Las máximas del mundo
Oración preparatoria.
Dios todopoderoso y eterno, que llenaste de caridad el corazón de san Vicente de Paúl, escucha nuestra oración y danos tu amor. A ejemplo suyo, haznos descubrir y servir a Jesucristo, tu Hijo, en nuestros hermanos pobres y desdichados. Que en su escuela aprendamos a amarte a Ti con el sudor de nuestro rostro y la fuerza de nuestros brazos. Por sus oraciones, libra nuestras almas del odio y del egoísmo; haz que todos recordemos que un día seremos juzgados sobre el amor. Oh Dios, que quieres la salvación de todos, danos los sacerdotes, las religiosas y los apóstoles seglares que tanto necesitamos. Que sean entre nosotros los primeros testigos de tu amor. Virgen de los pobres y Reina de la Paz, obtén para nuestro mundo dividido y angustiado, el amor y la paz. ASÍ SEA.
Reflexión del día 2º.
El abrazar las máximas del Evangelio compromete a huir de las máximas del mundo, ya que son opuestas a las del Evangelio; para huir de ellas, hay que saber cuáles son, qué es lo que se entiende por estas máximas del mundo y ver cómo se oponen a las de Jesucristo y en qué las contradicen.
En primer lugar, las máximas de nuestro Señor dicen: «Bienaventurados los pobres» (Mt 5, 36); y las del mundo: «Bienaventurados los ricos». Aquellas dicen que hay que ser mansos y afables; éstas, que hay que ser duros y hacerse temer. Nuestro Señor dice que la aflicción es buena: «Bienaventurados los que lloran»; los mundanos, por el contrario: «Bienaventurados los que se divierten y se entregan a los placeres».
«Bienaventurados los que tienen hambre y sed, los que están sedientos de justicia»; el mundo se burla de esto y dice: «Bienaventurados los que trabajan por sus ventajas temporales, por hacerse grandes».
«Bendecid a los que os maldicen» (Lc 6, 28), dice el Señor; y el mundo dice que no hay que tolerar las injurias: «al que se hace oveja, se lo comen los lobos»; que hay que mantener la reputación a cualquier precio, y que más vale perder la vida que el honor.
Y esto basta para conocer cuál es la doctrina del mundo y qué es lo que pretende. Por consiguiente, al comprometernos a seguir la doctrina de Jesucristo, que es infalible, nos obligamos al mismo tiempo a ir contra la doctrina del mundo, que es un abuso. (Cf. Op. cit., nn. 692-694).
Oración final.
Oh Dios, que has llamado a todos los hombres a cooperar en el plan inmenso de la creación, haz que en el esfuerzo común por construir un mundo nuevo, más justo y más fraterno, se consiga que todo hombre encuentre el puesto que su dignidad pide, para que realice plenamente su vocación y contribuya al progreso de todos los demás hombres, según la Buena Nueva que nos predicó tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Gozos.
HIMNO A SAN VICENTE
(Melodía del «Quis novus caelis»)
¿Qué nuevo triunfo cantan hoy, los cielos?
¿Qué nuevo aplauso los santos tributan?
¡La luz del Clero, el Padre de los Pobres
brilla en la Gloria!
Ayúdanos, San Vicente,
a renovarnos en el Evangelio.
Obras ingentes loan tus proezas
y el Amor ciñe de laurel tu frente;
cuanto le diste al Pobre con largueza
te vuelve el Cielo.
Ayúdanos, San Vicente,
a renovarnos en el Evangelio.
Los sacerdotes, siendo tú su Guía,
llevan al Pobre la verdad de Cristo:
la madre Iglesia vive y canoniza
tu Magisterio.
Ayúdanos, San Vicente,
a renovarnos en el Evangelio.
Pero te honran de manera insigne
vírgenes castas que, a la vez, son Madres:
los Pobres gozan, bajo tu mirada,
de su ternura.
Ayúdanos, San Vicente,
a renovarnos en el Evangelio.
Como aliviaste el dolor del mísero,
oye hoy, benigno, el clamor del Pueblo:
todos los pobres, juntos te proclaman
Padre y Amigo.
Ayúdanos, San Vicente,
a renovarnos en el Evangelio.
Demos hoy, todos, gloria al Padre Eterno
y al Hijo Ungido Salvador del hombre
y al Amor mismo, Llama de Dios vivo
que arde en Vicente. Amén.







