P. Manuel González Ruiz

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Tomado de www.paulessalamanca.es · Year of first publication: 2010.
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Biografias PaúlesEl día de Ntra. del Carmen, 16 de julio de 2010, en la enfermería de los Padres Paúles de Santa Marta de Tormes, Salamanca, a las 15,45, el P. Manuel González Ruiz, nos dejó para entrar en la casa del Padre, después de casi cuatro años de situación de dependencia total por razón de enfermedad.

El P. González Había nacido en Soutomanco-Trasalva, en la Provincia de Orense, el 6 de octubre de 1922. Sus padres fueron Antonio y María. Él fue el primero de seis hermanos: Manuel, Luis, José Benito, Benigna, Eduardo y Antonio.

Inició su formación sacerdotal en el Seminario Diocesano de Orense, Ervedelo, y en 1937 pasó a nuestra Apostólica de Limpias para hacer 5º de Humanidades. En septiembre de 1938 inició el Seminario Interno en Tardajos (Burgos), lo continuó en Villafranca del Bierzo (León), y lo terminó en Hortaleza (Madrid). Los estudios de Filosofía los realizó en Hortaleza y los de Teología en Cuenca, en el Seminario de San Pablo.

Se ordenó de diácono el 8 de junio de 1947 de manos de Mons. Inocencio Rodríguez Díez, en Cuenca. El 29 del mismo mes y año fue ungido sacerdote por le mismo Sr. Obispo de Cuenca, en la Iglesia de San Pablo.

En el mismo año, en septiembre de 1947, fue destinado a Hortaleza, el Seminario de Filosofía, como profesor. En 1950 pasó a Cuenca al Seminario de Teología. En 1951 volvió a Hortaleza y al año siguiente, 1952, pasó de nuevo a Cuenca, en donde estuvo hasta el final del Teologado en esa ciudad de las casas colgantes, 1957. En septiembre de este año, con toda la comunidad, pasó a Santa Marta de Tormes, Salamanca, iniciando la vida del nuevo Teologado en esta entonces pequeña villa salmantina.

En 1983 fue destinado a Sevilla, Pagés del Corro, con harto sentimiento suyo, aunque a los dos días de haberse asentado en la ciudad del Guadalquivir ya estaba encantado. La urbe giraldina le quitó todos los pesares.

El 2006 le dio una embolia que le paralizó la mitad de su cuerpo y le declaró totalmente dependiente. Después de unos días en el Hospital, fue llevado a la Residencia de Hermanas Mayores, María Reina, de Pino Montano, propiedad de la Hijas de la Caridad, que le atendieron de mil maravillas, de manera extraordinaria. Una vez montada la enfermería de Santa Marta de Tormes fue traslado a ella en septiembre de 2007. Aquí fue atendido con los mejores cuidados por el personal de enfermería y por la comunidad de nuestra Casa Provincial.

De la vida del P. Manuel González destacaría varias cualidades que resaltaron de una manera especial:

Fue profesor, un profesor de su época, competente, estudioso, entregado y siempre a disposición de los alumnos. No había quejas de él. Recibí enseñanza suya en Cuenca y en  Santa Marta de Tormes, y puedo decir que estábamos contentos. Entonces la enseñanza consistía en explicar un texto por parte del profesor y el alumno debía entenderlo y asimilarlo. El P. González solía llevar a clase una pequeña rima de libros, además del manual de teología o de liturgia, que ponía a su lado derecho, y de vez en cuando, los abría y leía un pasaje del autor respectivo, sobre todo de Santo Tomás, para apuntalar algunas de sus afirmaciones.

Fue un magnífico confesor allí en donde estuvo destinado. Entre los estudiantes, en las casa de formación de filosofía y de teología, pero sobre todo, entre las Hijas de la Caridad. Las casas de Hermanas de la Provincia de Salamanca, de Zamora, de León, de Sevilla, le recuerdan con cariño, por sus atenciones, sus consejos y  su buen hacer. Eran famosas sus correrías apostólicas en el Ranualt «cuatro latas», en la década de los sesenta, hasta que se le estropeó y después en el 6OO que le regaló la Visitadora de la Provincia de San Vicente. Al llegar a Sevilla continuó con esa tarea tanto entre las Hermanas como en la Iglesia de San Vicente de Paúl. Estaba puntual siempre en su confesionario para atender a los fieles que acudían a él, que eran muchos. También de misioneros fue confesor  y consejero, de ello han dado testimonio los Padres Rodríguez Paniagua y Luis Huerga.

Era una persona profundamente comunitaria. Amaba a la comunidad, vivía en ella con gozo, cuando estaba fuera deseaba volver cuanto antes para estar con sus compañeros. Aunque la puntualidad no era su fuerte, la asistencia a los actos de comunidad era un hábito que conformaba su vida. Era dicharachero, bromista, hablador, servicial como pocos, siempre dispuesto a enseñar la ciudad en donde estuviera a los que venían de visita, o llevarlos a la estación. Profundamente piadoso, de fe arraigada, de convicciones seguras, humilde, caritativo, sencillo, en definitiva un misionero cabal.

En la enfermedad fue un ejemplo para todos. El personal de servicio le ha querido mucho, por su bondad, su cariño, su paciencia, su actitud agradecida. Nunca se quejaba, era agradecido a las atenciones. Cuando le visitabas te cogía la mano, te la apretaba en señal de afecto y no te soltaba. Era, en una palabra, un muy buen enfermo. No en vano había sido enfermero de comunidad en muchos sitios, estaba acostumbrado a tratar a los enfermos y eso le sirvió para ser buen enfermo. Por otra parte, ya en Cuenca, siendo estudiante de teología. había sufrido vómitos de sangre, a consecuencia de lo cual le cortaron parte del estómago, en un Hospital Provincial bastante primitivo de aquella época.

Pedimos al Señor por su alma y que lo acoja en su seno. Descanse en paz.

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