Nuestro Señor ha dispuesto en su infinita sabiduría y Providencia de nuestro querido Sr. Bouilly. El 13 de febrero de 1656, un poco antes de mediodía, se vieron en él algunos síntomas de indisposición, y a pesar de las precauciones tomadas a este respecto fue atacado de apoplejía el miércoles a las cuatro de la tarde. Por suerte se hallaban allí algunos cohermanos que al punto enviaron a buscar al médico. Pero este no pudo llegar hasta las ocho de la tarde; pasó a su lado toda la noche para aplicarle remedios contra la parálisis que se había apoderado del lado izquierdo. Todos los remedios fueron inútiles. Al ver que su mal aumentaba le sugirieron el pensamiento de hacer su testamento y recibir los últimos sacramentos ya que por la gracia de Dios gozaba todavía de sus facultades. Se dispuso en efecto a recibir los sacramentos. Y lo hizo esa misma noche. Luego hizo el testamento que se terminó a las diez horas de la noche, y como las disposiciones son todas a la gloria de Dios y provecho del prójimo y demuestran su gran amor a Dios y a las almas, se ha pensado conveniente referirlo aquí. Instituyó como heredera a la Redención de los esclavos, -es una obra a la que se dedican los Sacerdotes de la Misión en Berbería,- e instituyó como ejecutor testamentario al Superior general de la Congregación de la Misión para para emplear en esta obra buena las rentas de sus capitales. Expresaba en su testamento que los esclavos que se rescataran serían designados por sus cohermanos Misioneros que se hallaban en Argel. Este testamento debía ser enviado lo antes posible a París para ser entregado en propias manos al Superior general. Además, antes de hacer su testamento, había pasado también una procuración a un sacerdote de la casa para recuperar un capital considerable con sus intereses que estaban colocados en el Monasterio de las religiosas de Monticelle y que no confiaba o casi poder recuperar. No obstante en el caso en que pudiera ser recuperado se lo daba verbal y espontáneamente a la casa de Valfleury como lo había intentado hacía tiempo. Por eso nuestro hermano Damien ha estado el otro día a reclamar esta suma en el Monasterio y se ha traído lo que pudo obtener.
Después de hacer su testamento no pensó otra cosa que unirse a Dios y ejecutar bien el paso a la eternidad. Media hora después recibió el santo viático con una gran piedad y con pleno conocimiento. Al día siguiente por la mañana se le administró la extrema unción y se le hizo la recomendación del alma durante la cual expiró tranquilamente: Mortuus est plenus dierum.
Las virtudes principales que nuestros cohermanos han advertido en la persona del Sr. Bouilly son numerosas, y en particular era de un natural pacífico y moderado ; se mostró siempre igual a sí mismo y tranquilo en todas sus acciones, se hacía de buena gana todo a todos para ganarse a todo el mundo para Dios. Fue verdaderamente piadoso y devoto y especialmente celoso por el servicio divino. Fiel a todas las inspiraciones de la gracia mostraba una devoción particular y un profundo respeto por la majestad de Dios, sobre todo cuando rezaba el oficio divino; le gustaba recitarlo de rodillas con la cabeza descubierta, incluso en los mayores fríos del invierno.
Su conducta fue un signo manifiesto del amor que ha tenido siempre a la Congregación como a una tierna madre. Las ventajas temporales que ha procurado a todas las casas por las que ha pasado manifiestan qué buen corazón tenía. Pero demostró más fidelidad aún y no sin gran esfuerzo para ayudar espiritualmente a toda la Congregación. Su celo por la salvación de las almas ha brillado en su asiduidad en el confesionario hasta una edad muy avanzada. Ha brillado su amor a los pobres procurando recoger para ellos lo que podía, y dejando en testamento con qué hacerles abundantes limosnas después de su muerte. Por último su mortificación le hacía encontrar bueno lo que le daban.
Estaba lleno del espíritu de nuestro santo Fundador en compañía de quien confiamos que se encuentre para alabar, bendecir y dar gracias a su Creador. – Anciennes Notices manuscrites.







