los pobres.

En la estela de la enseñanza del santo podemos hablar, en cuanto a nosotros, de una via regia de la perfección, porque la observancia de las máximas evangélicas nos pone en la condición de imitar a Cristo, tanto en su modo de pensar como en su modo de actuar. Es tener el pensamiento de Cristo lo que nos permite enjuiciar sucesos, cosas y personas, no según lógicas humanas e intereses partidistas, sino sólo con miras a la gloria de Dios, y buscando el bien de todos. ‘No basta con hacer el bien, hay que hacerlo bien, a ejemplo de nuestro Señor’.

  1. PARA CONTINUAR LA REFLEXIÓN

Hay una reflexión que puede hacerse y aun convertirse en prepuesta. Muchas máximas evangélicas coinciden con las vir­tudes propias del espíritu vicenciano: sencillez, humildad, man­sedumbre, mortificación, celo. Otras tienen que ver con los votos (y las virtudes correspondientes). A este respecto ya se hizo un trabajo de actualización. Baste pensar en los estudios y las pro­puestas del P. Robert P. Maloney. Sin que lleguemos a hablar, también en este campo, de un ‘cambio sistémico’, es posible apreciar el trabajo desplegado, que permite releer hoy el mensa-pe mismo de Cristo y de san Vicente. Me parece que ya en la pre­sentación de algunas máximas, hecha por nuestro santo (así la que atañe a la mortificación), hay elementos que sintonizan con nuestra sensibilidad. Se nos llama y remite a lo esencial de nues­tra vida cristiana, poniendo en el centro lo que es decisivo para el seguimiento de Cristo, y desechando adherencias menos auténticas de la historia y de la tradición, como meras prácticas devocionales, que nuestro tiempo ya no comprende.

  1. UNA PROPUESTA DE VIDA VÁLIDA PARA TODOS

En la estela de san Vicente, cuya propuesta concernía también a los seglares, podemos pensar en las máximas evangélicas como un itinerario espiritual susceptible de ser propuesto a todos los cristianos, y en primer lugar al propio Voluntariado Vicenciano. Es un modo concreto y sustancioso de revitalizar su compro­miso, que el camino espiritual se prolongue en el servicio de la caridad. Pero tal propuesta puede hacerse a todos aquellos que giran en torno a nosotros y a nuestras actividades, o bien dirigen con nosotros los diversos servicios. Es un modo serio de trans­mitir el carisma y de asegurar la continuidad, aun si eventual­mente falta nuestra presencia. Se trata de un servicio que toda la Familia Vicenciana puede ofrecer a la comunidad cristiana y a todos cuantos se interesan por la herencia espiritual de san Vicente.

Mario di Carlo

CEME, 2011

 

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