P. Joaquín Serrato

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Benito Paradela, C.M. · Year of first publication: 1935 · Source: Notas Biográficas.
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Biografias PaúlesEra de Guardia, cerca de Barbastro, y nació el 18 de abril de 1811. Fue admitido en la casa de Madrid el 17 de julio de 1828. Enviado, en enero de 1830, a Barcelona, para estudiar la Filosofía, hizo allí los votos el día de S. Vicente del mismo año. Conti­nuó allá hasta julio de 1835, en que figura ya como sacer­dote. Pasó más tarde a Francia y estuvo en Montolieu. En el verano de 1845 le encontramos ayudando al P. Juan Costa en Lérida y allí continuaba en abril de 1847, aten­diendo a la dirección espiritual de las tres casas de Hijas de la Caridad, existentes por entonces en dicha población.

Más adelante, en 1852, residía habitualmente en Sangüe­sa. Cerciorado de que la restauración de la Congregación se hacía en debida forma y conforme al espíritu de las Reglas, vino a Madrid el 11 de noviembre de 1852. Al res­tablecerse la casa de Badajoz, fue nombrado Superior de la misma. Poco después, en septiembre de 1860, volvió a Madrid, de cuya Comunidad fue asistente. En 1866 le en­viaron de Superior a la casa de Arenas de San Pedro, don­de permaneció hasta que fueron expulsados de allí los Misioneros. Se trasladó entonces al norte y, por disposi­ción del Visitador, se hospedó en el Hospital de Haro, fa­lleciendo allí el 11 de agosto de 1870. «Recibió con gran piedad los sacramentos, dice el P. Inocencio Gómez, y tuvo una muerte edificante. Las personas piadosas de la po­blación sintieron mucho su muerte y dieron muestras del aprecio que le tenían, asistiendo a sus funerales, que se celebraron con solemnidad, en la capilla del mismo esta­blecimiento, por el señor Cura párroco y demás sacerdotes de la villa». La Superiora del Hospital fue quien pidió al P. Maller uno o dos Misioneros, comprometiéndose ella a mirar por su subsistencia, para que se ocuparan en el bien de las almas. El P. Serrato se dió de tal manera al tra­bajo, que su confesionario era concurridísimo y era el sacerdote más querido y popular de la población, siendo luego bendecida por largos años su memoria. Se ocupó también de las Conferencias de señoras con gran fruto para ellas y provecho para los pobres. Sin duda estaba animado del espíritu de Dios, que obraba en él; porque de suyo era de cortos alcances.

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