Rafael Sáinz Ripa

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros Paúles, Congregación de la MisiónLeave a Comment

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Author: Paulino Sáez, C.M. · Year of first publication: 2010.
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Escribo Sáinz con acento porque él lo escribía con acento.

El P. Rafael Sáinz Ripa es tan conocido en la Congregación de la Misión, que, seguramente, lo más acertado sería dejar el esqueleto de fechas y destinos oficiales y que cada uno los rellenase con sus recuerdos y anécdotas, de todos los colores, por eso de los gustos, pero, con toda seguridad, predominando el blanco.

Voy a hacer una breve semblanza, no libre de sentimientos personales. Aunque intentar comprimir su vida en unas pocas líneas es empresa imposible. No es una biografía ni, mucho menos, una agiografía.

Por supuesto, todos mis respetos para quienes contarían la feria de otra manera.

El P. Rafael Sáinz, a pesar de que no lo aparentaba, era, más bien, frío. Pertenecía a esa clase de personas que ven la realidad con el distanciamiento suficiente como para discernir sin atropellarse. Pero yo le he visto llorar, conmovido por el sufrimiento y la desgracia ajena. Y le he visto tomar decisiones importantes, sin temblarle el pulso, y ahogarse en una gota de agua, de más o de menos, o en el brillo del cáliz. Cosas de los humanos. Capaz de discernir con precisión sobre situaciones difíciles de los demás, y limitado hasta el extremo en algún pequeño discernimiento propio.

El P. Sáinz sabía mucho. A él sí se le puede aplicar el tópico de que era una enciclopedia, en lo referido a la amplitud de sus conocimientos; no a la superficialidad, ya que era profundo, muy profundo: de mente y de espíritu.

Cuando hablaba, y hablaba mucho, nunca a humo de pajas, es cierto que se iba por todos los senderos, para describir abundantemente, y había que obligarle a volver al camino principal para que la acción avanzase. No se molestaba y volvía, vez tras vez, a otros senderos secundarios. Pero fuera lo que fuese de lo que hablara, siempre tenía un juicio-comentario oportuno para cada persona y una anécdota jugosa para cada lugar. Tenía una memoria prodigiosa, una mente profunda y una expresión clara.

Por su cargo de Vicario General, y por su capacidad de asimilación, recordaba a todas las personas  y todos los lugares. Y contaba y contaba… Daba igual que se tratase de una Asamblea General que del encuentro más pequeño en el rincón más apartado del mundo. Daba detalles, recorría los procesos, enjuiciaba con precisión y siempre dejaba a salvo las personas. A lo sumo, una pequeña y medio maliciosa sonrisa, como unos puntos suspensivos, incomprensibles para los oyentes.

El P. Rafael Sáinz, con sus defectos, era un buen hombre, un buen misionero y un buen gobernante. Y tenía algún otro «buen» apelativo que silencio.

Su hoja de servicios está repleta, tanto  para la Congregación de la misión como para las Hijas de la Caridad: Escritos profundos, abundantes traducciones, Ejercicios a Padres y Hermanas… Somos muchos los que hemos degustado su sabiduría y su espíritu vicenciano.

Nació en Viana (Navarra) el 17 de noviembre de 1926. Cursó los estudios de Humanidades en Pamplona (años 1938-1942) y en Murguía (Álava) (1943). Este mismo año, el 22 de septiembre, era admitido al Seminario Interno en Madrid-Hortaleza. Allí realizó los estudios de Filosofía (1944-1947). En Cuenca estudió la Teología (1947-1950). Emitió los Votos el 27 de septiembre de 1945. El 9 de septiembre de 1951 fue ordenado de presbítero por Mons. Lisson, C.M. en Madrid.

Comenzó su ministerio en la Escuela Apostólica de Tardajos, el curso 1950-51; y el año 1952 obtuvo la Licenciatura en Teología en el Angelicum de Roma. Este mismo año es destinado, de Profesor, a Londres-Potters Bar. Pero vuelve enseguida, este mismo año,  a  Hortaleza-Madrid, como profesor y subdirector de los Estudiantes. En el año 1957 es destinado a Cuenca como profesor y Superior de la comunidad del Teologado. Volverá a Londres el año 1960, y permanecerá allí hasta 1968, alternando con alguna estancia en Salamanca, donde también ejercía de profesor.

Ese mismo año, 1968, es nombrado Vicario General de la Congregación de la Misión, cargo en el que permanecerá hasta 1980. Le tocaron tiempos de renovación, de volver al espíritu fundacional y fijarlo en las Constituciones y en la vida. Durante estos años, conoció y amó profundamente a la Congregación y a todos los misioneros con los que se encontró en todos los lugares del mundo.

Vuelta a España, es nombrado Superior de la comunidad del Estudiantado, en Las Arenas. Allí estuvo durante los años 1980-1982.

Y el año 1982 es nombrado Visitador de la Provincia de Zaragoza, cargo que desempeñó hasta 1988. Lo dicho sobre su amor a la Congregación y a los misioneros de todo el mundo, lo podemos decir, con la misma razón, de la Provincia y de todos los misioneros de Zaragoza. Me parece oportuno resaltar su empuje a las Misiones Populares. Es cierto que la Provincia se ha volcado desde siempre en este ministerio, pero a él se debe un plus en la conformación de las estructuras para hacerlas más operativas. Tal vez, él era más de cátedra que de púlpito, pero, conocedor de los ministerios más específicos, avivó el primero de todos y participó también en él. El año 1988 vuelve a los comienzos, formador de jóvenes, ya que es destinado a la Etapa de Acogida, en Zaragoza-Casablanca. Allí permanece hasta el año 1991.

Ese año es nombrado Superior de la Casa Provincial, en Zaragoza-Boggiero, donde permaneció, también después de los seis años de Superior, ejerciendo diversos ministerios; especialmente en la atención a las Hijas de la Caridad. Y, para no olvidar una de sus facetas más importante, seguía impartiendo clases a las Hermanas del Seminario de la Provincia de Pamplona.

El año 2004 pasó a la casa de Pamplona, donde continuó trabajando en diversos ministerios, hasta que la enfermedad le impidió ejercerlos.

Un cuadro grande, pero lo llena muy bien el retratado.

El P. Rafael Sáinz Ripa falleció en Pamplona el día 6 de abril de 2010. Descanse en paz. ¡Aleluya!

P. Paulino Sáez, cm.

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