Nuestra Señora de Prime-Combe

Mitxel OlabuénagaCongregación de la Misión, Historia de la Congregación de la MisiónLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Sr. Azais · Año publicación original: 1898 · Fuente: Anales Españoles.
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La memoria del Sr. Luis Dillies, tan prematura y dolo­rosamente arrebatado al afecto de todos aquellos que le conocían, estará siempre unida á la del santuario de Nues­tra Señora de Prime-Combe, del cual fue el verdadero restaurador. Por esto daremos aquí algunas noticias de dicho santuario y ministerios apostólicos de Prime-Com­be, añadiendo también algunas cosas acerca del Sr. Di­llies, Misionero de un carácter muy bondadoso y de mucho celo.

I. Nuestra Señora de Prime-Combe

Hemos tomado los siguientes pormenores de la exce­lente reseña histórica publicada en 1887 por el Sr. Azais.

1. Origen del santuario de Prime-Combe.

El viajero que, atravesando la Diócesis de Nimes, toma la vía férrea que conduce de Sommieres á Vigan, divisa, á la derecha, en medio de un bosque de verdes robles, en el pliegue de un terreno formado por las primeras ondulaciones de los Cevennes, un gran caserío cuya blancura se destaca sobre el sombrío verde de las márgenes. Ese lugar no es otra cosa que el santuario de Prime-Combe. El peregrino saluda con respeto esa morada consagrada á María, y bajando del tren en la estación de Fontanes, se encamina con el rosario en la mano hacia la santa ermita. En el sendero, trazado á través del bosque, hállanse colocadas, de distancia en distancia, grandes cruces de madera for­mando un Via-crucis, digna entrada del santuario. Algunos grandes robles y algunos pinos seculares levantan sus fron­dosas copas en medio de los sotos que cubren las colinas. En la primavera esta soledad presenta un hermoso aspecto, y se parece á un rico tapiz de flores que adorna aquella que en los libros sagrados es llamada Flor de los campos y lirio de los valles.

Después de haber recorrido un espacio como de dos kilómetros, se llega al pie de las varias casas dependen­cias del santuario, extendidas sobre la vertiente meridional de la montaña, en medio de un bosque de robles. Estos edi­ficios son: la capilla, con la espaciosa prolongación de ma­dera, que le sirve de vestíbulo; á su lado la habitación para los Misioneros, las dependencias de la escuela apostólica, y más arriba la hospedería para los peregrinos. Se sube el tramo que conduce al santo lugar, y después de haber atrave­sado el abrigo monumental que le precede, se penetra en el recinto sagrado, se hinca uno de rodillas y, con los ojos fijos en la estatua de la Virgen colocada en el altar, exhala conmovido estas palabras: «Nuestra Señora de Prime-Combe, rogad por nosotros».

Pero ¿qué Virgen es esta de Prime-Combe? ¿Qué re­cuerdos se conservan allí? Véase la piadosa leyenda que nos han transmitido nuestros padres, la cual presenta ras­gos de conformidad con otros santuarios conocidos. No nos sorprendan esas semejanzas; la santísima Virgen se complace en manifestarse á los habitantes de las campiñas con semejantes apariciones, moviendo su espíritu con sig­nos idénticos. Porque este es el lenguaje que hace mayor impresión en su alma, y es más acomodado á su modo de ser y á sus costumbres.

Una tradición muchas veces secular y fielmente trans­mitida de edad en edad, cuenta que un habitante del pue­blo de Fontanés, cuyo nombre ha llegado hasta nosotros— se llamaba Beltrán,—habiendo perdido uno de sus bueyes, le halló en el bosque de Prime-Combe, echado junto á un zarzal. Se aproximó, y ¡cuál no sería su admiración al ver una estatua de la Virgen en un espinar! La cogió con res­peto y la llevó á la iglesia de Fontanés. El buey, que dó­cilmente le siguió, fue metido en un establo. Mas al día si­guiente la estatua no estaba en la iglesia, y el buey había desaparecido del establo. Beltrán le encontró en también el mismo lugar, parado delante de la estatua, que estaba en medio del zarzal. Al oir esta noticia se conmueven los ha­bitantes de Fontanés, y juntamente con los Sacerdotes, acuden á contemplar esta maravilla. Reconocen en aquella señal la voluntad del Cielo, y, de común acuerdo, resolvieron erigir un oratorio en el lugar mismo donde había sido encontrada la imagen objeto de semejante prodigio. Y de este hecho y correspondiente piedad de los fieles, trae su origen el santuario de la Virgen de Prime-Combe, con sus consiguientes romerías.

Acaeció lo dicho en 887, según lo atestigua la tradición y una inscripción incrustada en la pared, cerca de la puerta de la entrada, la cual fue, en gran parte, borrada por el martillo de un malvado, que la Santísima Virgen dio á co­nocer. Consérvanse todavía indicios de las donaciones he­chas al santuario en 1054, en 1238 y en 1642.

Prime-Combe no estuvo libre en el siglo decimosexto de las devastaciones hechas por los protestantes; pero los católicos repararon más tarde las ruinas causadas por aque­llos nuevos vándalos.

Durante los funestos días de la Época del Terror, aun­que fue proscrito el culto católico, no obstante, no olvi­daron los católicos la morada de la Santísima Virgen.

Cuando las amenazas de la Revolución eran más terri­bles, se dirigían, atravesando el bosque, hacia Prime-Combe, y se reunían ocultamente en dicho Santuario. Allí se dejaba ver, en medio de aquel grupo de cristianos que di­rigían á Dios sus ruegos, un valeroso Sacerdote, que sabía substraerse á las pesquisas de los perseguidores. El tal Sacerdote era el Prior de San Clemente, el cual se vestía de pastor, y verdaderamente se parecía al buen pastor, que no abandona su rebaño. Ocultaba con una larga barba los rasgos de sus facciones, y por la noche, dirigiéndose dis­frazado á través del bosque, entraba en la capilla. Enton­ces se quitaba la barba postiza y el traje de pastor y se veía al Sacerdote con la dignidad de su sacerdocio. Muchas son las gracias y numerosos los milagros que se han obrado en el santuario de Nuestra Señora de Prime-Combe.

2. Los Sacerdotes de la Misión en Prime-Combe.

Dos ermitaños primero, y dos priores, y últimamente al­gunos capellanes, prestaron sus servicios en el santuario de Prime-Combe, hasta que en 1875 la Providencia llevó allí una Comunidad religiosa: los Sacerdotes de la Misión. He aquí en qué términos daba noticia de ello el Sr. Arcipreste Corrieux, entonces Vicario capitular, al clero de la Diócesis de Nimes:

«Experimentamos—decía—una verdadera satisfacción, „ una muy grande alegría, al anunciaros que hemos podido realizar un piadoso y saludable pensamiento de nuestro tan llorado Obispo. El Ilmo. Sr. Plantier tuvo siempre el pensamiento de establecer en Prime-Combe religiosos, para volver á ese santuario su antiguo esplendor y procurar á sus queridos diocesanos como una especie de ensanchamiento del canal de gracias y favores que en el curso de los siglos ha establecido la Virgen María en su venerable ermita. El desarrollo tan rápido y consolador de las peregrinaciones á Nuestra Señora de Rochefort desde que los Padres Maristas se encargaron de aquel santuario, debía alentarle en su piadoso intento. Colocada en la extremidad del departamento, sobre los confines de la hermosa Diócesis de Montpellier, á la cual nos unen lazos tradicionales, más estrechos en la actualidad, Prime-Combe no podía menos de excitar la pastoral vigilancia de nuestro amado Obispo. Faltábanle recursos para llevar á cabo sus buenos designios, cuando la divina Pro­videncia, con su generosa mano, le presentó los hijos de San Vicente de Paúl, los Sacerdotes de la Misión, lla­mados Lazaristas. Consigo llevan la hermosa riqueza de su generosidad y amor á María y á nuestros más pobres parroquianos, y sólo piden licencia para residir en Prime-Combe á fin de trabajar allí durante el buen tiempo, en las aldeas, donde lo exija la necesidad de las almas y donde los mande el Obispo durante el año.

Tan señalado favor de la divina Misericordia para con „la Diócesis, no podía menos de conmover al señor Obis­po, quien se apresuró á aceptar las promesas y proposi­ciones las más halagüeñas con una de las últimas cartas que escribió, dirigida al Muy Reverendo Sr. Boré, Supe­rior General de los Sacerdotes de la Misión, rogándole que apresurara el momento de la toma de posesión del san­tuario que á sus hijos confiaba. Allí se hallan al presente y la Virgen de Prime-Combe parece que se muestra más complaciente, dilatando su corazón para recibirlos y aco­ger, juntamente con ellos, las numerosas muchedumbres „ que van á atraer en pos de sí: estando ya en posesión de la capilla y del local contiguo, pueden atender á nuestros piadosos peregrinos. Va tomando el local mayores di­mensiones; el santuario vuelve á tener ya el esplendor de sus primeros tiempos, y su soledad profunda vuelve á des­„ pedir los perfumes de la piedad é inspirar santos pensa­mientos».

El primer Superior de Prime-Combe fue el Sr. Juan Bautista Tourné, Sacerdote de la Misión. El Ilmo. Sr. Besson, que acababa de ser preconizado Obispo de Nimes, le dio al momento testimonios del más sincero afecto.

No obstante ser breve la permanencia de este primer Superior, dejó allí muchos recuerdos. Como Misionero, predicó en gran número de parroquias de la Diócesis, consiguiendo magníficos resultados. Hizo también que volviese á restablecerse la antigua peregrinación, y á su lla­mamiento se dirigían numerosas muchedumbres de hombres á la santa ermita. A él se deben las varias construcciones que rodean la iglesia, y el haberse fundado, á la sombra del santuario, un pensionado, que más tarde se ha conver­tido en escuela apostólica, semillero fecundo de Misioneros.

No podemos pasar en silencio el concurso eficaz que en­contró el Sr. Tourné en una Hermana de mucha abnega­ción, cuyo nombre se ha hecho popular en Nimes, Sor Pi­tra, Hija de la Caridad, Hermana de Su Emma. el Cardenal de dicho nombre. Ella fue como el instrumento de la Pro­videncia en Prime-Combe, empleando en bien de esta casa toda la influencia de que gozaba en el contorno.

La muerte vino muy pronto á arrebatar, el 24 de Abril de 1882, al Sr. Tourné, separándole de las obras tan fructuo­sas de las misiones y romerías. Nació en Olorón, Diócesis de Bayona, y tenía cuando murió cincuenta y tres años, fue sustituido por el Sr. D. Luis Dillies.

3. El Sr. D. Luis Dillies, Superior de Prime-Combe

El nuevo Superior, Sr. D. Luis Dillies, continuó dignamente la obra que su predecesor comenzara. La escuela apostólica adquirió mayor desarrollo llegando á un estado floreciente.

Los Misioneros residentes en Prime-Combe se dividen entre sí los trabajos de la enseñanza en la escuela apostólica y el ministerio de las misiones en las parroquias. Mientras los unos, como diligentes Profesores, permanecen junto á la juventud que les está confiada, los otros, partiendo desde este punto céntrico, caminan en todas direcciones á través de las Diócesis de Nimes y Montpellier, aunciando con celo incansable la divina palabra. Desde Grau de-Roi, Vanvert y Aimarges hasta Vigan, pocas son las iglesias en que no haya resonado su voz. Sobre todo son objeto de sus predicaciones las poblaciones pequeñas de nuestras cam­piñas. Como dignos hijos de San Vicente de Paúl, á imita­ción del Santo fundador, van á predicar á los pobres y hu­mildes, y de un extremo al otro de la Diócesis su palabra hace que florezcan en ella la fe y la virtud.

Después de terminados sus cursos apostólicos, vuelven á Prime-Combe, y para descansar de sus trabajos predican en la capilla los ejercicios á los miembros de las conferen­cias de San Vicente de Paúl y de los Círculos católicos. Di­rigen piadosas exhortaciones á los peregrinos que los salu­dan, y los fieles que les han escuchado durante la misión se complacen en recibir el último consejo, la última palabra de consuelo y de paz.

Así es como, bajo la protección de María, custodio de estos lugares benditos, Prime-Combe ha llegado á ser la casa de oración, celo y caridad, y por el celo de los Sacerdotes de la Misión esparce á lo lejos su influencia vivificante y salvadora.

II. El Sr. D. Luis Dillies, Superior de Prime-Combe.­

El Sr. Luis José Dillies, cuyo nombre irá en adelante unido al de la Casa-santuario de Prime-Combe, fue nom­brado Superior de dicha casa en los primeros meses dei882. Nació el año 1839, en Quenoy-sur-Deule, Diócesis de Cambrai. fue recibido en la Congregación de la Misión el 25 de Diciembre de 1859, y ordenado de Sacerdote el 21 de Mayo de 1864, siendo destinado á los trabajos apostólicos sucesi­vamente en Amiens, Vichy y Nuestra Señora de Loreto, en la Diócesis de Burdeos. En esta última misión se hallaba cuando en 1882 fue enviado á Prime-Combe para que se encargara del gobierno de la casa.

Tomamos de la Semana Religiosa de Nimes (número del 18 de Julio de 1897) el juicio que hace de sus trabajos y la relación de la muerte de tan apreciable Misionero:

«El Sr. Dillies sucedió en Prime-Combe al Sr. Tourné de grata memoria, que fue el primer Superior de esta casa, y que había emprendido ya reparar el Santuario, que por desgracia estaba muy deteriorado. El nombramiento del R. P. Dillies para Superior de Prime-Combe lleva la fecha de 1882. Por espacio, pues, de quince años, el Sr. Dillies ha ejercitado su fervoroso celo y su gran actividad para llevar á cabo las mejoras de que era capaz el santuario, y enrique­cerlo de dependencias que debían aumentar su belleza y utilidad. ¡Quince años! son una vida entera, sobre todo á la edad en que el Sr. Dillies vino á nuestra Diócesis, y aten­dida la energía de su temperamento. Su vida, llena de fe, de piedad para con Nuestra Señora del Buen Socorro, ha sido muy provechosa y fecunda. Enumeremos simplemente sus obras. El primer cuidado del Sr. Dillies, desde su llegada, fue perfeccionar el establecimiento de enseñanza fundado por el Sr. Tourné, convirtiéndolo en escuela apostólica, desti­nada á proporcionar sujetos para su Congregación.

Se le llamaba á todas partes para dar misiones y ejer­cicios. Aceptaba todas las invitaciones, y bien sabido es el fruto que producía su fervorosa palabra. Las misiones de Nimes y de San Juan de Alais fueron como los más hermo­sos triunfos de su infatigable celo; el Ilmo. Sr. Gilly, Obis­po de Nimes, le dio el título de Vicario general honorario.

Estas misiones tan frecuentes y laboriosas no le dis­traían de la dirección de la ermita. El Sr. Dillies no perdía de vista la escuela apostólica; y le proporcionó tales profe­sores, que la han puesto al nivel de los mejores estableci­mientos de segunda enseñanza. Al mismo tiempo se apro­vechó de este mayor número de individuos para dar más vida y extensión á las obras de celo en el santuario. Gran­des fueron las solemnidades con que atrajo al trono de María numerosas muchedumbres; mencionaremos de un modo especial las fiestas del milenario en el año 1887, en las cuales, secundado por el Ilmo. Sr. Besson, vió venir á Prime-Combe más de veinte mil fieles, conducidos por una legión de sacerdotes y presididos por diez Obispos. Tales recuerdos serán siempre de mucho honor para la obra del santuario y para la gloria de aquel Dios, que escogió á su siervo para instrumento suyo en tan feliz empresa.

Bien pronto la antigua capilla pareció insuficiente para contener el número de peregrinos. Sobre los planos del Sr. Allard pudo unirse en breve tiempo á la capilla una iglesia extensa, abierta á los lados, conocida con el nombre de la Veranda,  que la prolongaba con grandes ventajas; en ella caben más de dos mil fieles; en un altar elegante, levantado sobre la puerta principal de la antigua capilla, se puede celebrar, casi al aire libre, el santo Sacrificio, que puede oír á un tiempo la multitud de gente que ha acudido en peregrinación.

El corredor del Rosario con sus quince misterios, la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, que le pone tér­mino, la cripta destinada para sepultura de los Sacerdotes de la Misión, la erección del Calvario y de la estatua de la Santísima Virgen, que dominan los contornos, son obras del Sr. Dillies, que le dieron ocasión para celebrar grandes fiestas en honor de Nuestra Señora.

Sigamos enumerando: una gran casa de ejercicios, en la cual se dan dos veces al año á los obreros, y durante los cuales se cuida á los ejercitantes— ejercicios que eran muy estimados por el Sr. Dillies, y de los cuales esperaba grandes bienes; — dicha casa sirve igualmente dos veces al año para ejercicios de señoras y señoritas piadosas, y de un modo especial para las Hijas de la Caridad, que acuden allí de todo el Mediodía, desde Niza á Tolosa.

Una hospedería para los peregrinos, que acaba de ter­minarse, y sobre ella los almacenes de objetos piadosos, los locutorios y una capilla del Sagrado Corazón. Este año se ha construído además una enfermería.

Nada podía detener ni aun moderar aquella actividad incesante que, si así puede decirse, no descansaba de un trabajo sino con otro nuevo trabajo. Y no obstante tan continua agitación y tantas ocupaciones, el Sr. Dillies sabía mostrarse complaciente con los importunos, hallar una pa­labra de cariño para los huéspedes del santuario y hacerse todo para todos. Los Sacerdotes de las dos Diócesis de Nimes y Montpellier jamás olvidarán aquella alegría y afa­bilidad con que eran recibidos en Prime-Combe: el Sr. Di­llies nos preparaba todo lo necesario; nos daba completa libertad para ejecutar el programa de la peregrinación en este santuario, poniéndola enteramente á nuestra disposi­ción; se mostraba condescendiente todas las veces que le pedíamos que dirigiese su fervorosa palabra á los pere­grinos, ávidos de oirle.

Pero había sonado ya la hora de la eterna recompensa para el infatigable Misionero, el cual en el espacio de quince años había consumado una muy larga vida, y aunque ape­nas contaba cincuenta y nueve, estaba ya sazonado para el Cielo.

El 25 de Junio se habían terminado los ejercicios de las Hijas de la Caridad, que habían acudido á Prime-Combe en número de noventa y cinco. La Comunión general había tenido lugar en la Misa celebrada á las seis de la mañana; el predicador habíase despedido dándoles la bendición.

Los carruajes de Fontanés acababan de transportar buen número de ejercitantes á las estaciones… Eran las nueve y media, cuando se oye un gran ruido en la cocina, que estaba situada debajo del aposento del Sr. Superior.

El Sr. Dillies comprende la causa de la explosión y corre hacia el contador para cerrarlo. El corredor estaba ya lleno de llamas. — ¡Deteneos — le grita su sobrino; en nombre del Cielo, deteneos!—Y él le responde: — ¡Salvaos vosotros! ¡Salvad los jóvenes! —Después, cogiendo la llave del contador, lo cierra con fuerza (las heridas que señala­ron su mano prueban el violento esfuerzo hecho para de­tener la causa del incendio).

Las llamas le envuelven repentinamente de pies á ca­beza; estaba todo hecho una llama; le falta el fuelle y grita:—¡Salvadme! ¡Estoy perdido!

Dos Sacerdotes de la Comunidad corren hacia él; le sacan fuera, le arrancan la sotana toda inflamada y llena de petróleo. Se le conduce á la enfermería, ¡pero en qué estado! Su cuerpo era todo una llaga; las manos, la cara, las piernas, todo estaba quemado; el calzado había preser­vado los pies. No obstante los terribles dolores que debía padecer, era tal la tranquilidad y la resignación de la he­roica víctima, que casi quitaba el temor de que tuviera que­maduras mortales. Así es que en el espacio de quince días que duró este martirio, el venerable enfermo sirvió de ejem­plo á cuantos pudieron visitarle.

El Sr. Obispo, que estimó mucho el conservarle el tí­tulo de Vicario general que su predecesor le había dado, apenas supo la gravedad del mal, se puso en camino para consolarle y darle su paternal bendición. El estado del en­fermo no era, sin embargo, desesperado, y en la semana transcurrida desde el 19 al 27 manifestó á veces síntomas muy consoladores. Pero el lunes 28 aparecieron nuevas complicaciones; se declaró una doble congestión pulmonar y cerebral, perdiéndose desde ese momento toda esperanza humana. Se esperaba la intervención favorable del Cielo, que solicitaban fervorosas oraciones dirigidas á la poderosa Señora. Mas fue necesario llevar con resignación la prueba; se administraron los santos Sacramentos al enfermo, el cual los recibió con piedad admirable.

— ¿Quiere usted algo, padre mío? — se le decía. Y contestaba sonriendo:

— El Cielo.

Cuando el mal se mitigaba algunos momentos, los apro­vechaba para dar testimonio de los sentimientos más afec­tuosos de gratitud para con sus queridos hermanos, para con el Sr. Cura de Fontanés y las personas principales de esta Parroquia, que durante la dolorosa crisis dieron prueba del más afectuoso interés para con el enfermo.

Finalmente, el miércoles 30 de Junio, á las nueve de la noche, entregó su alma á Dios.

No volveremos á los testimonios de veneración de que ha sido objeto su cadáver durante todo el primer día de Julio, ni á los funerales solemnes que atrajeron al santuario de Prime-Combe tanta multitud de fieles y Sacerdotes de las Diócesis de Nimes y Montpellier, entre los cuales los Vi­carios generales representaban los dos Sres. Obispos que no podían acudir por causa de sus obligaciones, hallándose también muchos religiosos y, sobre todo, muchos miem­bros de la familia de San Vicente de Paúl; hemos pu­blicado ya la relación de dicha ceremonia, que fue como una manifestación muy distinguida de cariño, piedad y gratitud.

A las exequias solemnes, celebradas, ya en el santuario, ya en Nimes, concurrió gran multitud de fieles y de Sacer­dotes. Verdad es que el silencio rodeará la tumba en la cual descansan los restos del infatigable apóstol, esperando el día de la resurrección universal; pero la memoria del P. Dillies permanecerá por mucho tiempo en los corazo­nes; su obra, su grande obra perpetuará de un modo espe­cial su recuerdo. Los que la continúen, podrán aprove­charse de sus ejemplos, de su celo y piedad, y los ecos de estas colinas con frecuencia repetirán el bendito nom­bre de su santo protector. In memoria aeterna erit justus.»

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