CAPITULO PRIMERO
Misionero.—Superior de las casas de Guisona y Mallorca.—Postulador de la causa de beatificación y biógrafo de Pedro Borguny (1728-1781).
El 30 de abril de 1746 ingresaba en el noviciado de la Congregación de la Misión de la casa de Barcelona Fernando Nualart, «estudiante retórico». Terminado que hubo sus dos años de prueba, durante los cuales tuvo por director y maestro al virtuoso P. José Armesto, natural de Benavente, hizo los votos el primero de mayo de 1748. Había nacido el 15 de julio de 1728 en Palautordera (Barcelona), población situada al pie del majestuoso Monseny y a la derecha del río Tordera, en terreno ondulado y cubierto de pinos, encinas, viñedos y cereales.
Ordenóse de sacerdote en 1753, y en octubre del año siguiente ya salió a misiones con los PP. Melción, Sellés, Dalmau y Ribalta. Dieron la primera en Arbós, predicando el P. Nualart las pláticas de las mañana, lo mismo que en la de Tárrega, que duró del 21 de noviembre al 24 de diciembre, donde se conmovió mucho la gente, dando muestras inequívocas de arrepentimiento y confesándose todos con los misioneros. De allí pasaron a dar misión en Anglesola y luego en Cervera. Acerca de la última nos dice con su laconismo habitual el precioso Libro de Misiones de la casa de Barcelona:
«El 14 de enero de 1755 comenzó la misión en la ciudad de Cervera, del obispado de Solsona y distante dos jornadas de Barcelona. Incluyendo los estudiantes, tiene unas cuatro mil almas de comunión. Fue constante y numerosa la concurrencia y el fruto extraordinario y general, siendo tan grande el fervor de aquella buena gente y estudiantes que, aún en los días de carnaval, con ser los últimos tan inclinados a máscaras y amigos de bulla, fue tal la quietud, que todos afirmaban parecía que estábamos en Semana Santa, y los catedráticos veían en todas las acciones, palabras y proceder de los escolares más modestia y circunspección que de ordinario. Hubo conversiones extraordinarias de almas que no se habían confesado en ocho, diez, veinte y más años, de modo que, ni por la mañana ni por la tarde, podíamos oir jamás a todos los que se acercaban al confesonario. fue universal y muy expresivo el júbilo y contento, y grande la admiración del pueblo y de los catedráticos de la universidad. Comulgaron 4.000 almas el día de la comunión general, y más de 1.000 en los cuatro días posteriores que permanecimos allí para consuelo de los fieles. Los operarios [misioneros] fueron los mismos que en las misiones precedentes: el P. Melción predicó los sermones y cuatro pláticas a los eclesiásticos, el P. Nualart las doctrinas y el P. Ribalta las pláticas de la mañana. Concluyóse la misión el 21 de febrero».
Después de dar misión en Biosca, regresaron a casa para trabajar en los ejercicios que allí se daban a toda clase de personas.
El 1.° de noviembre salió de nuevo a misiones el P. Nualart, asistiendo a las que se dieron aquel curso y el siguiente en Sellera de Anglés, Mieras, Besalú, Cadaqués, Castelló, Garriga, Montseny, Calella, Pineda y Arenys de Mar, predicando en unas las doctrinas, en otras las pláticas y en algunas parte de los sermones. No precisan en cuál de ellas, pero hubo, entre otras, una conversión extraordinaria de cierto pecador que vivía entregado al demonio desde mucho tiempo atrás, y, pasando casualmente por el pueblo, fue a oír a los misioneros y Dios tocó su corazón.
Aparece asimismo en aquellos años el Padre Nualart como director de multitud de ejercitantes, y haciendo la lectura y meditación, o bien, predicando las pláticas en muchas tandas de ejercicios a toda clase de personas.
Tales muestras de virtud, saber y prudencia debió dar, que no había cumplido todavía treinta y dos años de edad, cuando el 20 de mayo de 1760 partió de Barcelona para Superior de Guisona. Estuvo al frente de aquella importante residencia cerca de cinco años, ayudando a levantar las cargas de misiones y ejercicios de la casa. Por haberse extraviado los libros y documentos de ella, nos es imposible apreciar debidamente la labor del Padre Nualart.
En 1765 fue trasladado, con el cargo lambien de. Superior a la caso de Palma de Mallorca, adonde llegó con el P. Company el 18 de Junio. En el mes de septiembre aparece ya haciendo la lectura y meditación a los ordenandos, que practican allí los ejercicios y dirige y predica las pláticas en las tandas de noviembre y diciembre. Durante los nueve años escasos que estuvo al frente de aquella comunidad, figura siempre en las tandas anuales de ejercicios a ordenandos, en las se dan a toda clase de personas y a los que los practicaban separadamente.
También salió a misión en varias ocasiones, predicando en general las doctrinas, y las pláticas a los eclesiásticos. En la misión de Sineu (23 de enero a 28 de febrero de 1770); dio además ejercicios a las monjas, instaladas en el antiguo edificio que fue palacio de los reyes de Mallorca.
Con el ejemplo y bajo la dirección de tan experto guía se mantuvieron en estado muy floreciente los ejercicios espirituales y las misiones en aquella antigua y benemérita casa.
Por un poder otorgado al procurador señor Domenge el 31 de enero de 1774 consta que ya no era entonces Superior de la Comunidad el P. Nualart. Cuatro días después, aparece en otro documento como Superior el P. José Vila.
En la asamblea doméstica, celebrada en la casa de Palma, el 16 de marzo de 1774, fue elegido diputado el P. Nualart, y el 23 del mismo mes y año dejaba «la más deliciosa, morigerada y recomendable» de las islas del Mediterráneo, como él mismo la llama, para dirigirse a la asamblea provincial que se había de tener en Génova. Tratóse allí, entre otras cosas, de formar una provincia aparte con las casas de España, proposición que fue aceptada por la asamblea general, nombrando el P. Jacquier Visitador de la nueva provincia al P. Vicente Ferrer.
De Génova, por haber sido nombrado postulador de la causa del mallorquín Pedro Borguny, fue el P. Nualart a Roma, morando varios años en aquella capital y en Nápoles. Estando en Roma publicó en 1780 la Vida y martirio del siervo de Dios, Pedro Borguny, dedicándola al muy ilustre Ayuntamiento de la ciudad de Palma. Afirma en el prólogo que la Vida de Borguny la saca «principalmente de los monumentos ciertos que se hallan en esta capital del mundo, archivados con mucha custodia en la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, y que se ha dignado comunicarme el Ilmo. y Reverendísimo Monseñor Esteban de Borja, Secretario de dicha Congregación, por el grande y devoto deseo que tiene de que se promueva con todo ardor su causa de beatificación y se dé a luz cuanto desde Argel escribió de este siervo de Dios a dicha Congregación el Reverendísimo Felipe Le Vacher, sacerdote de la Congregación de la Misión, enviado allá por su Patriarca y Fundador San Vicente de Paúl, para consuelo de los infelices esclavos».
Divide la obra en dos partes: en la primera cuenta las andanzas y desvaríos de Pedro Borguny, y se extiende con frecuencia en saludables reflexiones y advertencias a los padres e hijos. En el capítulo primero no oculta su cariño a la tierra del mártir ni puede olvidar entre los esplendores de Roma las bellezas. de Mallorca, «singularmente el genio, piedad y religión grande» de sus moradores que ha conocido a fondo en el tiempo que tuvo la fortuna de habitar allí, y por eso no puede pasar en silencio «que su genio es amabilísimo; su docilidad muy singular; el aprecio que comúnmente hacen de los forasteros tan sin parangón, que cuantos han ido a aquella isla no pueden dejar– de quedar agradecidísimos; tan prendados y aficionados a ella, que regularmente todos la alaban y dicen mucho bien de ella con el mayor aprecio, sin que apenas me acuerde haber jamás oído alguno que no la haya después muy mucho elogiado».
Narra en la segunda parte de su obra el P. Nualart la conversión de Borguny, los inauditos tormentos a que le sometieron y el horrible suplicio con que terminó su vida, muriendo quemado por la fe católica. Deshace luego las objeciones que podían oponerse a la beatificación del héroe cristiano, y refte-––– re algunos hechos prodigiosos atribuidos su–intercesión. La Vida de Borguny está bastante bien escrita y revela en su autor cierto buen gusto, entonces poco común; aunque su estilo es un tanto difuso y recargado de reflexiones morales, por lo menos en la primera parte.







