Nació el padre Prol el 19 de agosto de 1923 y falleció el día 22 de ju lio de 2014. Tenía, pues, 91 años.
Hace un año que el padre Visitador destinó al padre José Prol a la enfermería de la comunidad de Salamanca. Atrás quedó una dilatada vida entregada a los pobres en la Congregación de la Misión, dedicado principalmente a la evangelización en misiones populares y en nuestras antiguas parroquias de Huelva y Gijón; últimamente en La Coruña.
Si pensarnos en la vida de un misionero paúl, cuánta bendición y cuánto bien, como nos dijo San Vicente de Paúl, podemos hacer a lo largo de nuestra vida; alentando tantos corazones afligidos con la Palabra de Vida; curando corazones desgarrados con el bálsamo de la misericordia; transmitiendo luz y esperanza en medio de un mundo lleno de oscuridades. Y todo esto en el quehacer de cada día, por pura misericordia divina,-contemplando atónitos la grandeza del Dios de la Vida que nos ha elegido para ser testigos de su amor en medio de los hombres.
Por ello, la vocación es don, que nos viene de lo alto, sin merecimiento por nuestra parte, y tiene la fuerza del Espíritu para renovarnos y configurarnos en Cristo, para poder ser, de esta manera, luz y fermento en el mundo.
Al marcharse el padre Prol, se nos va un compañero, un padre, un misionero; pero en medio de la tristeza brota la alegría de la feliz resurrección; y nos alegramos contigo en el Señor, porque desde el cielo seguirás trabajando por la evangelización de las almas, porque el misionero no muere, igual que la evangelización no se detiene. Si el grano de trigo no muere, nos dice el Evangelio… Esa es la vida de un misionero paúl, morir cada día a sí mismo, dándose a los demás, para ser en Cristo.
Como el sembrador, saliste por los caminos y pueblos a esparcir la semilla de la Palabra. ¡Qué tiempos aquellos! Tarea fatigosa, llena de dificultades y con pocos medios, pero con mucho celo apostólico, con mucha ilusión y fe, y mucha respuesta por parte de las gentes. ¡Mucha tierra buena! Hoy, han cambiado los medios y la respuesta de las gentes, pero seguimos sembrando con mucho amor y esperamos esa buena cosecha. Ahora, desde el cielo, podrás contemplar las grandes extensiones que sembraste en tu vida de misionero, incluso podrás contemplar las que dieron fruto, porque tu visión es ya la de los resucitados en el Señor.
Adiós padre Prol. El Señor te eligió para la Vida, y la viviste y trabajaste como buen obrero; ahora, goza ya de la vida eterna, y fúndete en ese abrazo que no tiene fin con el Dios de la misericordia. Descansa en paz.
Anales Madrid, 2014







