P. José Gómez Pérez, C.M.

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: · Year of first publication: 2014 · Source: Anales Madrid.
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Biografias PaúlesNació el padre José Gómez el día 18 de septiembre de 1920, y falleció, con casi 94 años, el 28 agosto de 2014.
Damos gracias a Dios por la larga y fecunda vida del padre José Gómez, pues, como le gustaba decir a San Vicente, «ya pasó a la Misión del Cielo».
Le decimos adiós. Adiós, qué palabra más hermosa para los creyentes. No le veremos más en la tierra, pero nos brinda una cita en el Cielo. Lo sabemos bien quienes celebramos con frecuencia en la Eucaristía el triunfo de Cristo sobre la muerte, prenda de nuestra propia resurrección. Este es el secreto que el Padre ha revelado a la gente sencilla, del que nos habla el Evangelio de Mateo: «Te alabo, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos» (Mt 11,25). Quien escucha y sigue a Cristo encuentra descanso y paz, encuentra «la esperanza que no defrauda» (Rm 5). Por eso, el pensamiento de la misericordia de Dios y de su providencia paternal nos consuela.
La sociedad institucionaliza muchas formas de servicios. Pero a veces falta en ellos el amor gratuito y paciente. Éste fue el carisma del P. Gómez, pues siempre quiso representar a Jesús entre los demás, viviendo y repartiendo un amor a fondo perdido, desinteresado, perseverante. Así vivió este hombre de Dios a lo largo de 94 años menos 20 días, aunque por muchos que sean los años, no deja de ser verdad aquello del papa Juan XXIII: «liemos venido a este mundo a estar un rato, para marchar luego, de nuevo, al Cielo». Los santos vivieron con esa convicción. Él dejó aquí mucho cariño, en todos los destinos que tuvo y que siempre recordaba con agrado, sobre todo los 13 años en Canarias, los 18 en Ecija, la ciudad de las Torres, y los 29 en Sevilla.
Hombre metódico, observante hasta la última tilde de las Reglas Comunes y las Constituciones; estudioso, de conciencia delicada, de corazón agradecido, con una mente lúcida y prodigiosa hasta el último día, y muy buen enfermo.
Había nacido en Cristosende, un pueblecito de la provincia de Orense. Allí fue agraciado, a través de su familia, con el don de la fe y con el don de la devoción a la Virgen, pues vivía no lejos del Santuario de los Milagros, en donde mañana mismo comienza la Solemne Novena, y en cuya Escuela Apostólica inició la andadura como Paúl. Es que la fe heredada de la familia llega al corazón con una riqueza muy grande. De ahí su bondad, su equilibrio, sus convicciones interiores de buen cristiano, su sencillez y humildad, nada propenso a protagonismos, como un auténtico misionero paúl.
Antes de terminar estas reflexiones, deseo dedicarle unos versos prestados, que, en forma de oración, adquieren profundo sentido en sus labios yertos. Dicen así:
Señor, llegada la hora de mis cuentas presentar
mira, las tiene tu Madre, para mi tranquilidad.
Pídeselas, pues, a Ella, que Ella te las dará
ya limpias y corregidas, con toda seguridad.
Yo segaré tus trigales, todo el día sin parar
Y cuando llegue la noche y tú me quieras pagar,
no preguntes mi salario, dame tu amor por jornal.
Que yo te sirvo de balde y no quiero nada más.

Anales Madrid, 2014

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