Nacido en Verdun, en la diócesis de Montauban, de Francia, el hermano Pierre Sirven fue recibido en París como coadjutor en la Congregación de la Misión, el 12 de marzo de 1640.
Sirvió a Dios con fervor durante veinte años y se mostró como uno de los modelos entre los discípulos de san Vicente. Es el propio santo quien nos ha trazado en estas pocas líneas el elogio del admirable hermano, al anunciar su muerte ocurrida el mes de julio de 1660, en la casa de Sedan, de la que formaba parte:
«Dios ha querido, escribía san Vicente, privarnos de uno de nuestros mejores Hermanos, se trata de Pierre Sirvent, que era en Sedan la regla viviente de la Compañía: hombre prudente e inteligente, bienhechor para todo el mundo, que se entregaba de buen grado al alivio de los pobres enfermos y al consuelo de los afligidos. Toda la ciudad, que le quería mucho, ha testimoniado un gran pesar por su privación, incluso los herejes, que se sentían movidos por su modestia y su caridad. Tenemos todas las razones para creer que Dios ha coronado su alma en el cielo, dándole el reino que ha preparado a sus hijos, que ejercen en la tierra las obras de misericordia, como lo ha hecho este su siervo«.







