Escribe dos líneas sobre tu fe
MONICIÓN DE ENTRADA
Bienvenidos a la Eucaristía. La Palabra de Dios y la reflexión que nos propone el Papa son muy densos: El encuentro con Jesucristo que cambia una vida; el Año de la Fe, el Catecismo para ilustrar la Fe Cristiana, y la (nueva) Evangelización para la transmisión de la Fe en nuestro tiempo. Roguemos a María su acompañamiento en tan ardua tarea.
ORACIÓN COLECTA
Señor, Padre santo,
al celebrar jubilosos la memoria
de la bienaventurada Virgen María,
por quien nos abriste el manantial de salvación,
Jesucristo, tu Hijo,
te pedimos poder ofrecer los frutos abundantes
del Espíritu Santo,
bebiendo constantemente de esta fuente de vida.
Por nuestro Señor Jesucristo.
LITURGIA DE LA PALABRA
Lectura de la Carta del apóstol Santiago (2, 1-7)
Hermanos míos, vosotros que creéis en nuestro glorioso Señor Jesucristo no hagáis diferencias entre las personas. Supongamos que cuando vosotros estáis reunidos entra uno con anillos de oro y traje elegante, y entra también un pobre andrajoso; y vosotros fijáis la mirada en el de traje elegante y le decís: Siéntate aquí en un buen puesto; y al pobre le decís: Quédate de pie o siéntate allí, en el suelo, ¿no estáis haciendo diferencias entre las personas y siendo jueces malintencionados?
Escuchad, hermanos míos queridos: ¿acaso no escogió Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los que lo aman? Vosotros, en cambio, despreciáis al pobre. ¿Acaso no son los ricos los que los oprimen y arrastran a los tribunales? ¿No son ellos quienes hablan mal del precioso Nombre que fue invocado sobre vosotros?
Palabra de Dios
Salmo responsorial (Sal 48, 14-15ab. 15cd-16. 17-18. 19-20)
Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Este es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor. R/.
Bajan derechos a la tumba; se desvanece su figura,
y el Abismo es su casa.
Pero a mí Dios me salva, me saca de las garras del Abismo y me lleva consigo. R/.
No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él. R/.
Aunque en vida se felicitaba:
«Ponderan lo bien que lo pasas» ,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz. R/.
Lectura del santo Evangelio según San Juan (4, 4-30)
Llegó (Jesús) a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob dio a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó tranquilamente junto al pozo. Era mediodía. Una mujer de Samaría llegó a sacar agua.
Jesús le dice:
– Dame de beber.
[…] Le responde la samaritana:– ¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? Los judíos no se tratan con los samaritanos.
Jesús le contestó:
– Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva.
Le dice [la mujer]:
– Señor, no tienes con qué sacar el agua y el pozo es profundo, ¿dónde vas a conseguir agua viva? ¿Eres, acaso, más poderoso que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebían él, sus hijos y sus rebaños?
Le contestó Jesús:
– El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; quien beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, porque el agua que le daré se convertirá dentro de él en manantial que brota dando vida eterna.
Le dice la mujer:
– Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed y no tenga que venir acá a sacarla.
Le dice:
– Ve, llama a tu marido y vuelve acá.
Le contestó la mujer:
– No tengo marido.
Le dice Jesús:
– Tienes razón al decir que no tienes marido; porque has tenido cinco hombres, y el que tienes ahora tampoco es tu marido. En eso has dicho la verdad.
Le dice la mujer:
– Señor, veo que eres profeta. Nuestros padres daban culto en este monte; vosotros en cambio decís que es en Jerusalén donde hay que dar culto.
Le dice Jesús:
– Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén se dará culto al Padre. Vosotros dais culto a lo que no conocéis, nosotros damos culto a lo que conocemos; porque la salvación procede de los judíos. Pero llega la hora, ya ha llegado, en que los que dan culto auténtico adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque esos son los adoradores que busca el Padre. Dios es Espíritu y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad.
Le dice la mujer:
– Sé que vendrá el Mesías -es decir, Cristo-. Cuando él venga, nos lo explicará todo.
Jesús le dice:
– Yo soy, el que habla contigo.
[…] La mujer dejó el cántaro, se fue al pueblo y dijo a los vecinos:– Venid a ver un hombre que me ha contado todo lo que yo hice: ¿no será el Mesías?
Ellos salieron del pueblo y acudieron a él.
Palabra del Señor
Textos previos a la homilía:
«…los contenidos esenciales que desde siglos constituyen el patrimonio de los creyentes tienen necesidad de ser confirmados, comprendidos y profundizados de manera siempre nueva, con el fin de dar un testimonio coherente en condiciones históricas a las del pasado.» (Porta Fidei, 4)
«…el Año de la fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemática y orgánicamente en el Catecismo de la Iglesia Católica.» (Porta Fidei, 11)
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA
- De sobras sabemos que la fe no es recitar el credo o saberse la doctrina cristiana. Antes que la profesión de fe o la vida de fe, está la misma fe, es decir, el encuentro con un Dios salvador.
- ¿Cómo hacer un diseño de la fe cristiana, siempre antigua y nueva, para hoy?
- El ser humano es destinatario de sí mismo, pero no tiene todas las claves en sus manos.
- Para los cristianos, Jesucristo es el Dios-Hombre que tuvo mucho crédito y lo sigue teniendo. Dialogó con las fuerzas religiosas y sociales de su tiempo, que lo rechazaron y ajusticiaron en una Cruz. Pero Dios dio la razón al Ajusticiado cuando la tumba se abrió y resucitó la Vida.
- No obstante, mucho Pueblo, de todos los estratos sociales, se dio cuenta de que si Dios no estaba con Jesús, imposible que hiciera obras tan estupendas.
- La samaritana, mujer lista como pocas, se percató de ello y, a pesar de que quería catequizar a Jesús, fue catequizada por Él. El agua que buscaba se quedó en el pozo, porque encontró otra agua que saciaba su sed insaciable de felicidad, de amor.
- La samaritana advirtió que nadie, como Jesús, la había tratado con el cariño del Nazareno. El encuentro con Jesús, la sed saciada en agua que salta a la vida eterna, hicieron que la fe de la mujer se convirtiera en misión, en anuncio del Salvador para sus vecinos.
- El éxito del desenlace se debe a Jesús y a la Samaritana. Los dos supieron dialogar de tal modo que Jesús se descubrió para la Samaritana y la Samaritana quedó fascinada por el Judío Universal.
- Un relato de este tipo para plantear la fe en el Dios de Jesucristo tiene más garra que 1.000 tratados teológicos.
Conclusión… ¿Tiene la Iglesia un lenguaje fresco como el de Jesús en sus planteamientos? ¿Conoce la Iglesia la pasta de la persona de hoy? ¿No destrozamos nuestra fe, como ha dicho Santiago, con los desequilibrios sociales, siendo así que los cristianos somos la parte rica del mundo presente?
Conclusión práctica: «Escribe dos líneas sobre tu fe». Leer y meditar, durante este Año de la Fe, la Primera Parte del Catecismo de la Iglesia Católica: La Profesión de la Fe.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Sacerdote: Alabemos a Dios todopoderoso, que conoce nuestras necesidades, pero que quiere que busquemos su Reino.
Lector: Padre santo, que nos diste a Jesucristo como pastor de nuestras vidas, ayuda a los pastores de la Iglesia para que cuiden bien de tu pueblo. Roguemos al Señor.
Asamblea: Te rogamos óyenos.
Lector: Que nuestros corazones sean la tierra fecunda en la que puedas sembrar tu Palabra para que demos el fruto en el momento favorable. Roguemos al Señor.
Asamblea: Te rogamos óyenos.
Lector: Ten misericordia de los que hoy no han tenido que comer ni un techo bajo el que dormir, y que nuestra fe se transforme en solidaridad y cercanía. Roguemos al Señor.
Asamblea: Te rogamos, óyenos.
Lector: Que no falten en la Iglesia hombres y mujeres llenos de tu Espíritu Santo que anuncien a nuestro mundo la fe, la alegría y la paz. Roguemos al Señor.
Asamblea: Te rogamos, óyenos.
Lector: Para que, a ejemplo de María, sepamos visitar y acoger a los demás con sencillez y desde la fe. Roguemos al Señor.
Asamblea: «Oh María, sin pecado concebida….» (cantado)
Sacerdote: Al presentarte nuestra oración, te pedimos Padre, nos hagas valientes para aceptar tu voluntad y colaborar contigo en la construcción de un mundo mejor. Por Cristo nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LOS DONES
Transforma, Señor, en sacramento de salvación
los dones que te presentamos con gozo
en esta memoria de la santísima Virgen María,
por cuya intercesión tu Hijo realizó el primero de sus signos,
convirtiendo el agua en vino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
LA BIENAVENTURADA VIRGEN
ENGENDRÓ A JESUCRISTO, FUENTE DE AGUA VIVA
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias,
Padre santo, siempre y en todo lugar,
y proclamar tu grandeza
en esta celebración de la gloriosa Virgen María.
Porque ella, cubierta por la sombra del Espíritu Santo,
concibió de modo inefable a tu Palabra encarnada,
Jesucristo, fuente del agua viva,
donde los hombres apagan la sed de comunión y de amor.
También la Iglesia ofrece a todos los fieles
la fuente santa de la salvación
que brota del costado de Cristo,
fuente que conserva fecunda y pura, en los sacramentos,
para que se llenen del Espíritu
y encuentren a Cristo Salvador
los que con fe beben de ella.
Por él,
los ángeles y los arcángeles
y todos los coros celestiales
celebran tu gloria,
unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces
cantando humildemente tu alabanza:
Santo, Santo, Santo…
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Al participar, Señor, en el banquete celestial,
hemos bebido con gozo de la fuente del Salvador;
concédenos, a cuantos celebramos
la memoria de la Virgen María,
que el sacramento recibido sea en nosotros
un manantial que salta hasta la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.







