P. José Barceló Morey (en memoria)

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Author: Joan Sonet · Year of first publication: 2013 · Source: Butlletí Provincial (Barcelona).
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P.-JOSÉ-BARCELÓ-RESTOS-PEDRO-BORGUNY1-225x300Una vez más se me ha ofrecido, la opor­tunidad de redactar la biografía de un Mi­sionero recién fallecido. Esta vez a petición del Visitador P. Enrique Alagarda, en la primera entrevista que tuvimos después de su retorno de Palma de Mallorca, donde el día anterior 9 de abril había presidido los ac­tos del sepelio y Misa Exequial del benemé­rito P. José Barceló Morey, fallecido a los 8 de la tarde del día anterior, ya hospitalizado desde hacía pocos días.

Para empezar me atrevo a decir que a mi parecer se trata de uno de los Misioneros más preclaros, activos, edificantes que ha tenido la Provincia de Barcelona, con una sed insaciable de investigación acerca de temas relacionados especialmente con los Orígenes de la Provincia y otros muchos temas vicencianos. Además de su enorme celo apostólicos desarrollado sobre todo en la Misión de Honduras. Seguro que los múl­tiples escritos publicados por este incansa­ble misionero en ANALES C.M. y en nues­tro BUTLLLETI IMFORMATIU harán que su nombre sea reconocido por la mayoría de los lectores tanto de nuestro país, como latinoamericanos que lean esta crónica. In­diquemos brevemente sus inicios vitalicios. El P. Visitador, cuando ya casi daba por terminado este estudio, me ha entregado dos largos folios con la biografía que el mismo P. Barceló había escrito, no debía hacer muchos años, y que una breve parte de ella iré intercalando. Fue el menor de padres realmente cristianos» . Nací (el día 1) en el mes del rosario de 1928 en el tranquilo y agrícola pueblo de Bonnany, de padres realmente cristianos», en la Isla de Mallor­ca que tantísimos misioneros ha dado a la Congregación. Recordemos que la tercera Fundación de la C.M. en la Península fue erigida el año 1736, con los fines específicos de dar Misiones Populares y Ejercicios Espi­rituales al clero. Según su biografía propia, «la primaria la realicé en la escuela pública y parroquia» donde de los 6 a los 10 años fui cantador de la iglesia; cantaba con absoluta naturalidad la misa de Requiem, de Angelis, Tertia, Completas dominicales, todo en latín y casi de memoria». El futuro mision­ero paúl, después de haber sido aconsejado por el P. Francisco Mas. «A los diez años mi padre me pasó a la Escuela Apostólica de la Misión de Palma…» A los 16 años el ya maduro joven José Barceló junto con otros 5 compañeros embarcaron hacia Barcelona para ir a empezar los dos años de Noviciado en Espluga de Francolí, el tradicional día 7 de septiembre.

Entre otros recuerdos de mi convivencia con el modélico Hno. Barceló, me ha quedado en el recuerdo su aspecto que le distinguía como una persona sencilla, afable, experimentada. Fue un gran aficionado no sólo a la música cantada, como hemos mencionado, sino tam­bién tocada: órgano y piano. Nos deleitaba sentirle tocar escogidas piezas de piano a 4 manos, en las varias veladas que teníamos durante el año.

Su ordenación sacerdotal, tuvo lugar el día 15 de marzo 1953, fiesta de Sta. Luisa de Marillac de manos de Mons. Emilio Lisson, C.M., siempre dispuesto a conferir las Ordenes Menores o Mayores cuando se le solicitaba. «Comenzaba mi etapa de adulto el 19 de marzo, festividad de San José, ono­mástico de mi abuelo, de mi padre y el pro­pio; canté con gozo la Primera Misa en mi pueblo natal, Estuve una semana y luego, con gran pena para todos, para Barcelona donde tomaría por primera vez el avión de hélice, con los compañeros PP. Juan Company y Pa­blo Sans, camino de San Pedro Sula, el 15 de abril, vía Madrid-Habana-San Pedro-Sula­ Tegucigalpa… Los nueve años vividos en el Seminario me enriquecieron mucho intelec­tual, humana y responsablemente».

Llegados a San Pedro Sula se dirigieron en seguida al Seminario Interdiocesano de San José de Tegucigalpa, El P. Visitador había es­cogido a aquellos tres misioneros para unirse a varios padres ya en la Misión, encabeza­dos por el P. Mariano Pérez, Los Profesores hicieron sus reuniones de programación el I de mayo, con la participación del Arzo­bispo Mons. José de la Cruz Turcios y el Vi­cario General . «Con toda ilusión y esfuerzo diario, propio de la juventud, me entregué a la delicada tarea de la formación sacerdotal. Con muchas clases diarias entre los seminar­istas grandes y chicos. Prefecto de disciplina de los minoristas, historia, Escritura bíblica, música, coro musical… La satisfacción de haber de haber hecho cuanto pude y pre­parando un grupo de jóvenes hondureños al sacerdocio, que hoy sirven en sus pueblos, me llena de gozo.

Tras 3 meses de vacaciones en España, a principios de 1962, deseoso de convivir con su amado padre y hermanos, el P. Barceló volvió a Honduras, primero ayudando en los ministerios de la Catedral, y muy pron­to escogido como encargado de la extensa Parroquia de San José del barrio Medina, ayudado por el también muy celoso P. Juan Civit como vicario. El II de Diciembre del septiembre Mons. García Villas le nombraba párroco. Se trataba de una parroquia muy extensa, 30.000 habitantes con media doce­na de barriadas algunas todavía sin iglesia. Con su vicario construyeron tres iglesias y un gran salón escolar apto para toda clase de actividades. Ambos se veían obligados los domingos a celebrar 4 o más misas. Los barrios eran habitados mayoritariamente por obreros y clase media de la ciudad; campes­inos en las aldeas, con un millar de feligreses practicantes, con siete Asociaciones parro­quiales. Fomentó el acercamiento de la clase obrera a la religión, mediante la Hermandad de Jesús Nazareno, que llegó a tener un cen­tenar y medio de miembros de ambos sexos. con actividades lúdicas incluidas, en las que no podían faltar los partidos de fútbol.

 

El año 2003 fue destinado a Palma de Mal­lorca, sin ningún cargo en particular, pero no podía quedarse sin prestar su ayuda en las actividades tanto en la iglesia, como fuera de casa. El P. Barceló demostró una gran simpatía con los «exalumnes de la Missio» con quienes se prestaba a dialogar y aconse­jar con cuantos se lo pedían sin que faltara nunca a las Reuniones que eran organizadas anualmente. Siempre que el tiempo se lo permitía, lo empleaba a la lectura, escritura, a publicar o archivar datos vicencianos en su ordenador.

Al finalizar esta biografía me he enterado que la mencionada historiadora y escritora Sor Rosa Mendoza había ido a visitar al P. Barceló, a quien tenía una gran amistad, sin duda para saber de su estado de salud y di­alogar acerca de asuntos relacionados a la C.M. o de las Hijas de la Caridad.

El Día de la Provincia de este año, en la Fi­esta de la Conversión de San Pablo de este año, era tradicional que fueran homenajea­dos y participaran en la concelebración de la Eucaristía, junto con el P. Visitador, los Padres que conmemoraban alguna efeméri­des especial de vocación o sacerdocio. Ellos fueron el P. José Barceló quien pronto cel­ebraría los 60 años de ordenación sacerdotal y 50 el P. Gaspar Sastre.

El día 15 de marzo, la celebración fue en la tricentenaria iglesia de nuestra Casa de Pal­ma, con asistencia de toda la Comunidad y algunos representantes de las otras Comunidades, con la presencia de un gran grupo de Exalumnes de la Missió.

Quien iba a decir que poco pocas semanas más tarde muestra iglesia de Palma de Mal­lorca volvía llenarse para asistir a la Eu­caristía del Funeral de nuestro muy amado y reverenciado por sus cohermanos, y per­sonas que le habían conocido. Hacía algún tiempo que el P. Barceló se quejaba de do­lores cada vez más intensos y que casi ya no le permitían andar sin apoyo. Estos dolores empeoraron pocos días antes del 8 de abril y fue llevado al hospital, lugar donde el Se­ñor de la Vida le tenía destinado entregar su alma al Creador.

Creo que la mejor manera de dar fin a esta más o menos extensa Biografía, es dando gracias al Dueño de la Mieses, por haber regalado a la Provincia un misionero tan al estilo de San Vicente, fiel a las 5 Virtudes propias: Sencillez, Humildad, Mansedum­bre, Mortificación y Celo por la salvación de las almas.

La suya ya debe estar gozando del premio de los Justos, uniéndose a los cantos angélicos e intercediendo por su tan amada Provincia de Barcelona y por cada uno de sus miem­bros, de toda la Congregación e las Hijas de la Caridad.

Joan Sonet, C.M.

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