Pierre Delseaux (1690-1742)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1903 · Source: Notices, IV.
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El Sr. Pierre Delseaux, nacido en Tranoy, diócesis d’Arras, el 18 de mayo de 1690, recibido  en París  en nuestro seminario el 23 de setiembre de 1708, murió en nuestra casa de Toul el 24 de setiembre de 1742. Hizo durante diez años las funciones pastorales en la parroquia de Saint-Amand con luz, con celo y con un cuidado de los pobres que ha sido sin duda de gran mérito ante Dios. Acababa de hacer  en la iglesia las preces por un agonizante, cuando fue atacado de repente por una apoplejía que resistió a todos los cuidados; y se vieron obligados a tocar para para hacer por él las mismas oraciones que acababa de hacer por otro. Muy celoso por la gloria de Dios y por la santificación de las almas, muy afecto a su estado y a sus verdaderos intereses: tal fue su carácter. Prudente, firme, ilustrado, dispensaba con prudencia las cosas santas, y no daba más con discernimiento los sacramentos. Instruido en las buenas reglas de la penitencia, las observaba con los pecadores. Igualmente alejado y de una severidad extrema que exige demasiado, y de una blanda indiferencia que no pide bastante, era firme en los casos de demora, era caritativo para no echar a la desesperación, y se mostraba siempre compasivo. Su devoción hacia la eucaristía se ha visto en el profundo respeto que le llevaba y en su celo por reanimar la cofradía del Santisimo Sacramento casi olvidada. Estableciendo la de los Agonizantes, una de sus intenciones fue la de comprometer al público a acompañar a Nuestro Señor, cuan se lleva a los enfermos. Era también para honrarle como debe serlo en nuestras iglesias, donde tenía un gran cuidado por la decoración de los altares, y que él enriquecía de buen grado la sacristía, procurándole ornamentos, bien con sus propios dineros, bien con los donativos que solicitaba. En cuanto a la administración del sacramento del matrimonio, que es a menudo la cruz de los pastores, exigía que se prepararan cristianamente. Su exactitud en este punto ha provocado a veces quejas; pero Mons. el obispo, prelado igualmente prudente e ilustrado, ha tomado su defensa  y dado testimonio de que su celo era según la ciencia. Conocía perfectamente la parroquia; todos los años la visitaba, con el libro y el dinero en la mano, pues tenía un catálogo exacto de las necesidades espirituales y temporales. Vigilaba las escuelas, persuadido de que la educación cristiana de los niños es el principal medio de conservar su inocencia. Dotaba de leña la escuela de las pobres niñas, pagaba la de muchos niños. La juventud de uno y otro sexo tenía en él a un vigilante atento y entregado. Por último el establecimiento de la cofradía de los Agonizantes, para preparar a los enfermos a la muerte, -cofradía suscitada por sus cuidados y hecha muy fervorosa,-es en Saint-Amand un precioso monumento de su celo por la salvación de las almas.

Sentía por su estado un apego inviolable, y su devoción a san Vicente llegaba hasta la ternura. Humilde y obediente, su superior encontraba en él a un hombre sumiso al menor signo de su voluntad. Le proponían algo, si se permitía alguna advertencia modesta, no dejaba de añadir: » Será lo que usted quiera «. Esta humilde disposición de espíritu y de corazón, con el celo sincero que le quemaba por la gloria de Dios, nos hace creer que gozó de él en el seno de sus misericordias. – Anciennes Relations, p. 449.

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