Ven bendito de mi Padre; hereda el reino preparado para ti desde la creación del mundo.
Estas palabras son las que escuchó el P. Alberto la tarde-noche del martes 27, fiesta de la Medalla Milagrosa cuando pasó a ocupar su lugar en la Casa del Padre. Que es el último y definitivo lugar. Es el homenaje que rinde y el premio que otorga el Buen Dios a todos sus hijos fieles. El P. Alberto, es uno de esos hijos, porque fue un buen y fiel hijo de San Vicente. Fiel, puntual seguidor de los motivos que nos da Mateo para que el Rey nos pueda decir: ven bendito de mi Padre….Porque el P. Alberto, siempre tuvo un trozo de pan para el necesitado; capacidad para ayudar a quien veía más débil que él. Siempre estuvo atento a crear la Comunidad Vicenciana que le permitía a él y a sus compañeros, a sus hermanos, a ser más dichosos. A vivir como decía San Vicente: a modo de amigos que se quieren bien.
Hoy, no estamos tristes. La tristeza no es el sentimiento que brota de nuestro corazón, querido P. Alberto. Sabemos que te has ido a vivir con más plenitud al lado de Cristo, en la casa en la que habitáis tantos seres humanos que, a pesar de vuestras limitaciones, habéis sido fieles al proyecto que Dios había diseñado para vosotros. El sentimiento que nace de cada uno de nosotros, hoy, es: Gracias P. Alberto. Les decía ayer: a los Seminaristas en el retiro que tuve con ellos en Teruel, que estamos muy agradecidos a Dios y a ti, porque has sido un don para nosotros, para la Iglesia, para la Congregación, para la Familia Vicenciana y para los pobres. Les decía también que tu manera de ser Paúl, invitaba al seguimiento de esta vocación capaz de llenar las expectativas más grandes y exigentes de cualquier ser humano
Hay una rama de la Familia Vicenciana, que te quiere, te valora de una manera especial, las Hijas de la Caridad, y más en concreto, las de la Provincia de Sevilla. Cuando preguntas a alguna hermana de esa Provincia, a que se debe el amor devocional que te tienen, siempre responden: porque estuvo seis años, dedicado a nosotras, ayudándonos a formar el auténtico espíritu de las buenas siervas de los pobres. Gracias P. Alberto. Ruega al señor que nos haga cada día más fieles a nuestra vocación.
Has peregrinado como buen Misionero por los lugares donde la Divina Providencia te iba señalando el camino. En 1962, empezaste tu andadura en el Teologado de esta casa. Gracias profesor de Teología Fundamental y de Lengua hebrea. Terminaste tu peregrinar en esta Comunidad de Santa Marta de Tormes, en su enfermería. Roma, Santa Marta de Tormes, Sevilla-Pagés, Jimena de la Frontera (Cádiz), de nuevo a Santa Marta de Tormes, Sotoserrano (Salamanca), por tercera vez Santa Marta de Tormes, Sevilla-San Gonzalo y Sevilla-Pagés fueron, donde viviste tu vocación misionera.
Tu celo apostólico era tan fuerte, estaba tan arraigado en ti, que el 23 de febrero de 2009, me escribiste esta carta: Querido P. Visitador: Me está costando mucho escribir esta carta que es la primera en mi vida en la Congregación que escribo con este motivo: pedir destino.Mis motivos son los siguientes: 1º. La razón de mi destino a esta casa, a la enfermería fue para reponerme de mi enfermedad, las heridas que me salían y no lograban cicatrizar a causa de la glucemia. Gracias a Dios dicha glucemia está controlada y las heridas cicatrizadas. 2º. En consecuencia, la razón de mi destino a esta Comunidad ha cumplido su objetivo y me siento obligado a ofrecerme por si puedo prestar algún servicio en cualquier otra Comunidad en la que no sea ningún obstáculo, sino todo lo contrario tal como estoy. 3º Aquí me siento inútil, sin hacer nada y viendo la necesidad que tiene la Provincia de personal que trabaje. 4º Jamás he solicitado ninguno de los destinos que me han proporcionado en la Congregación. Por eso me está costando tanto hacerlo ahora.Con todo afecto, y poniendo mi actitud en que se cumpla con acierto la voluntad del Señor, me despido con un abrazo. Firma de puño y letra: Alberto López.
Estos son los Misioneros que hacen dichoso a cualquier Visitador. Le contesté diciéndole que el Visitador y su Consejo, creían conveniente esperar un poco más para ver si su recuperación era más completa. Como hijo de obediencia aceptó humildemente esta decisión.
Se nos ha ido a la Casa del Padre un buen hijo de San Vicente que vivió tendiendo su mano a quienes le necesitaban. Y murió como vivió convencido de que caminaba fiel al proyecto que Dios había hecho para él. P. Alberto, dile al Padre, de quien ahora te encuentras más cerca, que los pobres necesitan misioneros que llenen su vida de esperanza. Que necesitamos a un nuevo Paúl que recoja el testigo que tú le entregas. Gracias por tu testimonio.
La Palabra que nos ha sido proclamada es para que la meditemos pausadamente. Con Isaías digamos: Me has enviado a anunciar la buena nueva a los pobres a vendar los corazones rotos. (Is. 61, 1c) Y pongamos en Práctica lo que dice Mateo en su capítulo 25: Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, fui forastero y me hospedaste, estuve desnudo y me vestiste, enfermo y me visitaste, en la cárcel y viniste a verme. (Mt. 25, 35-36) Y habrá empezado un nuevo Mundo, donde el amor es una realidad.
Y termino como acostumbro. El mejor homenaje que le podemos rendir al P. Alberto, es que hagamos, que nuestra vida, sea buena noticia para los demás, en especial, para los pobres.
Que así sea. Que así lo intentemos
P. Eblerino Diez Llamazares cm, vistador de la provincia de Salmanc
P. Alberto López Sánchez







