Recorriendo la Provincia: Andalucía centro-occidental (1967)

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la Misión, Historia de la Congregación de la Misión en EspañaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Aurelio Ircio · Fuente: Anales españoles, 1967.
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ESCUDOCMLa segunda salida veraniega que el Director tuvo ocasión de hacer a los pocos días de la primera fue en dirección a Andalucía; más en concreto, a la Andalucía centro-occidental. Cierto que la temperatura no era como para ir a veranear, ya que eran ya los primeros días de agosto, pero a la invitación del R. P. Procurador provincial, que tenía asuntos urgentes que tratar en Huelva y Cádiz, accedí pronto, con la mira puesta sobre todo en la nueva Parroquia de Jerez de la Frontera, y también en las de Huelva y Ayamonte, y tal vez de Cádiz. Así, pues, de mañanita, guiados esta vez por el P. Núñez, y en la compañía del H. Pato, técnico en los asuntos económicos y fotógrafo mío, carretera adelante.

Claro es que no se podía abusar del auto. El conductor iba siempre con el ojo en una manecilla movible, que tendía siempre a subir, acercándose a veces peligrosamente a una línea roja, lo que significaba que había que detenerse un rato a la sombra para que se refrigerase. Con esto llegábamos a Andújar, ya muy avanzada la mañana, encontrándonos con la sorpresa de que casi toda la Comunidad incluidos los Hermanos coadjutores, y aun las Hermanas que cuidan del Seminario, se habían ido de excursión no sé a dónde. Sin embargo, los dos o tres Padres que quedaban se esmeraron en obsequiarnos, preparando una espléndida comida, que no dejó nada que desear. Mientras tanto nos fuimos a ver la casa vieja, con la iglesia de la Divina Pastora, a cuyo Rector y presunto futuro Párroco encontramos cubierto del polvo de las obras que en compañía de muchos chicos, obreros voluntarios, es­taba realizando para ampliarla y acomodarla para iglesia parro­quial. De esto ya se ha hablado posteriormente en ANALES. De lo que no se ha hablado todavía nada, a pesar de tantas presiones como se han hecho, es de la casa nueva –DT habría tanto que de­cir !—, pero claro que esto no es para verlo en visita de unas horas. Esperemos…, esperemos… He dicho de la casa, no de la capilla, por lo menos de lo más llamativo de ella, que es el Crucifijo y su fondo: en ello sólo conseguimos ver los elementos de la definición de la palabra «caricatura»; nada absolutamente de la clásica de «belleza», a pesar de la fama del «artista». Sería interesante hacer una encuesta sincera sobre lo que les dice esa imagen a los semi­naristas, que la miran todos los días por un lado, y a los fieles, que la miran por otro: todos ellos de la Andalucía del realismo imaginero.

A la caída de la tarde, remitido un poco el calor, salimos para Sevilla, aunque sólo para pasar la noche, pues a la mañana si­guiente, antes del mediodía, ya estábamos saludando a los Padres de Huelva. Aquí también los Padres rigen una Parroquia con el doble título de Nuestra Señora Estrella del Mar y La Milagrosa: lo primero, porque este título se le dio al ser creada el año 1956, y lo segundo, por habérsele señalado provisionalmente, al ser con­fiada a los PP. Paúles como iglesia parroquial la de La Milagrosa, propiedad de las Hijas de la Caridad, aunque contigua a la resi­dencia de los Padres. Esto último sucedió el 1 de enero de 1959, y desde entonces acá los ministerios parroquiales se han ido desarro­llando notablemente, de suerte que necesitan locales más amplios. Precisamente a eso iba el P. Procurador provincial: a tratar de desalojar del edificio que constituye la residencia de los Padres unas escuelas particulares allí establecidas ya de antiguo.

Después de comer salimos para Ayamonte. La vida espiritual de esta importante población está enteramente al cuidado de los PP. Paúles, con sus dos parroquias de Nuestra Señora de las An­gustias y del Salvador. Frente a la ciudad, y separándola del mar abierto, está la isla Canela, enteramente desierta, excepto dos pequeños poblados en sus extremos, a los que suelen también aten­der los Padres, pero teniendo para ello que atravesar en barca el estero, de unos 100 metros, que separa la isla de tierra firme. Recientemente el Ayuntamiento de Ayamonte determinó urbanizar la isla, y lo primero construyó un puente sobre dicho estero, segui­do de una pista hasta el lado opuesto de la isla, cuyo frente sur constituye una espléndida playa, junto a la que vimos más de un centenar de obreros rellenando el piso, construyendo varias pistas y ya casi terminados dos o tres edificios, rodeados de jardines. Con ello esperan que en pocos años habrá allí un poblado de varios miles de habitantes, y ello exigirá una nueva parroquia, que, como es natural, se nos ofrece a nosotros. Examinados los terrenos y elegido el más conveniente para la futura parroquia, fueron a vi­sitar al señor Alcalde, para exponerle nuestras impresiones y pro­pósitos.

Terminados estos asuntos, a la mañana siguiente, a desandar el camino, ahora sin parar ya en Huelva ni en Sevilla, rumbo al Sur, hasta dar con nuestros huesos, bien asendereados por un au­mento notable del calor, en Jerez de la Frontera, para mí el obje­tivo principal del viaje.

La génesis de esta fundación, que tiene por objeto el régimen de la Parroquia de San Rafael, tuvo, sin duda, su punto de arran­que en la mente del Emmo Sr. Cardenal de Sevilla, Mons. Bueno Monreal, y más especialmente en la de su Obispo Auxiliar, mon­señor Cirarda, en la gran misión que dieron en toda la ciudad de Jerez del 23 de febrero al 9 de marzo de 1964 los PP. Paúles, ayu­dados por Sacerdotes de la Hermandad Misionera y algunos Re­ligiosos. Inmediatamente después de terminar la misión monse­ñor Cirarda pidió al R. P. Visitador que nos encargáramos de di­cha Parroquia, que estaba todavía empezando a actuar, y en con­creto pidió que se encargase de ella el P. Rafael Hernández, que era el misionero que había dirigido la misión en la misma. Efec­tivamente, a primeros de agosto se presentó allá dicho Padre, y antes de finalizar el mes ya tenía el nombramiento de Párroco, así como el de Coadjutores, los PP. Basilio Roldán, que antes de cumplir el año fue nombrado Superior de la Parroquia de San Gonzalo, de Sevilla, y el P. Bocardo, que sigue aún allí. El día 30 del mismo mes y año el mismo Sr. Obispo auxiliar les dio solem­nemente posesión de la misma, como ya se consignó en ANALES, en el número de septiembre.

Se calcula que la Parroquia tiene consignados más de 22.000 feligreses, de ellos, unos 15.000, en el casco de la ciudad, y los de­más, en varios caseríos, algunos alejados varios kilómetros del centro. De ella se escribió al hacerse la reseña de la misión antes alu­dida: «… Comprende toda la barriada de Federico Mayo, vulgar­mente conocida por «el barrio del chicle». Viviendas nuevas, mo­destas, del tipo de bloques protegidos. Gente de aluvión, situaciones irregulares, casas de mala fama, reservadas algunas para los ame­ricanos de Rota. Pero la misión se abrió paso…» Los informes que nos han dado de la condición social son así: un solo rico, 30 por 100 de clase media; pobres sin penuria, otro 30 por 100, y el 40 por 106 restante, con mucha penuria. Familias numerosas en su mayor parte, con habitaciones mínimas y con infinidad de problemas, que los Padres tienen que resolver. Ya se ha dicho que es gente de alu­vión: hace quince años no había ni una casa en todo el territorio actual de la Parroquia. Emigración, más bien provincial y de toda la Andalucía baja.

La iglesia y todo el complejo parroquial, realizado por el Ins­tituto de la Vivienda, aún no estaba terminado cuando se encar­garon los Padres; así que tuvieron que trabajar bastante y buscar aportaciones particulares para completarlo. La habitación de los Padres, pensada a lo más para dos, resulta ridículamente pequeña. En cambio, la iglesia es amplia capaz para cerca de 600 personas sentadas.

El movimiento parroquial va aumentando a buen ritmo. En el año 1965 se ven apuntados en los libros 600 bautizos, 182 matrimo­nios, 90 defunciones, con un 55 por 100 o más de últimos Sacra­mentos —en realidad, nadie se niega a recibirlos—. Las comunio­nes eran al principio sólo tres o cuatro diarias, y unas 40 los do­mingos; hoy las primeras han pasado a unas 30, y las dominicales, a unas 350. A la misa, en el templo parroquial, van unos 1.300, tal vez un 30 por 100 de los obligados. Se dicen en él cuatro misas diarias, y los días festivos cinco, más otras cuatro en varias capillas de los barrios. Dicen que la vida litúrgica está muy próspera.

Cada categoría de personas: hombres, mujeres, jóvenes de am­bos sexos, tienen su Asociación más o menos estable, sin mucha fijeza de actividades. Hasta ahora el número reducido de Padres apenas ha podido satisfacer las necesidades elementales de la Pa­rroquia. Los jóvenes tienen Asociación de Catequistas, que trabajan todos los domingos en cuatro centros y un Colegio. Funciona un centro de Damas de la Caridad, un Dispensario, con un enorme almacén de medicinas bastante bien clasificadas, de la Cáritas parroquial, y una Escuela-Hogar. Los jóvenes de la Acción Cató­lica tienen formado su equipo de fútbol, que el curso pasado que­dó subcampeón de primera regional. Asimismo celebran sus Círcu­los de estudio, para los que tienen una buena biblioteca y su grupo teatral, que incluso ha actuado a veces en el principal teatro de Jerez. Tampoco a los hombres les falta su salón y bar, con varia­dos juegos.

Todas estas noticias las tuve que ir apuntando en la sobremesa, y luego, en un rápido recorrido por la iglesia y los patios y pabe­lloncitos que la rodean. Muchas más cosas nos quisieron enseñar los Padres, pero el tiempo urgía y teníamos que llegar a Cádiz antes de que cerrara la noche.

Con esto podría dar fin a esta poco amena crónica del viaje por Andalucía. Terminaré con sólo unas notas de lo restante. En Cádiz, el asunto por el que iba el P. Procurador ya lo encontramos resuelto. Y como, por otra parte, lo de los terrenos para la futura parroquia parecía que estaba parado, a media mañana nos volvi­mos para Sevilla. Ahora pudimos ver con más detención la Iglesia de San Vicente, que es el monumento conmemorativo del III Cen­tenario de su muerte, y que está también señalada como parroquia, si bien ciertas dificultades suscitadas por la parroquia matriz van demorando su declaración oficial. A pesar de ser pleno verano, la vimos muy concurrida y bastante refrigerada. Por la tarde pudi­mos visitar la Casa provincial de las Hermanas, que está en la misma calle, donde encontramos al P. Emilio Gutiérrez, que ter­minaba su plática de Ejercicios, y saludamos a las autoridades pro­vinciales, y en particular a las antiguas conocidas de Madrid Sor Flora y Sor Rafaela. De allí nos fuimos a visitar a los Padres de la otra Casa, Parroquia de San Gonzalo, a quienes encontramos afanados en remozar su iglesia, pintándola de arriba abajo. Ya de vuelta por el Norte, aún conseguí la detención por una hora para saludar a nuestros hermanos de Écija, pues a la ida habíamos pa­sado de largo, y ver si encontrábamos alguna novedad. Aunque la hora no era muy a propósito : media mañana de un domingo, cuando los Padres estaban muy ocupados en la iglesia, una de las más concurridas de la ciudad, pudimos, sin embargo, saludar al P. Superior y a algún otro, que nos enseñaron sus novedades, principalmente un reciente cuarto de aseo restallante de blancura, en gran contraste con el conjunto del edificio, que es un viejo ca­serón, y asimismo una nueva sala de comunidad, con sus muebles modernos, y hasta con su aparato de refrigeración. Por no llegar a Madrid en una noche dominguera —tan peligrosa por el tráfi­co—, nos quedamos a dormir de nuevo en Andújar, para llegar a casa el lunes con tranquilidad.

Hemos de agradecer a todos el afecto con que en todas partes nos han recibido y la colaboración que de tan buena gana presta­ron todos a nuestros requerimientos. Que el Señor se lo pague y haga que estas notas sean de edificación para lodos.

 

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