Polycarpe Ferrari (1673-1744)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1903 · Source: Notices, IV.
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   El 5 de diciembre de 1744, nuestra casa de Cazal, o Casale, vio morir en su seno a un anciano misionero, al Sr. Polycarpe Ferrari, recomendable por los grandes servicios que ha prestado en las funciones de la Compañía, y más aún por sus raras virtudes con las que ha sido constantemente edificada.

Nacido en Bruno, diócesis de Acqui, en el Monferrat, el  29 de diciembre de 1673, había sido recibido en el seminario de Génova el 17 de enero de 1773.  Débil durante varios años, entre todas las virtudes que concurrieron a formar el carácter de este querido difunto, y cuyos ejemplos ha multiplicado en el curso de sus debilidades, ha sobresalido su perfecta resignación a la voluntad de Dios. Enemigo en extremo de la duplicidad, era universalmente conocido y estimado como hombre recto y sencillo, él lo era singularmente de los religiosos de Santo Domingo que habían tenido que tratar a menudo con él. Su profunda humildad se ha visto en el gran horror  que ha manifestado siempre hacia el orgullo, vicio contra el cual declamaba con mucha vehemencia, no pudiendo comprender, como lo decía con frecuencia, cómo se olvidaban personas de la comunidad hasta hacerse culpables, deseando distinciones y preeminencias, en la misma escuela de la humildad. Sintió siempre por el honor de Dios un gran celo que le ha hecho emplearse sin tregua en la salvación del prójimo en las diversas funciones de su estado. Ha dado durante varios años un gran número de misiones en diferentes provincias, todas, por la gracia de Dios, con abundantes frutos, muchas igualmente consoladoras por sucesos singulares y brillantes conversiones. El Señor derramaba las mismas bendiciones  sobre su celo en la dirección de los ejercitantes, bien eclesiásticos bien laicos. Había recibido del cielo el don de hablar fácilmente, de una manera sólida, práctica, familiar, según nuestro método, pero tan propia y eficaz, que sus oyentes quedaban sorprendidos y convencidos por igual. Este talento tan útil se notaba  de una manera especial en el modo de explicar las epístolas de san Pablo, a los eclesiásticos de la ciudad, de los que varios honran todavía su recuerdo hoy, por las grandes alabanzas que no cesan de dar a su ciencia y a su facilidad.

El deseo de cooperar después de su muerte en los bienes de las misiones y de los ejercicios, cuyos abundantes frutos había recogido en sus trabajos le habían  consolado tan frecuentemente, le ha hecho dar a la casa de Casale 1.000 libras de fondos, a cargo de una misión cada diez años, en el burgo de Bruno, su patria. Le ha dejado asimismo 100 escudos romanos y más, para ayudar a tener libros propios para uso de los misioneros y de los ejercitantes. Al gran celo de la salvación de las almas del que se sentía animado se juntaba un ardiente amor del honor de la Congregación y un parecido deseo de procurar su bien espiritual y temporal. Los cuidados y los trabajos que ha soportado para la fundación de la casa de Casale no permiten dudar de su verdadera afición por los intereses de su estado. Tan hermosas disposiciones, tras una vida edificante y virtuosa, dan lugar a creer que Dios no ha terminado sus días aquí abajo, más que para hacerle  gozar de los de la eternidad. – Anciennes Relations, p. 572.

 

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