Redemptor Hominis

Francisco Javier Fernández ChentoDocumentos PontificiosLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Juan Pablo II · Año publicación original: 1979.
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Redemptor Hominis

Todos los caminos de la Iglesia conducen al Hombre.
Carta Encíclica promulgada por el Papa Juan Pablo II el 4 de Marzo de 1979.

Precisamente porque Cristo en su misterio de Redención se ha unido a ella,
la Iglesia debe estar fuertemente unida con todo hombre.

Juan Pablo II

1. INTRODUCCIÓN1

Juan Pablo II hizo pública su primera encíclica el 4 de marzo de 1979, primer año de su pontificado, que comenzaba con estas palabras: «EL REDENTOR DEL HOMBRE, Jesucristo, es el centro del cosmos y de la historia.» Esta era su intención: «Al comienzo de mi pontificado quiero dirigir al Redentor del hombre mi pensamiento y mi corazón, deseo con ello entrar y penetrar en el ritmo más profundo de la vida de la Iglesia.» En este documento invitamos también a «entrar en el ritmo más profundo de la vida de la Iglesia».2

Proponemos meditar personal y grupalmente este documento y recomendamos la lectura del texto íntegro de Redemptor Hominis. Para el discernimiento grupal, invitamos a reflexionar estas cuestiones:

  • ¿En qué modo has experimentado que Cristo te ha revelado los más hondos misterios de ti mismo?
  • ¿Qué crees que, profundizando en la amistad con Jesús, Él te va a mostrar de ti que te causará asombro y «maravilla»?
  • ¿Hasta qué punto nos comprometemos con todos los hombres en su diversidad y pluralismo, para conocer todos los caminos que debe recorrer la Iglesia para caminar con Cristo?
  • ¿Cómo podemos ayudar como Iglesia a que se comprometa con cada hombre, a que no dé por abandonado a ninguna persona y esté «fuertemente unida» a ella?
  • ¿De qué modo estamos siendo innovadoramente audaces y creadores para dar a luz otra economía en la que no haya explotación ni alienación?
  • ¿Cómo hacer que en nuestro corazón y mentalidad sucedan los cambios que harán que comiencen a transformarse con justicia las estructuras económicas?

2. ORACIÓN DE ENTRADA

Todos los caminos de la Iglesia conducen al hombre.

Textos de Juan Pablo II

Al comienzo dirijo al Redentor del hombre
mi pensamiento y mi corazón,
para entrar en el ritmo más profundo
de la vida de la Iglesia.
El hombre no puede vivir sin amor.
Permanece para sí incomprensible
si no se encuentra con el amor,
y por eso Cristo Redentor
revela plenamente el hombre Al mismo hombre.
En el misterio de la Redención
el hombre es confirmado
y en cierto modo nuevamente creado.
El hombre que quiere comprenderse
hasta el fondo a sí mismo
debe, con su inquietud, incertidumbre
e incluso con su debilidad y mal
acercarse a Jesús.
Si se va con Él en ese hondo camino
el fruto es una profunda maravilla
al conocerse a sí mismo.
Ese profundo estupor respecto al valor
y a la dignidad de cada hombre
se llama Evangelio, es decir, Buena Nueva.
Se llama también cristianismo.
Jesús sale al encuentro de cada hombre,
un hombre al que la Iglesia no puede abandonar.
Este hombre es el primer camino
que la Iglesia debe recorrer,
el camino primero y fundamental de la Iglesia,
camino trazado por el mismo Jesús.

3. MATERIAS PRIMAS

a. Se revela el misterio de cada hombre

  • El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente. Por esto precisamente, Cristo Redentor, como se ha dicho anteriormente, revela plenamente el hombre al mismo hombre.
  • En el misterio de la Redención el hombre es «confirmado» y en cierto modo es nuevamente creado. ¡Él es creado de nuevo!
  • El hombre que quiere comprenderse hasta el fondo a sí mismo —no solamente según criterios y medidas del propio ser inmediatos, parciales, a veces superficiales e incluso aparentes— debe, con su inquietud, incertidumbre e incluso con su debilidad y pecaminosidad, con su vida y con su muerte, acercarse a Cristo… Si se actúa en él este hondo proceso, entonces él da frutos no sólo de adoración a Dios, sino también de profunda maravilla de sí mismo.
  • En realidad, ese profundo estupor respecto al valor y a la dignidad del hombre se llama Evangelio, es decir, Buena Nueva. Se llama también cristianismo.
  • Jesucristo sale al encuentro del hombre de toda época, también de nuestra época…
  • La Iglesia no puede abandonar al hombre…

b. Todos los caminos de la Iglesia conducen al hombre

  • El hombre en la plena verdad de su existencia, de su ser personal y a la vez de su ser comunitario y social… este hombre es el primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misión, él es el camino primero y fundamental de la Iglesia, camino trazado por Cristo mismo…
    • A este hombre precisamente en toda la verdad de su vida, en su conciencia, en su continua inclinación al pecado y a la vez en su continua aspiración a la verdad, al bien, a la belleza, a la justicia, al amor…
  • Este hombre es el camino de la Iglesia, camino que conduce en cierto modo al origen de todos aquellos caminos por los que debe caminar la Iglesia, porque el hombre — todo hombre sin excepción alguna— ha sido redimido por Cristo.
  • Siendo pues este hombre el camino de la Iglesia, camino de su vida y experiencia cotidianas, de su misión y de su fatiga, la Iglesia de nuestro tiempo debe ser, de manera siempre nueva, consciente de la «situación» de él. Es decir, debe ser consciente de sus posibilidades, que toman siempre nueva orientación y de este modo se manifiestan; la Iglesia, al mismo tiempo, debe ser consciente de las amenazas que se presentan al hombre.
    • Debe ser consciente también de todo lo que parece ser contrario al esfuerzo para que «la vida humana sea cada vez más humana» Pablo VI, 1967: Populorum Progressio, nº21), para que todo lo que compone esta vida responda a la verdadera dignidad del hombre.

c. Urgen innovaciones audaces y creadoras

  • El hombre actual parece estar siempre amenazado por lo que produce, es decir, por el resultado del trabajo de sus manos y más aún por el trabajo de su entendimiento, de las tendencias de su voluntad.
    • Los frutos de esta múltiple actividad del hombre se traducen muy pronto y de manera a veces imprevisible en objeto de «alienación», es decir, son pura y simplemente arrebatados a quien los ha producido; pero, al menos parcialmente, en la línea indirecta de sus efectos, esos frutos se vuelven contra el mismo hombre; ellos están dirigidos o pueden ser dirigidos contra él.
    • En esto parece consistir el capítulo principal del drama de la existencia humana contemporánea en su dimensión más amplia y universal.
    • El hombre por tanto vive cada vez más en el miedo.
  • El progreso… se trata del desarrollo de las personas y no solamente de la multiplicación de las cosas.
  • Es bien conocido el cuadro de la civilización consumista, que consiste en un cierto exceso de bienes necesarios al hombre, a las sociedades enteras —y aquí se trata precisamente de las sociedades ricas y muy desarrolladas— mientras las demás, al menos amplios estratos de las mismas, sufren el hambre, y muchas personas mueren a diario por inedia y desnutrición.
    • Asimismo se da entre algunos un cierto abuso de la libertad, que va unido precisamente a un comportamiento consumista no controlado por la moral, lo cual limita contemporáneamente la libertad de los demás, es decir, de aquellos que sufren deficiencias relevantes y son empujados hacia condiciones de ulterior miseria e indigencia…
    • La amplitud del fenómeno pone en tela de juicio las estructuras y los mecanismos financieros, monetarios, productivos y comerciales que, apoyados en diversas presiones políticas, rigen la economía mundial: ellos se revelan casi incapaces de absorber las injustas situaciones sociales heredadas del pasado y de enfrentarse a los urgentes desafíos y a las exigencias éticas.
    • Sometiendo al hombre a las tensiones creadas por él mismo, dilapidando a ritmo acelerado los recursos materiales y energéticos, comprometiendo el ambiente geofísico, estas estructuras hacen extenderse continuamente las zonas de miseria y con ella la angustia, frustración y amargura.
    • Nos encontramos ante un grave drama que no puede dejarnos indiferentes…
    • Añádanse la fiebre de la inflación y la plaga del paro; son otros tantos síntomas de este desorden moral, que se hace notar en la situación mundial y que reclama por ello innovaciones audaces y creadoras, de acuerdo con la auténtica dignidad del hombre.
    • La tarea no es imposible.
  • No se avanzará en este camino difícil de las indispensables transformaciones de las estructuras de la vida económica, si no se realiza una verdadera conversión de las mentalidades y de los corazones.
    • La tarea requiere el compromiso decidido de hombres y de pueblos libres ysolidarios.
    • Demasiado frecuentemente se confunde la libertad con el instinto del interés —individual o colectivo—, o incluso con el instinto de lucha y de dominio, cualesquiera sean los colores ideológicos que revisten.
    • Es obvio que tales instintos existen y operan, pero no habrá economía humana si no son asumidos, orientados y dominados por las fuerzas más profundas que se encuentran en el hombre y que deciden la verdadera cultura de los pueblos.
    • Precisamente de estas fuentes debe nacer el esfuerzo con el que se expresará la verdadera libertad humana, y que será capaz de asegurarla también en el campo de la economía.
    • El desarrollo económico, con todo lo que forma parte de su adecuado funcionamiento, debe ser constantemente programado y realizado en una perspectiva de desarrollo universal y solidario de los hombres y de los pueblos, como lo recordaba de manera convincente mi predecesor Pablo VI en la Encíclica Populorum progressio.
    • Sin ello la mera categoría del «progreso» económico se convierte en una categoría superior que subordina el conjunto de la existencia humana a sus exigencias parciales, sofoca al hombre, disgrega la sociedad y acaba por ahogarse en sus propias tensiones y en sus mismos excesos.
  • «Tuve hambre, y no me disteis de comer… estuve desnudo, y no me vestisteis… en la cárcel, y no me visitasteis».
    • Estas palabras adquieren una mayor carga amonestadora, sipensamos que, en vez del pan y de la ayuda cultural a los nuevos estados y naciones que se están despertando a la vida independiente, seles ofrece a veces en abundancia armas modernas y medios de destrucción, puestos al servicio de conflictos armados ydeguerras que no son tanto una exigencia de la defensa de sus justos derechos y de su soberanía sino más bien una forma de «patriotería», de imperialismo, de neocolonialismo de distinto tipo.
    • Todos sabemos bien que las zonas de miseria ode hambre que existen en nuestro globo, hubieran podido ser «fertilizadas» en breve
      tiempo, si las gigantescas inversiones dearmamentos que sirven a la guerra y a la destrucción, hubieran sido cambiadas en inversiones para el alimento que sirvan a la vida.
  • La Iglesia… no cesa de pedir a cada una de las dos partes, y de pedir a todos en nombre de Dios y en nombre del hombre:

¡No matéis!
¡No preparéis alos hombres destrucciones yexterminio!
¡Pensad envuestros hermanos que sufren hambre ymiseria!
¡Respetad ladignidad ylalibertad decada uno!

  1. Comentario de la Comunidad de Vida Cristiana CVX-Galilea (Madrid, España).
  2. Todos los textos tras la introducción proceden de la encíclica Redemptor Hominis, incluidos los de la oración inicial que hemos compuesto con ellos.

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