En el Sze-tchoang, a 12 de febrero de 18111
Para el enfermo Padre Song.
Padre, querido hermano, amigo
La gracia…
Comienzo esta carta a las 11 de la noche, antes de salir mañana para Ma-kia-lu en una hermosa carroza arrastrada por dos bueyes. Así mientras su salud descansa, la mía se pasea y recorre las vastas planicies de Ho-nan. Y usted, trabaje para recobrar la salud, y someterse en todo a la voluntad de Dios que dispone de cada uno según le place; da a uno la salud, a otro se la quita, según lo que él juzgue bueno para la santificación de sus elegidos.
En su estado pida a Dios por mí para que me dé las fuerzas espirituales y corporales que necesito, y yo pediré a Dios por usted para que le conceda paciencia y le devuelva la salud, si lo juzga conveniente para su gloria y la santificación de usted.
Desee la salud, pero con moderación y sin impaciencia, bajo pretexto que sería mejor para la salud de las almas que usted gozara de una buena salud. Nada mejor que lo que Dios quiere. Pero no se dedique durante este tiempo a nada de lo que cansa el espíritu. Si no puede hacer oración, súplala con alguna lectura espiritual breve pero repetida varias veces al día, acompañada de alguna reflexión realizada sin esfuerzo. Añada un gran número de jaculatorias que alimentan el corazón sin fatigar el espíritu.
Se encuentra en Hoang-chan-ya. Deseo que la proximidad de los médicos acelere su mejoría. Yo soy de diferente sentir, cuando estoy enfermo prefiero estar en mi casa que en la de otros. Y si su mal empeora, le aconsejo que vaya a nuestra residencia donde encontrará auxilios espirituales que no tendrá en Hoang-chan-ya.
No podré verle antes de la séptima u octava luna, si voy a los distritos portugueses del Lu-y-hien. Así que procure que pueda decirle de viva voz cuanto le digo hoy por carta, que soy con amistad, afecto y respeto,
Padre y muy querido hermano, Su humilde y obediente servidor Clet, i. s. d. l. M.







