Reflexiones sobre la Labor Misionera en Irlanda

Francisco Javier Fernández ChentoMisiones «Ad gentes»Leave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Maureen Trenor · Año publicación original: 1998 · Fuente: Vincentiana, Abril-Mayo de 1998.
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Para entender la labor del Equipo de Misiones en Irlanda, es necesario tener una idea del contexto en que se trabaja.

Irlanda es una isla pequeña en el Este de Europa.  La mayor parte de los cuatro millones de su población es católica.  Hemos pasado de ser una economía fundamentalmente agrícola a una economía básicamente industrial, técnica y de servicio. La población es predominantemente joven y bien educada.  El nivel de vida ha mejorado para la mayor parte de la población, pero todavía tenemos un número considerable de gente que vive en la pobreza y sin trabajo, y que se considera excluida de este nuevo estado de prosperidad.  Ha habido un gran cambio en las estructuras sociales. Hay grupos de familias pequeñas en las que la pareja trabaja fuera del hogar para poder vivir.  Los casos de las madres solteras aumentan y hay un número muy elevado de nacimientos fuera del matrimonio. El lugar e influencia de la Iglesia ha sufrido grandes cambios, y un número muy alto de gente está abandonando la práctica de su fe. Hemos tenido en los últimos años un número considerable de escándalos en la Iglesia de Irlanda y esto ha traído efectos catastróficos.  En el pasado, el número de sacerdotes y religiosos en Irlanda era muy alto, hoy se nota un gran declive en las vocaciones para el sacerdocio, y el resultado de esto es la falta de sacerdotes en muchas diócesis.

Trabajamos como equipo en todo Irlanda.  Aún en un país tan pequeño como el nuestro se notan divergencias entre la gente.  Así la práctica de la fe en el Norte de Irlanda se considera como una práctica tradicional, y se ven grandes multitudes atendiendo a misa.  Esto mismo se observa también en las parroquias rurales, donde todos los miembros de la familia asisten juntos a misa.  Sin embargo, las parroquias en los centros urbanos han experimentado un bajón en el número de personas que acuden los domingos a la eucaristía.

Yo me uní al equipo de misiones el año 1994.  Hay cuatro sacerdotes que trabajan conmigo a tiempo completo en el equipo. Además hay otras personas, con formación especial en ciertas áreas, que trabajan con nosotros de vez en cuando.  El equipo tiene la sede en «All Hallows College», Dublin.  Este es un colegio que se especializa en la formación pastoral y espiritual de adultos, con programas de títulos académicos en teología y ministerio pastoral.  Damos misiones en parroquias a petición de los párrocos y del Consejo Parroquial.  En 1997 dimos misiones en 17 parroquias distintas. Este año las daremos en unas 15 parroquias.  Para el año 1999 el calendario está ya completo y tenemos una lista de espera para el año 2000.

Hemos abordado un enfoque a la misión que incluye tres distintas fases.

1. Pre-misión

Consiste en mantener un contacto permanente con la parroquia por espacio de seis a 12 meses antes de la misión propiamente dicha. Durante todo este tiempo de preparación, uno de nuestro equipo mantiene contacto con la parroquia, reuniéndose con los sacerdotes y el consejo parroquial, ayudándoles a preparar su plan de renovación y de misión.  Cada parroquia y comunidad es diferente, y por lo tanto la manera en que nosotros enfocamos la misión será distinta en cada caso.  Sin embargo, hay algunos elementos que son comunes a todas: Tales como, celebraciones especiales  litúrgicas y sacramentales, un enfoque especial a la juventud con el fin de implicar a los jóvenes de la parroquia en la planificación de acontecimientos parroquiales, tiempo para discusión y diálogo sobre temas seleccionados de relevancia para las vidas de la gente: e.g. familia, moralidad, fe, oración, duelo y pérdida, Biblia, por nombrar algunos.  Está también el aspecto social de la misión en que la gente se reúne para compartir, para celebrar y para conocerse unos a otros en formas muy humanas.

2. Tiempo Fuerte de la Misión

Es un tiempo de celebraciones intensas centradas en la Iglesia y en la Comunidad poniendo sumo énfasis en extender la mano a los marginados.  Durante todo este tiempo el equipo vive en la comunidad y visita las familias y escuelas de la parroquia. Se prepara un programa de acontecimientos para todos los días de la misión.

3. Post-misión

Como consecuencia de la planificación y del acontecimiento de la misión, algunas parroquias piden que el equipo siga implicado en la renovación y desarrollo de la parroquia. Esta es una nueva y creciente dimensión de nuestra trabajo misionero.  Utilizando los vínculos que tenemos con All Hallows College, hemos presentado programas de Adviento y de Cuaresma en varias partes de Irlanda.  Se percibe una necesidad creciente por el desarrollo permanente de la fe a nivel parroquial.  Este es un aspecto de nuestro trabajo que continúa en aumento, fomentando y ofreciendo nuevos retos para el futuro.

En el corazón de la misión, está actualmente la llamada de todos los bautizados a participar completamente en la vida de la Iglesia y a trabajar unidos en la edificación del Reino. Nuestra vocación como equipo es trabajar en un espíritu de colaboración.

Si nosotros no somos modelos en este particular, ¿cómo podemos invitar a otros a que hagan lo mismo? Yo personalmente he encontrado un gran apoyo en la parroquia trabajando como mujer en este ministerio. Puedo relacionarme muy bien con la gente con quien trato y trabajo. Ha habido dos o tres ocasiones en las que mi presencia como mujer en la liturgia de la palabra ha ocasionado alguna dificultad con algunos sacerdotes.

El proceso de cambio puede ser difícil para algunos y requiere mucha comprensión, paciencia y respeto.  Cuando empecé a trabajar con el equipo, una de las necesidades más urgentes fue involucrar a los seglares en la vida de la Iglesia.  En estos últimos cuatro años he llegado a convencerme de que hay todavía mucho por hacer en las áreas de educación, apoyo y renovación antes de empezar a trabajar en un espíritu de verdadera colaboración.

Fue toda una nueva experiencia para mí el que se me invitase a la Asamblea Provincial de Irlanda en Junio de 1997 como miembro de la Familia Vicenciana.  Llegar a comprender que yo formaba parte de un gran colectivo de gente comprometida fue una inspiración y me proporcionó una esperanza renovadora para el futuro. En julio tuve el privilegio de representar al Equipo de Misiones de Irlanda con el P. Jay Shanahan en París en el Mes Vicenciano de Misiones Populares.  Fue una experiencia maravillosa dialogar y compartir con tanta gente de todo el mundo que trabaja en el campo de las misiones.  La oportunidad que tuve de visitar todos los lugares asociados con San Vicente es algo que nunca podré olvidar en toda mi vida.  En mayo de este año asistí a una reunión en los Estados Unidos con miembros de los Equipos de Misiones de América.  Es de esperar que los vínculos de unión que establecimos en París el pasado mes de julio continuarán aumentando y desarrollándose en un espíritu de colaboración siguiendo el espíritu de San Vicente. El futuro en lontananza es, para los seglares, religiosos y sacerdotes, trabajar juntos en la labor de renovación y de misión.

Las misiones son el trabajo fundamental de la familia vicenciana.  San Vicente respondió con las misiones a las necesidades de la gente de su tiempo. El mundo ha cambiado considerablemente desde los días de San Vicente, pero las necesidades de la gente a nivel espiritual son similares a las  de su tiempo.  Hay un hambre feroz en los corazones de la gente por experimentar la presencia amable de Dios en sus vidas.  Cómo responder a esa necesidad es el reto que afrontamos todos nosotros al mirar hacia el tercer milenio.

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