Nació en Palma de Mallorca el 5 de junio de 1778. Cursó con mucha brillantez los estudios eclesiásticos y obtuvo el grado de doctor en Teología. Nombrado canónigo de la Catedral de Lima en el Perú, se manifestó como hombre de mucha cordura y ciencia en los casos difíciles de moral y derecho canónico, siendo por ello muy consultado. El 2 de julio de 1824 tomó posesión en la Catedral de Mallorca del canonicato vacante por muerte de D. Onofre Barceló. fue también Vicario general de la diócesis. Ingresó en la Congregación en la casa de Barcelona el 27 de septiembre de 1829. El 25 del mes siguiente llegó con otros novicios a la de Madrid. A pesar de su edad y de los importantes cargos desempeñados, se sometió con admirable sencillez y humildad a la dura disciplina del noviciado. Además de trabajar con celo en las primeras misiones que dió la casa central, se ocupó también en los ejercicios a ordenandos y a toda clase de personas. En 1835 pasó a Francia y fue muchos años profesor de Teología en nuestra casa generalicia, dejando allí, como en todas partes, fama de hombre virtuoso, bueno y sabio. Por entonces trabó íntima amistad con el insigne Masarnau, quien, después del abate Badiche, tuvo constantemente por confesor al P. Cerdá. En 1846 se resintió bastante su salud, y el P. Codina se apresuró a escribir al P. General para que lo enviara a España, a ver si se ponía mejor. Así lo hizo el P. Etienne, y en septiembre de dicho año llegó el P. Cerdá a San Sebastián. El P. Codina fue inmediatamente a verle y le encontró muy postrado. Pero no pudiendo permanecer mucho tiempo a su lado, llamó de Sangüesa al P. Roca, con el fin de que le asistiera. De nada valieron los mil cuidados que con él se tomaron: entregó su alma a Dios el 16 de diciembre del mismo año. (ANALES, t. XXXVIII, p. 580).
P. José Cerdá







