Dejando para mejor ocasión dar a conocer la vida documentada de esta sierva de Dios, quiero satisfacer ahora el justo deseo de las Hijas de la Caridad y dar algunas noticias de ella, con ocasión del hallazgo de sus venerables reliquias.
Nació Sor Manuela Lecina en el pueblo de Besians, a poca distancia de Perarrúa, provincia de Huesa y diócesis de Barbastro, en 6 de agosto de 1760 y fue bautizada en el mismo día con los nombres de María Teresa Manuela.
Nada sabemos de sus primeros años, pero algo extraordinario hubieron de ver en ella los Padres Paúles del Seminario de Barbastro, cuando en 1782, siendo ya de veintidós años, fue escogida entre muchas, juntamente con otra joven de aquella ciudad, María Mane, siendo ambas enviadas a Barcelona, a fin de que, uniéndose allí con otras cuatro jóvenes animosas, pasasen todas a Francia a alistarse entre las Hijas del Apóstol de la Caridad, San Vicente de Paúl.
Un señor Jiménez, Canónigo de la Iglesia de Barbastro, tenía hecho un legado con el fin de fundar en aquella ciudad un colegio de Hijas de la Caridad, y muchas otras personas deseaban también introducir su Instituto en España. No eran los Padres Paúles los últimos en quererlo y, puesto de acuerdo el Visitador de España con el M. R. P. General tuvo la satisfacción de oir de su misma boca una respuesta favorable, pero con la condición de que algunas jóvenes españolas se ofreciesen a pasar al Noviciado de la Casa Matriz de la Congregación, establecida en París, y después de instruidas en los deberes de su vocación, regresarían a España y podrían fundar el Instituto sobre las mismas bases que se hallaba en Francia.
En virtud de este convenio, el 18 de marzo de 1782, salían de Barcelona para Francia las seis jóvenes mencionadas, entre las cuales iba nuestra Manuela Lecina, y consta que, a lo menos las dos de Barbastro, iban a expensas de aquel Seminario de Padres Paúles.
Después de un feliz viaje de cinco días, acompañadas del mismo Visitador Padre Nualart, llegaron a Narbona.
Repartidas allí entre dos Casas de Hijas de la Caridad hicieron la prueba durante seis meses y se ejercitaron en la lengua del país al mismo tiempo que en las obligaciones y prácticas del Instituto.
Ninguna retrocedió, y a mediados de agosto de 1782, partieron para París, en cuyo Noviciado o Seminario estuvieron seis meses, con el traje de toquillas.
Terminado su seminario vistieron todas la toca de Hijas de la Caridad, semejante a la que aún se usa en Hspaña.
Vestido este santo hábito, fueron destinadas a distintos establecimientos de aquella nación.
No sabemos qué destinos tuvo Sor Manuela Lecina, durante los siete años que allí permanecieron las Hermanas españolas, tiempo harto suficiente para su completa formación.
Sólo sabemos que en 1792, en vísperas de la espantosa revolución francesa, que disolvió en Francia el Instituto de las Hijas de la Caridad, el Excmo. Conde de Fernán Núñez, embajador nuestro en París, hizo cuanto pudo por que vinieran a la península las Hermanas españolas, y que éstas mismas le manifestaron los muchos deseos que tenían de fundar en España.
Después de largas gestiones, se convino en la venida de las seis a la fundación del Hospital de Barcelona, si bien a última hora, se quedó en Francia una de ellas, viniendo en su lugar Sor Juana David, Asistenta de la Madre General.
Fueron recibidas en Barcelona con demostraciones de un júbilo extraordinario y el mismo Capitán General de Cataluña las llevó en su coche hasta su nueva residencia en el viejo Hospital–de Santa Cruz. Allí, consta que le fue encomendada a Sor Manuela Lecina el cuidado de las enfermas de las cunas.
Sentíanse felices aquellas Hermanas por poder ejercer sus santos ministerios en su propia patria, cuando permitió Dios que surgiesen las serias dificultades, que las obligaron a salir del santo Hospital y la rotura definitiva fue con la ocasión siguiente:
Además de los enfermos, tenían también a su cargo las Hermanas el cuidado de los niños expósitos. Habiendo tenido que ausentarse, en marzo de 1792, la Hermana encargada de esos niños, dispuso el señor Administrador que la supliese Sor Manuela Lecina, pero no se conformó la Superiora Sor Juana David con esta disposición, lo que ocasionó colisión de derechos que sólo se resolvió con la salida de las Hermanas.
Casi todas las postulantas, catorce de dieciséis que eran, dijeron que querían seguir la suerte de las Hermanas y fueron saliendo por días, hasta el 25 de junio, en que salieron las últimas, junto con las Hermanas
Por orden del Capitán general de Cataluña se retiraron a sus casas y la Hermana Superiora, Sor Juana David, no pudiendo volver a Francia, pues ya la revolución francesa había decretado la disolución de todas las Congregaciones religiosas, y las Hermanas se habían tenido que dispersar, quedó bien acomodada en Barcelona, esperando que el Señor les abriría camino, como así fue; porque antes de finalizar aquel año, 1792, fueron llamadas para las tres fundaciones de Lérida, Barbastro y Reus.
Juntas Sor Manuela Lecina y Sor María Blanc, se dirigían a Barbastro, cuando al pasar por Lérida, fueron a saludar al P. Murillo, misionero de la Casa de Barbastro que allí se encontraba; presentadas las Hermanas al señor Obispo, éste les encomendó inmediatamente el cuidado del Hospital e Inclusa, enviándolas, mientras se obtenía el Real permiso, una temporadita al Monasterio de Sigena.
Poco después siguió Sor Manuela a Barbastro donde todo estaba dispuesto para entregarle el Colegio de las niñas, como así se hizo, siendo nombrada superiora. En enero siguiente llegaron de Barcelona las otras tres Hermanas que habían de formar la Comunidad.
De Barbastro le sacó la santa obediencia para ir a la fundación de la inclusa de Madrid, de la que tomaron posesión el día 3 de septiembre de 1800, las Hermanas Sor Manuela Lecina, Superiora, Sor Rosa Grau, Sor Basilia Lecina, Sor Cecilia Campos, Sor Narcisa Blanc y Sor Tomasa Caval.
Sor Basilia Lecina era hermana carnal de Sor Manuela había tomado el santo hábito en Barbastro, en 1797, a los diecinueve años de edad.
Apenas se dieron a conocer las Hijas de la Caridad en Madrid, cuando las comenzaron a pedir de muchos establecimientos de Beneficencia. Esto hizo pensar en la fundación de un Noviciado, para que hubiera Hermanas suficientes, pues entonces sólo eran 25, apenas las necesarias para las cuatro fundaciones que tenían.
El bondadoso .Rey Carlos. IV quiso él mismo constituirse en fundador y patrono por sí y por su regia descendencia, como lo hizo, dotando espléndidamente una Comunidad
de veinte Hermanas. . •
En su consecuencia—dice la Real Cédula de fundación—la Condesa de Trullás, comisionada por el Rey, trató y acordó lo conveniente para verificar esta fundación, con el P. D. Felipe Sobies, Visitador de los de la Misión, y a quien reconocen por Superior las Hijas de la Caridad. Este, en su consecuencia, me propuso para Superiora general de las Hijas de la Caridad, en el Noviciado que había de establecerse en Madrid; como se hallaba establecido en París, a Sor Manuela Lecina, cuya prudencia y celo me merecían particular aprecio, por el acierto con que se había manejado en el tiempo que se hallaba de Superiora de las Hijas de la Caridad, a quienes la Junta de Damas tenía cometido el cuidado de los niños expósitos de esta corte. Igualmente me propuso para Asistenta y Maestra de Novicias, a Sor Lucía Reventós, Superiora de la casa de Reus, y para acompañar a estas dos, a Sor Cándida Bofill, Sor Tecla Pamías, Profesas; Sor María Magdalena Pascual, Novicia; Sor Margarita Vasstur, Sor Paula Triguero y Sor Vicenta Sansón, Postulantes; las cuales, todas, dieron principio a la fundación; y habiéndome conformado con la anterior propuesta, se verificó, en su consecuencia, el formar establecimiento de esta Comunidad o casa Noviciado, con asistencia del M. R. Cardenal de Borbón, Arzobispo de Toledo y de su Auxiliar en Madrid, D. Atanasio Puyal, y recibida la bendición del primero, dieron principio al cumplimiento de su Instituto en casa de la Marquesa de Castelmoncayo, Condesa viuda de Fernán Núñez, sita en la calle del Prado, donde permanecerán hasta tanto que se les proporcione casa propia y acomodada, en que pueda fijarse su establecimiento.
Tuvo lugar aquella solemne inauguración del Real Noviciado en los primeros días de marzo de 1803.
Toda obra divina suele llevar el signo de la contradicción y éste llevó el Real Noviciado en sus principios. Y fue que la Condesa de Trullás, a quien el Rey había encomendado este negocio, puso, a pesar de las observaciones de Sor Manuela Lecina y del P. Sobíes, en los capítulos de la fundación, algunas disposiciones sobre Capellanes y Confesores, que podían ser causa de trastornos.
Pronto sobrevinieron estos por la errónea dirección de un Confesor, lo que causó disgustos y diferencias en el seno de la incipiente Comunidad, y esto trajo la intervención y visita del Cardenal de Borbón, después de la visita del P. Sobies, quien nada pudo contra el poderoso valimiento de la Condesa de Trullás.
De acuerdo la Condesa con el Visitador, nombrado por el señor Cardenal de Borbón, persuadieron a éste a que se constituyese en Superior absoluto del Real Noviciado, como lo consiguió del Rey su Patrono, a principios de 1806.
Por entonces el venerable P. Murillo, Sacerdote Paúl, que era el único sostén visible de Sor Manuela Lecina en aquellas circunstancias, fue desterrado de Madrid y hubo de retirarse a Segovia, donde falleció.
Ya se deja entender lo amarga que tenía que ser la situación para la pobre Superiora. Había aceptado este cargo—dice el P. Sobies—con la mayor repugnancia y por pura obediencia. El citado P. Murillo dice, que era «superior a todas en talento, instrucción y virtud». La Condesa de Trullás había sido su grande amiga y panegirista.
Pero las cosas habían cambiado completamente Esta veleidosa señora estaba ahora en la mayor intimidad con la Directora de Novicias y en contra de Sor Manuela.
Cuando se trató, pues, de separar el Real Noviciado de sus legítimos superiores, el desacuerdo fue total entre la Directora de Novicias y Sor Manuela la Superiora a quien seguían las más de las Hermanas. Esto tenía que ser para todas un horrible tormento.
Quiso la divina Providencia ofrecer ocasión propicia a Sor Manuela Lecina para aliviar aquella situación, cuando, habiendo dispuesto el señor Cardenal de Borbón, que el Colegio de la Paz unido al Real Noviciado desde 1803, fuese a establecerse en casa propia, volviendo a separarlos, aprovecharon aquella ocasión Sor Manuela y las seis Hermanas encargadas de aquellas niñas para volverse a la Inclusa, en donde las Hermanas estaban tranquilas.
Desde allí pudo seguir trabajando Sor Manuela con mayor libertad en defensa de la amada Congregación que Dios le tenía confiada.
España, se ha denominado el Gran Cisma, quiero poner a continuación el grupo de Hermanas que se inclinó a seguir el impulso del Cardenal de Borbón y el de las demás Hermanas que, unidas a Sor Manuela Lecina, fueron fieles a sus santas Reglas.
Al primer grupo pertenecen:
Sor Lucía Reventos, directora de novicias.
Sor Narcisa Blanque.
Sor Teresa Godás.
Sor María Arenas.
Novicias.
Sor Margarita Vasseur.
Sor Vicenta Sansón.
Sor Andrea Aznar.
Sor Juana Vistner.
Sor Rosalía Pérez.
Sor María Falceto.
Hermanas fieles a sus Santas Reglas.
Las novicias van señaladas con una N. En Madrid.—Drchisa.
Sor Manuela Lecina, Superiora Principal del Instituto.
Sor Rosa Grau.
Sor Cándida Bofill.
Sor Cecilia Campos.
Sor Tecla Pamías.
Sor Basilia Lecina.
Sor Tomasa Caval.
Sor Paula Triguero (N.)
Sor Raimunda Lecina (N.)
Fuera de Madrid.—Lérida, Barbastro, Rens y Pamplona.
Sor Esperanza Miguel.
Sor María Blanc, Superiora de Barbastro.
Sor Paula Puig, Superiora de Lérida.
Sor Antonia Borgón.
Sor María Casasas, Superiora de Reus.
Sor Magdalena Piguillén, Superiora de Pamplona:
Sor Magdalena Daniel.
Sor Antonia Daniel.
Sor Teresa Martí.
Sor Diega -Blanque.
Sor Raimunda Canals.
Sor Juana Abad.
Sor Blasa Baselga.
Sor Hermenegilda Arillo,
Sor Basilia Abad.
Sor María Anguela.
Sor Isabel Gormaz.
Sor Brígida Serra.
Sor Vicenta Molner (N.)
Sor María A. Villacrosa (N.)
Sor Margarita Gambón (N.)
Sor Mercedes Lola (N.)
Sor Catalina López (N.)
Sor Magdalena Prats (N.)
Sor Luisa Guiteras (N.)
Sor Teresa Bonet (N.)
El total de Hermanas que formaban la Congregación de España en 1806, era de 46. Total de Hermanas fieles a sus Reglas: 36; entre ellas, todas las Superioras, y 26 Hermanas de votos. Total de Hermanas infieles a sus Reglas, lo; de ellas, cuatro Hermanas de votos.
En 1814, el Sr. Arzobispo de Tarragona buscó pretextos para poner la casa de Reus bajo su jurisdicción, a pesar de las amonestaciones de la Nunciatura.
En Reus, como era natural, ejercía influencia su antigua. Superiora, Sor Lucía Reventos. Pero no tuvo que ver nada con esto, el asunto que señala L. D., empeñado en desfigurar las cosas.
Para completar el catálogo de las Hijas de la Caridad en su primero época, 1782 1806, añadiremos aquí las otras nueve Hermanas desaparecidas por muerte y defección:
Difuntas:
Sor Juana David, 1793.
Sor Josefa Alfaro. 1797 (N.)
Sor Luisa Antonia. 1803 (N.)
Sor Magdalena Pascual. 1804 (N.)
Sor Francisca. 1805 (N.)
Sor Clara Colomer. 1806.
Salidas :
Sor Francisca Cortes. 1792.
Sor Ines Borrás. 1799.
Sor Mariana. (N.)







