Ozanam, esbozo de análisis de su personalidad

Mitxel OlabuénagaFederico OzanamLeave a Comment

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Los estudios biográficos son peligrosos porque apuran demasiado los valores individuales y crean la apariencia de que la Historia la marcan ciertas personas. Lejos de ser eso una verdad, es una fuente de errores y producen prospectivas dañosas. La Historia —el proceso de la humanidad— es un río en el que la masa da la medida y la fuerza del caudal. La mitificación de los héroes militares, culturales, religiosos y científicos es un truco muy utilizado por los grupos dominantes para seguir en el poder.

Admito que se puede resaltar los valores de ciertas personas y servirse de su biografía como método para centrar los análisis de los momentos importantes del curso de la Historia. Esbocemos un poco esta biografía de Federico Ozanam con esa perspectiva.

  1. EL TIEMPO DE OZANAM

La actividad adulta de F. Ozanam, es corta, de 1831 a 1853. Sus viajes le pusieron en contacto no sólo con casi todo el país francés: Lyon, París —fundamentalmente—, sino también con Italia centro-norte, Europa Central y una breve incursión en España, Hendaya-Burgos.

La Revolución Francesa había dado curso de cambio del Antiguo Régimen al dominio de la burguesía en alas de la industriafización. Inglaterra marcaba el ritmo con sus factorías textiles y un veloz maquinismo. Alemania y Francia empezaban. El ferrocarril viene a resumir un poco el efecto y la causa de las transformaciones técnicas aplicadas.

La monarquía de Luis Felipe (1830-1843) representativa del liberalismo doctrinario muñía las relaciones internacionales y creaba el Nuevo Imperio colonial con las conquistas de Ar­gelia (1830) que ampliará Napoleón III. La España isabelina salía de las guerras carlistas y con 15 años de retraso político con Francia (1845) también intentó participar un poco en este juego interesado.

Por toda Europa, la Iglesia desmontada de sus formas de instalación en el mundo según el Antiguo Régimen, iniciaba su adaptación aliándose con los tronos constitucionales: en un jue­go contradictorio, apoyaba a los aún monarcas absolutos austrorrusos contra los pueblos en lucha por la liberación (v. gr. los polacos) o pedía la libertad para sus fieles en países de pre­dominio no católico. Años de Gregorio XVI, 1831-1846 y Pío

La sociedad europea, en los países marítimos, había salido de la Revolución Francesa en provecho de la burguesía. El pro­gresismo liberal era minoritario en estas décadas y aún lejos de tentación de alianza con el proletariado. Las contradicciones del sistema liberal sufren su primer gran colapso en la Repúbli­ca del 48 de la que Carlos Marx nos dejó un estudio modélico. Es el año del Manifiesto comunista (Marx-Engels).

La expresión de las infraestructuras aflora en la ideología romántica y, un poco más tarde, en las primeras formulaciones socialistas.

El romanticismo es una réplica a las teorías de la Ilustra­ción y un esfuerzo» sistemático con objeto de poner de mani­fiesto la insuficiencia de las respuestas» de aquélla. Al afirmar el carácter dia­léctico de la realidad y el conocimiento, rehuye las categorías absolutas de la metafísica clásica e incluso las limitaciones del conocimiento matemático. La antropología romántica «afirma la radical vinculación y dependencia del hombre respecto a un contexto social e histórico determinado». El romanticismo polí­tico es por una parte «conservadurista» y «nacionalista» y por otra «evolucionista». En este ambiente se produce la filosofía de Hegel y Feuerbach que servirán de instrumento expresivo a los análisis marxistas.

 

La sensibilidad romántica posibilitó el análisis de la reali­dad social que la combinación del capitalismo industrial y la libertad económica crean. Dentro del liberalismo brota el sec­tor que desea cumplimentar la ideología con concesiones po­pulares: libertad real, sufragio universal… Y en reacción con el liberalismo doctrinario aparecen las primeras ideologías so­cialistas y los primeros ensayos cooperativistas, sindicales, etc. Con rapidez el pensamiento socialista logra en Marx un cuer­po sistemático; la sociología marxista constata las relaciones de producción que vinculan al hombre con la naturaleza y con los demás hombres mediante el trabajo.

Para sintetizar, diría:

— el liberalismo progresista confía en el reformismo para que la sociedad mejore; el socialismo científico predice la revolución y trata de prepararla.

Si ante el aparato político la Iglesia reacciona en busca de una alianza, cayendo en contradicciones sin duda, pero defen­diendo obstinadamente el «orden constituido», ante la realidad social y en la confrontación ideológica, la reacción de los cató­licos es varia:

Las fuerzas jerárquicas se aglutinan para defenderse a la sombra del papado; se crea una mística —una devoción—al Papa. Con Pío IX toma forma dogmática (Definición del Va­ticano de la Infalibilidad y antes definiciones dogmáticas del Papa sobre la Inmaculada Concepción de María).

El clero pasa a funcionario, con mayor dependencia de los obispos y con una mística de «segregados»: liturgia, sacris­tía, flores del jardín.

Progresa la separación entre clero y laicado católico. Estos para el mundo, aquél para el templo. Rosmini, uno de los más interesantes teólogos y fundadores de este período, lo de­nuncia en su obra de «Las cinco llagas de la Iglesia».

En la ideología: rechazo de la nueva filosofía, ciencia, inventos (recuérdese que Gregorio XVI ni permitió cambiar el alumbrado en sus Estados Pontificios). Toda pastoral y la teo­logía se funda en el «restauracionismo». No hay una teología significativa en la Iglesia de este período; solo unos intentos que fraguarán en el neotomismo de fin de siglo. Las expresiones pas­torales y organizativas de aquella Iglesia son pietistas, con un acento constante sobre el dolor, la expiación individualistas, da­dos a apariciones especialmente marianas y a apocaliptismos tipo abate Gaume.

Este cuadro parece excesivamente negativo. Había, sin em­bargo, elementos más claramente positivos, así los grupos de Munich, de Górres, de Sailer, etc. de donde arrancará la teolo­gía alemana. En el Piamonte, en el movimiento de Oxford, en el círculo catalán de Balmes. Y en el aspecto de organización, concretándonos a Francia, una pululación de asociaciones, Con­gregación de París, nacida ya en 1801 y con sus secciones, So­ciedades de Buenas Obras, de Buenos Estudiantes, de Buenos Li­bros, etc., Congregación de Lyon. En esta ciudad se halla uno de los focos de la renovación religiosa de Francia desde los años de Napoleón I. Nacen varias comunidades y la Propa­gación de la Fe. Ozanam vivirá este ambiente piadoso y mi­sionero.

La Congregación de París, eminentemente piadosa, había irradiado una preocupación social. Esta voluntad de presencia en el mundo conflictivo de la pobreza y la fábrica va a ser re­cogido por los hombres De L’Avenir (1830) y concretamente por Ozanam. Esta línea enlaza con Armando de Melun, hasta Albert Le Mun y Patrice de la Tour du Pin.

  1. DATOS BIOGRÁFICOS DE FEDERICO OZANAM

El 23 de abril de 1813 nace en Milán, trasladándose a Lyon su familia en 1815. Es hijo de una familia numerosa cuyos her­manos mueren en la infancia, menos tres. Su padre pertenece a la pequeña burguesía médica. Es legitimista, ejerce una deci­siva influencia sobre Federico: «Comme un jeune enfant, escribe en 1837, habitué á vi-vre á l’ómbre d’autrui, si on le laisse pendant une heure seul dans la maison, pénetré du sentiment de sa propre-faibless, s’effraye et se met á pleurer: de méme lorsqu’on vivait si paisible á l’ómbre de cette autorité paternelle, de cette providence visible en qui l’on se reposait de toutes choses, en voyant disparaitre tout á coup, en se trouvant chargé d’une responsabilité inaccoutumée au milieu de cet-te monde mauvais».

En 1822 cursa sus estudios en el Colegio Real de Lyon; su padre lo orienta hacia la abogacía; en él brotarán irresistibles deseos de conocer el mundo de la Literatura y la Historia.

En 1831 va a París. Estudia Derecho y Letras. Vive con Ampére, padre, que va a compensar la ausencia paterna.

En 1833 nace la Conferencia de la Caridad. En 1834, 36, 39 se licenciará y doctorará en Derecho y en Letras.

En 1836 vuelve brevemente a Lyon: abre un bufete de abogado.

En 1839 inicia el profesorado de Derecho mercantil.

En 1841 entra en la Sorbona como profesor de Literatura, pasando a titular en 1844. Contrae, a su vez, matrimonio con Amelia Soulacroix. El 24 de julio de 1845 nace su única hija.

En 1846 comienzan sus enfermedades que le dificultan la enseñanza. Continúa viajando, publicando y recibiendo nom­bramientos honoríficos, v. gr. Caballero de la Legión de Honor, Premio Gober, etc.

En 1848: «L’Ere Nouvelle». Candidato a la Asamblea Na­cional.

En 1852 dimite como profesor en la Soborna por razones de salud.

En 1853, el 8 de septiembre, fallece en Marsella.

En 1854 se introduce la causa de beatificación.

Junto a su actividad socio-caritativa es notable su produc­ción intelectual: historia, sociología y política. Como siempre estas actividades no se suceden, ni siquiera se yuxtaponen, son más bien fruto de una misma y única personalidad que se despliega en distintos sectores. En los ideales del joven Ozanam lyonés está la salvación de Francia por el cristianismo, la con­vicción de que la fe y la Iglesia son portadores de soluciones mundiales. Su intento juvenil compartido por grupos y por ins­tituciones era la apolegética en la línea del Genio del Cristia­nismo.

A través de Lamennais descubrirá que la Iglesia no nece­sita de la monarquía absoluta (superando el legitimismo pater­no) y con Lamartine esperará de la República Democrática una nueva faz de Europa (liberalismo progresista y democrático). De su infancia, de su ciudad de Lyon y del círculo de la Hija de la Caridad, Sor Rosalía Rendu, adquirirá y cuidará el calor humano de la convivencia con los necesitados, con los más cas­tigados por los primeros pasos del capitalismo industrial. Los mismos ambientes que en esos años describe E. Zola, Ozanam ama y trata de romper la cadena atormentada e inexplicable.

De sus estudios históricos me parece el más importante el Ensayo sobre Dante. En esta obra recoge Ozanam sus con­clusiones y el gusto de ver cumplirse sus teorías medievales: el siglo XVI síntesis de una Cristiandad, Dante: su modelo pensa­dor. En rigor la manera de historiar de Ozanam va en la línea de «una historia del pensamiento, de las costumbres, de las ins­tituciones». Y así comprobar cómo el cristianismo acoge y trans­figura cuanto de bueno hay en todos los pueblos, religiones, etc. (tradicionalismo filosófico). Todo esto le lleva a compartir no sólo el ideal misionero favorecido por Gregorio XVXI, sino las narraciones enviadas a los Annales de la Propagation de la Foi; amigos suyos del círculo de Lamennais hacían lo propio, como E. Bore —futuro Superior General de la C.M.— que en 1842 editaba en París dos volúmenes de Correspondance d’Orient.

Ozanam, pues, es uno de los impulsores del conocimiento de la Edad Media, rompiendo así la animadversión que renacentis­tas e ilustrados manifestaban hacia ese período y dando una fundamentación discutible a las añoranzas de la Escuela social católica que hasta Juan xxItt sintió excesivo aprecio hacia las formas gremiales. De sus amigos de L’Avenir, Rosbacher y Montalembert se dedicaron con más tiempo a estas tareas his­tóricas medievales.

A diferencia de los estudios históricos sobre los que el mis­mo Ozanam publicó varios volúmenes, su pensamiento social se halla más disperso en artículos y cartas, discursos, etc. Empe­cemos por decir que «no es ni un sociólogo ni un economista».

«Son enfance choyée ne l’a pas mis au contact des dures réalités de la vie ouvriére; son tempérament et ses goúts ne ron porté á l’analyse critique des faits sociaux, ni á l’étude raisonnée de la production et des échanges».

Es la Conferencia desde 1833 la que le lleva a los pobres; acercarse a la miseria, tocarla con el dedo, discernir sus causas, seguir sus efectos en vivo, en una familiaridad llena de afecto con aquellos que la sufren, esta fue la iniciación de Ozanam en la conciencia social. Aquella conferencia recluta adhesiones, se extiende bajo la titularidad de San Vicente de Paúl; y esos miembros lyoneses, parisinos, etc., son también los que comparten con Ozanam el entrenamiento en la ciencia y las soluciones sociales.

Veamos una de sus formulaciones:

«Si la question qui agite aujourd’hui le monde autour de nous n’est ni une question de personnes, ni une question de formes politiques, mais une question sociale; si c’est la lutte de ceux qui n’ont rien et de ceux qui ont trop; si c’est la choc violent de l’opulence et de la pauvreté qui fait trempler le sol sous nos pas, notre devoir á nous chré-tiens, est de nous interposer entre ces ennemis irréconci-fiables et de faire que les uns se dépouillent comme pour l’accomplissement d’une foi et que les unes cessent d’exi-ger et les autres de refuser; que l’égalité s’opére autant qu’elle est possible parmi les hommes; que la communauté volontaire remplace l’impót et emprunt forcé; que la
charité fasse ce que la justice ne saurait faire».

Solución real muy cerca de las que ensayaban los falans-terios, los talleres nacionales, etc. pero con otra ideología. La del más claro romanticismo católico.

¿Qué deberá hacer la Iglesia? Ozanam escribe en el Ensayo Protestantisme dans ses rapports avec la liberté: «L’Eglise devait procéder á la delivrance du genre humain par voie de sacrifice et non par voie de révolte; par un long et quelquefois invisible travail et non par une éclatan-te catastrophe».

Sigue afirmando que no es haciendo que los esclavos rom­pan sus cadenas, sino que se las quiten sus amos como se dará la liberación… enseñando la dignidad de los hombres a los gobernantes que solo están hechos a dirigir masas…

Como intelectual, en su curso sobre Derecho Mercantil, en­juició la realidad de la clase obrera. No condena, en principio, las condiciones del contrato de trabajo, ni la libertad de em­presa, ni el régimen salarial; simplemente pone en guardia de los daños y reprueba los abusos. Técnicamente dice que el obre­ro aporta la «taux naturel» de trabajo en virtud de la que se debe medir la retribución. Tal taxa procede de la educación, vida, fuerza puesta al servicio de la producción. La insuficien­cia de la retribución engendra los conflictos. La caridad ha de intervenir, pero es la justicia la que excepcionalmente y cree que los obreros asociados podrán llegar a que sus intereses sean conciliables con los de la empresa. Estima que la sociedad es perfectible y que las doctrinas del socialismo premarxista son detestables, porque conducen al materialismo de la vida al igual que el liberalismo absoluto del lucro como bien sumo.

El sentido progresista de Ozanam es palpable en su alegría ante la elección de Mons. Affre como arzobispo de París, cuya muerte en 1848 hubo de frustrar una posibilidad de entendimien­to del mundo obrero y la Iglesia. La fundación del periódico L’Ere Nouvelle en 1848 y su candidatura a diputado van por el mismo camino; nadie piense, no obstante, en un jacobinismo; si persistimos en usar el lenguaje de los movimientos franceses, estaba cerca del girondismo de Lamartine.

 

III. FEDERICO OZANAM Y LAS CONFERENCIAS DE SAN VICENTE DE PAUL

En los ideales del joven Ozanam iba la constitución de gru­pos de jóvenes que viviesen la fe y estudiasen para dar testimo­nio científico y vital de la veracidad de la Iglesia Católica.

El inspiró varios intentos y concretamente el grupo de los seis que con E. Bailly crean la Conferencia de la Caridad en 1833; Bailly provenía de la Societé des Bonnes Etudes. Oza-nam y otros amigos se habían ya entrenado en la Conference d’Histoire.

Bailly preside 11 años (1833-1844) la Conferencia central de París. Ozanam crea y preside una en Lyon; forcejea para que haya alguna relación entre las conferencias. Pertenece al Consejo de París desde 1840 y como Vicepresidente general des­de 1843. Suple en intervalos la falta de presidentes o sus ausen­cias. A él se le deben el paso de una única Conferencia a la estructura actual de la Sociedad de San Vicente de Paúl; la apasionada presencia entre los humildes enfermos y los diver­sos intentos educacionales como los talleres, etc. que mantuvo la Sociedad promocionando a la niñez y juventud obrera.

¿Qué pertenencia social tenían los «conferencistas»? Proce­dían de Lyon muchos de los primeros asociados en París, del mismo grupo social que Ozanam: médicos, profesores, aboga­dos, estudiantes de París con destino a provincia donde vivirían en la estrechez consalarios reducidos. Otro grupo quedaría en la capital. Algunos abandonaron la conferencia como L. Veullot que dirigiría L’Univers, periódico, ultramontano en violenta pug­na con los liberales como Montalembert, Lacordaire, etc. Veu-llot atacó a Ozanam después de su fallecimiento y se opuso a las manifestaciones que algunos comenzaron a atribuirle como «fundador» de las Conferencias. Esta, aparentemente, poco im­portante polémica fue continuada por V. de Paul Bailly y los redactores de la Croix de la Congregación de PP. Asuncionistas contra la Congregación de la Misión en los años del P. Anto­nio Fiat.

Mientras los «aristócratas» y empresarios, católicos forma­ban en los grupos de A. de Melum, o en los de Albert Le Mun, la pequeña burguesía más reformista actuaba en las conferen­cias; en España estas caerían más bien en el grupo piadoso de hombres pasados al catolicismo conservador, Donoso, Masarnau.

En España las Conferencias nutrirían su espíritu en lecturas como la Imitación de Cristo y las obras de Concepción Arenal. El espíritu religioso que informa la Conferencia es claro; hijas de la teología pietista del siglo XIX podían tener en Ozanam un aguijón de misticismo y de búsqueda pero no estamos analizan­do la Conferencia, sino a Federico Ozanam; hombre que signi­fica una línea en las Conferencias, línea que es muy importante, que puede llegar a ser totalizante; pero que históricamente no fue más que una fuerza en conjunción con muchas otras más conservadoras.

  1. REFLEXION FINAL

Es hora de una reflexión sobre lo enunciado. Para mí Fe­derico Ozanam, fue una personalidad muy acusada, por su «li­rismo», su capacidad de amistad, su nerviosa y preocupante religiosidad.

Con una carga de proteccionismo familiar, tal vez excesiva; impresionable en demasía, ansioso, zozobrante.

¡Pero qué admirable amor a la Iglesia, qué inquebrantable búsqueda de la verdad! Y de ahí la clara visión de la lucha de clases sin reticencias; aunque él asigne a los cristianos un puesto discutible, con la afirmación política de que no es conveniente un partido político cristiano:

La denuncia de la alianza Iglesia-burguesía:»Je ne voundrais pas qu’il y sút un partit catholique parce qu’alors, il n’y aurait plus une nation qui le J’aime mieux que Dieu ait répandu ses dons avec diversité…  «Si un plus grand nombre de chrétiens, et surtout d’eccle-siastiques, s’étaient occupés des ouvries depuis dix ans, nous serions plus sfirs de l’avenir. «C’est peut-étre une mauvaise alliance que celle des catholiques avec la bourgeoise vaincue: il vaut mieux s’appuyer sur le peuple qui est la véritable allié de l’Eglise: pauvre comme elle, démuni comme elle, béni comme elle de toutes les benedictions du Sauver. Il faut que les curés renocent á leurs petites paroises bour-geoises, troupeaux d’elite au milieu d’une immense popu-lation qu’ils ne connaissent pas».

Y por fin esta declaración que suscribía Lamennais: J’ai cru, je crois encore á la posibilité de la démocratie chrétienne, je no crois m’ene á rien d’autre en matiere de politique (24, septiembre, 1848, Ibid. p. 222).

Federico Ozanam, pues, partiendo de un hogar legitimista, de una familia muy adherida a la fe y a las prácticas de la cari­dad, evoluciona en todos los planteamientos ideológicos gracias a sus estudios históricos, a su presencia en el mundo obrero, a sus viajes, a su entrega a la fe. Un ardor espiritual está presente siem­pre en sus escritos, en sus peregrinaciones, en sus cartas desde Roma, las Landas de San Vicente de Paúl. Y por esa postura desinstalada, por esos sorprendentes avances es uno de los pro­fetas más entrañables del siglo XIX.

Es posible que las Conferencias, más atadas que él a for­mas de aquel siglo y diversamente agrupadas en cada país, ten­gan en él una iluminación. Los católicos actuales se sorpren­derán de que Ozanam ya en 1848 admitiese un reformismo se­rio, una democratización, una denuncia de la alianza del trono-altar. Se sorprenderán de que Ozanam mantuviese los puntos de vista de L’Avenir dentro de una pureza doctrinal y una pra­xis siempre creadora de conciencia.

No llegó a un socialismo cristiano; no parece conociese los escritos entonces incipientes de Marx-Engels; se opuso al so­cialismo romántico, cierto, pero su oposición es secundaria; no analizó ni uno de los puntos profundos del análisis marciano de la evolución de la sociedad. Deja, pues, abierta, a la reflexión de los cristianos la hipótesis de un cristianismo marxista y de una acción caritativa bajo la iluminación de un cambio so­cial diferente del reformismo.

Digamos, también de Ozanam, como de todos los fundado­res, que en tanto son inspiradores, en cuanto confrontados con el Evangelio y los análisis de la realidad, soportan, la prueba. Así permanecen válidos.

FRANCISCO CARBALLO

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