NOTAS HISTÓRICAS SOBRE LOS VARIOS ESTABLECIMIENTOS CM en PORTUGAL (III)

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la Misión, Historia de la Familia VicencianaLeave a Comment

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CAPITULO II

Como solamente hemos hecho algunas indicaciones res­pecto de los establecimientos que siguieron a la fundación de las casas de Lisboa, Miranda y Santa Cruz de Guimaraens, vamos a completar aquí las noticias referentes a ellos.

Establecimiento de Evora,

En 1779 fueron llamados a Evora los Sacerdotes de la Misión para dar allí misiones y establecer un Seminario. Evora (Ebura) es una ciudad de la provincia de Alem-tejo, que cuenta hoy de trece a catorce mil habitantes. Es capital de distrito y Sede Arzobispal, y dista 105 kilóme­tros E-SE. de Lisboa. En 1779 los Misioneros se encar­garon de la dirección de un Colegio o Seminario, cuyo Establecimiento duró hasta 1834, época de revolución.

Añadiremos aquí que, en 1874, se habló de abrir en dicha ciudad una casa de Ejercicios para los eclesiásticos; mas este proyecto no se llevó a cabo.

He aquí en qué términos se expresaba el Superior Ge­neral Sr. Jacquier, en carta circular del 1º de Enero de 1780: «Por las noticias que de Portugal recibimos, sabemos que nuestros hermanos continúan recibiendo pruebas de pro­tección y de confianza por parte de la Corte y del Episco­pado. Por orden de la Reina han enviado a Goa, ciudad importante de Asia, dos Misioneros para encargarse de los primeros trabajos del Seminario que se trata de establecer para la Diócesis de este Arzobispado. El Sr. Arzobispo de Evora les ha entregado la casa que antes ocupaban los Je­suitas, para que trabajen en la formación de los jóvenes eclesiásticos, y la Reina se ha comprometido a darles los fondos necesarios para su subsistencia. Esta es una prueba evidente de la santa unión que entre ellos reina y de la re­gularidad de su observancia».

Algunas notas manuscritas que tenemos a la vista (Ar­chivo de la Misión; Portugal, pág. 62) contienen los datos siguientes, relativos a la Fundación de Evora:

«El Clero, la nobleza y el pueblo de la ciudad de Evora expusieron a S. M. la Reina Doña María I, de feliz memo­ria para el reino de Portugal, y muy principalmente para nuestra Congregación, la gran necesidad, que en todo el Arzobispado se sentía, de individuos que aparte de la vo­cación de servir a la Iglesia, administrando los Santos Sa­cramentos, estuviesen llenos del espíritu que debe informar las costumbres de los eclesiásticos y animarlos en el ejercicio de su sagrado ministerio; necesidad que recono­cía como causa la falta de un Seminario de formación, donde los aspirantes al estado sacerdotal recibiesen, con la doctrina sólida y máximas de piedad propias de su profe­sión, los buenos ejemplos de las virtudes con que más tarde debían ellos edificar a los pueblos encomendados a su celo. Para remediar esta necesidad —se añadía en dicha exposi­ción— bastaría que S. M. se dignase enviar a Evora a los Sacerdotes de la Congregación de la Misión de San Vicente de Paul, dándoles una casa a propósito para el ejercicio de una obra tan provechosa y para las demás de su Instituto; para lo cual se presta admirablemente el Colegio conocido bajo el nombre de la Purificación.

  1. M. la Reina se dignó contestar a esta solicitud con una carta de donación, de 30 de Junio de 1779, por la cual concedía a nuestra Congregación, de una manera firme, perpetua e irrevocable, todo el edificio perteneciente al Co­legio de la Purificación, autorizándonos para tener allí doce Sacerdotes capaces de satisfacer las intenciones indicadas y de predicar además la palabra divina a los pueblos, según las reglas de su instituto.

Entonces, el Superior y demás sacerdotes de la Misión de Lisboa pidieron y obtuvieron del Emmo. Cardenal D. Juan da Cunha, Arzobispo de Evora, por provisión de 16 de Agosto de 1779, el permiso de establecer en su ar­zobispado una casa, en la cual pudiesen entregarse con libertad a las obras propias de su instituto, para provecho espiritual del arzobispado.

El 25 de Agosto del mismo año, los Sacerdotes de la Misión tomaron solemnemente posesión del mencionado Colegio. Además, S. A. Doña María I, por despacho de I0 de Septiembre de 1783, les permitió adquirir pensiones anuales sobre sus rentas, hasta la cantidad de 6.000 cru­zados (17.640 francos) de renta anual; concesión que fue ampliada por otro despacho de 28 de Julio de 1735, en que les permitía adquirir dichas pensiones en bienes raíces, en caso que la caridad de los fieles les hiciera voluntariamente donación de ellos.

„Una vez que los Misioneros tomaron posesión del mag­nífico Colegio de la Purificación, que había sido construido por orden de S. Emcia. el Cardenal D. Enrique para Semi­nario de su arzobispado, y vino a ser más tarde Colegio de Nobles, y por fin  fue entregado a los Jesuitas, que permane­cieron en él hasta que fueron expulsados de Portugal, pu­sieron sin tardanza manos a la obra para trabajar en los ejercicios y ministerios propios de la Congregación; apli­cándose a ellos tanto en casa, como en la ciudad, como en los pueblos vecinos, con igual celo que lo hacían los Misio­neros de Lisboa y de la Cruz (Guimaraes). Como la Reina Doña María I les recomendaba en su despacho de lo de Septiembre de 1783 la erección de un Seminario para la edu­cación del Clero y los aspirantes al estado eclesiástico, se pusieron inmediatamente a la obra, admitiendo desde luego algunos alumnos que (como en la casa de Lisboa) se aplicaban al estudio de humanidades, ciencias y Escri­tura Sagrada.»

  1. Establecimiento de Goa.

Según hemos visto, el Superior general Sr. Jacquier, es­cribía en 1° de Enero de 1780: «Nuestros hermanos de Portugal continúan recibiendo pruebas de protección y de confianza por parte de la corte y del episcopado.» Y aña­día: «Por orden de la Reina han enviado a Goa dos Misio­neros para encargarse de los primeros trabajos del Semi­nario que se trata de establecer para la diócesis de este arzobispado.»

Goa es una posesión portuguesa de la India. Es una isla, situada en el mar de Ornan, en la desembocadura del Mandova, que la separa de tierra firme, y tiene 4.0 kilómetros de circunferencia. Hoy la ciudad antigua ha sido reempla­zada por otra nueva situada a 9 kilómetros de aquélla.

El Sr. Jacquier añadía en la circular de I° de Enero de 1781: «Sabemos de Goa, ciudad del Asia, que los dos Misioneros que salieron de Lisboa el 22 de Mayo del año pasado han llegado felizmente, después de una larga y pe­nosa navegación; que han sido muy bien recibidos, y que han tomado posesión del Seminario. La Reina de Portugal no limita su celo a este solo establecimiento, sino que ade­más ha pedido muchos Misioneros para la misma ciudad; por lo cual, no siendo posible a la Casa de Lisboa corres­ponder a estos deseos, han recibido un auxilio del Sr. Fe-naja, Visitador de la Provincia romana, quien ha enviado a dicha isla ocho Sacerdotes y dos hermanos, cuya lista me ha remitido. Otras muchas buenas obras proponía la augus­ta Princesa, mas, por ahora, no hemos podido atender a todos sus piadosos deseos y a la gran confianza con que nos honra.

Acerca de este establecimiento se lee en el suplemento a la vida de San Vicente, en portugués (1889): «En 1779 fueron enviados a Goa dos Misioneros para fundar un Semi­nario, por orden de un despacho Real. Eran estos Misione­ros los Sres. Machado y Santos, que se embarcaron el 3 de Octubre en compañía del Obispo de Cochín, Dr. Fr. Ma­nuel de Santa Catalina, enviado a gobernar la diócesis de Goa. En los años siguientes fueron enviados nuevos Mi­sioneros a esta importante Misión, llegando en el año de 1781 a catorce, por lo menos, el número de Misioneros encargados de la dirección de los Seminarios de Goa, Chorao y Rachol.

Entre las otras obras buenas propuestas por la Reina, de que se hizo mención, estaban comprendidas sin duda al­guna las que en el año 1783 indica el Superior General en estos términos: «S. M. la Reina de Portugal quiere darnos aún dos Colegios en Goa, los cuales se están ahora repa­rando».

Por el texto antes citado y por otras indicaciones aná­logas, se ve que las Casas de Portugal eran insuficientes para proveer de personal a todas estas fundaciones; y corno Francia acababa de aceptar los establecimientos de China y del Oriente, vacantes por la supresión de los Jesuitas, fueron Italia y España las que completaron el personal en las colonias portuguesas.

En 1785, el Sr. Jacquier se expresaba en estos términos: «Sabemos, por las cartas que llegan de Goa, que nuestros hermanos tienen en dicha ciudad del Asia tres estableci­mientos, en donde ejercen con celo todas las funciones de la Congregación. Enseñan Teología y Filosofía en los Se­minarios que dirigen, dan conferencias a los eclesiásticos de la ciudad y hacen misiones en los pueblos de la Isla».

Establecimiento de Macao.

En la Circular de 1° de Enero de 1785 el Sr. Jacquier hace mención de una nueva empresa apostólica, la funda­ción y dirección de un Seminario en Macao.

Macao es una ciudad y colonia portuguesa de China, sobre la costa meridional de la provincia de Huang-tong, 100 kilómetros al SE. de Canton. El territorio que abraza toda la pequeña casi-isla, sobre la cual está edificada la ciudad, tiene únicamente 13 kilómetros cuadrados de su­perficie. La ciudad está rodeada de colinas y es muy pinto­resca; tenía en 1878 una población de sesenta mil habitan­tes y se componía de setenta y siete mil la colonia entera.

En 1785 decía también el Sr. Jacquier: «El Ilmo. Sr. Vi­cario de Pekín ha obtenido de la Reina de Portugal per­miso para establecer un Seminario en Macao, y quiere escoger para su dirección algunos de los misioneros que residen en Goa, a los cuales distingue con señaladas muestras de benevolencia. Este plantel de eclesiásticos chinos será un gran recurso para multiplicar los obreros que tra­bajan por la propagación del Evangelio en el Imperio chino». El suplemento a la vida de San Vicente nos da acerca de esta fundación los siguientes datos: «En 1784, dos Misioneros, los Sres. Correa y Villa (italiano), se dirigieron desde Corea a Macao, adonde lle­garon el 28 de Julio, instalándose al punto en el Seminario de San José, donde les recibió el Obispo de Pekín, Dr. Fray Alejandro, de la Tercera Orden de San Francisco. Este digno Prelado, cuando volvió a su Diócesis, pidió al Supe­rior de Lisboa Misioneros para Pekín, pero no pudo con­seguirlos a pesar de sus instancias».

El Sr. Jacquier añadía el siguiente año: «Hemos indicado ya que la Reina de Portugal había autorizado al Ilustrísimo Sr. Obispo de Pekín para establecer un Seminario en Ma­cao, con el fin de educar a los jóvenes chinos y preparar­los al estado eclesiástico; pues bien, este Prelado  fue a Goa para conferenciar con nuestros hermanos establecidos en esta ciudad, acerca del Seminario en proyecto; y al ver el orden que reinaba en los Seminarios dirigidos por ellos, pidió y obtuvo que el Sr. Correa, portugués, y el Sr. Villa, italiano, fuesen a Macao para encargarse del que él iba a establecer. Su Ilustrísima partió inmediatamente y llegó a Macao sin novedad; pero no sucedió lo mismo a nuestros amados compañeros, que durante la travesía estuvieron dos veces en grave peligro de perder la vida. En efecto, ha­biéndose embarcado en el mes de Mayo de 1784, después de poner en orden sus negocios, al llegar al puerto de Malaca, ciudad de la India, prendió el fuego, a las dos de la madrugada, en un vapor holandés, extendiéndose sus lla­mas hasta el vapor donde iban nuestros viajeros, lo cual les infundió no pequeño temor. Escapados de este peligro, pronto cayeron en otro, pues se levantó una terrible tem­pestad que les hizo perder toda esperanza y creer que no tardarían en ser engullidos por la mar y comparecer ante el tribunal de Dios; y ciertamente no era para menos el cuadro que se presentaba a sus ojos: los truenos espanto­sos que se oían, los relámpagos eran continuos, el mar em­bravecido, la nave tan pronto levantada sobre las monta­ñas de agua formadas por las olas, como sepultada en los abismos de la mar; los palos hechos pedazos, el timón abandonado, consternados los marineros y soldados y pi­diendo de rodillas la absolución con gran instancia. Mas de repente cesó la tempestad y sobrevino la calma y toda la tripulación se volvió al Señor de los Cielos, que gobierna la tierra y el mar, para darle las más sinceras gracias por haberles librado de tan inminente peligro.

Tres días después, el 28 de Julio, llegaron nuestros Mi­sioneros a Macao, siendo recibidos por el Ilmo. Sr. Obispo de Pekín con toda suerte de demostraciones de afecto y alegría. Se albergaron en el Colegio de San José que ha­bían ocupado los Jesuitas antes de ser suprimidos, y que el Sr. Obispo escogió para morada de los Misioneros, por ser muy hermosa y bien acondicionada para Seminario. Al efecto mandó hacer las reparaciones necesarias y la pro­veyó de todo, dejando además un reglamento, según el cual se había de enseñar la Gramática en latín y chino, Re­tórica, Filosofía, Teología Dogmática y Moral y Matemá­ticas.

  1. M. la Reina de Portugal, que con tanto gusto coopera a todo cuanto puede contribuir a la propagación de la fe, ha dispuesto que se paguen de su tesoro los gastos que hasta ahora se han hecho y los que aun quedan por hacer para las reparaciones de la casa, y sustentación de cinco Misioneros y de los alumnos.

El 1° de Octubre de 1784 hizo el Sr. Correa, Superior de la nueva fundación, la apertura del Seminario, pronun­ciando, en presencia del Ilmo. Sr. Obispo y del Senado noble de la ciudad, un discurso en latín, del que quedaron todos muy satisfechos. En la fecha de las cartas que hemos recibido, el Seminario tenía ya ocho alumnos, y sin duda que actualmente será mayor su número.»

Establecimiento de Sernache.

La fundación del Seminario de Sernache data del año 1791. Sernache de Bomjardina, Sarnache, es un pue­blo del distrito de Castello-Branco, de cuya población dista 6o kilómetros al Oeste (Beira, Portugal central). Depende de la diócesis de Portalegre y cuenta tres mil habitantes.

«El 10 de Marzo de 1791, S. A. el Príncipe regente, por decreto dado en Salvaterra dos Magos, ordenaba al Supe­rior de los Lazaristas de Lisboa organizar un Seminario en el gran priorato do Crato. Sernache do Bom Jardín (hoy Seminario para el clero destinado a las colonias portugue­sas, 1905) fue el lugar escogido para esta fundación. A ella fueron enviados los Sres. Anastasio Coelho y Joaquín Pe­reira Velloso, con el hermano Manuel López, los cuales lle­garon el día II de Junio y tuvieron una magnífica recep­ción. Los más excelentes resultados coronaron sus traba­jos.»

A su llegada se hospedaron en casa del Sr. Cura, y después de algún descanso tomaron posesión de las casas des­tinadas al Seminario, pertenecientes al Sr. Tiburcio de Paparia. El recaudador de derechos de entrada les había en­viado el 7 de Junio una copia del decreto en cuya virtud S. A. R. les hacía donación del usufruto de las casas y del parque; y el 13 del mismo mes se presentó a darles la posesión y entregarles las llaves.

Algunos años después S. A. R. dio el siguiente decreto respecto a los clérigos aspirantes a los sagrados Ordenes: «Ordeno que en adelante todos los que hayan de recibir el orden de subdiácono en mi priorato de Crato pasen allí seis meses seguidos para probar su vocación, tres meses para el diaconado y tres o cuatro para el presbiterado. (Palacio de Queluz 23 de Agosto de 1794).

El 28 de Abril de 1805 se consagró la iglesia solemne­mente. El 2 de Noviembre de 1819 se trasladaron a ella desde el claustro donde yacían los restos mortales del se­ñor Anastasio Coelho, primer Superior del Seminario, que había muerto el 18 de Julio 1796. También murieron en Sernache sus dos compañeros, el Sr. Velloso y el hermano López: el primero, el 6 de Abril de 1809, siendo Superior del Seminario; el segundo, el 20 de Diciembre de 1819, a la edad de más de ochenta años.

Esta casa subsistió hasta la época de la revolución de 1834 y se conservan aún las ordenanzas de la visita que hizo el Sr. Antonio Magalhaes firmadas con fecha del 18 de Octubre de 1833.

  1. Obras de los Sacerdotes de la Misión en Faro.

El año 1796, el Ilmo. Sr. Obispo de Algarve —el Algarve es la provincia más meridional de Portugal—, Don Francisco Gómez, que se encontraba en Lisboa cuando des­embarcaron los Sres. Rumualdo Ansaloni y José Maffei, Sacerdotes de la Misión italiana, que venían de Goa, donde habían estado trabajando por espacio de diecisiete años, obtuvo licencia del Superior para llevarlos consigo con ob­jeto de organizar un Seminario en Faro, que aún no tenía».

Faro, ciudad de Portugal, es la capital del distrito de Faro o provincia de Algarve, a 215 kilómetros al Sur de Lisboa; hay en ella Sede Episcopal; tiene ciudadela, una buena bahía y una población de ocho mil habitantes.

«Habiendo llegado a Faro el 15 de Noviembre de 1796, determinaron todo lo relativo a los estudios, a la parte es­piritual y a la temporal; y después de haber hecho un reglamento, que aún se observa, con ligeras modificaciones, en dicho Seminario, salieron para Lisboa el 16 de Junio de 1797, acompañándoles el Sr. Obispo hasta San Blas de Aljustrel, y dándoles después un hombre de confianza que les acompañara hasta la capital». (Vida de San Vicente, en portugués.)

Este sólo fue un servicio transitorio, pero importante, que prestaron a Faro los Misioneros de Lisboa.

  1. Establecimientos de Pekín, servicios prestados en China.

Pekín, capital de China, es el último lugar donde se es­tablecieron los Misioneros Paúles de la antigua Provincia de Portugal.

«En 1797, el Obispo de Pekín, que algunos años antes había recurrido en vano al Superior de la Congregación de la Misión de Lisboa, renovó su petición, mas dirigiéndose directamente al Gobierno, que le obtuvo un Real decreto con fecha 12 de Mayo, ordenando entregar a los Misione­ros de San Vicente de Paúl la iglesia de San José de Pekín y los fondos necesarios para su subsistencia. Entonces el Superior de Lisboa, no pudiendo excusarse, designó para esta Misión a los Sres. Domingo Joaquín Ferreira y José Núñez Ribeira, que se encontraban ya en Macao. Estos lle­garon a Pekín el 24 de Mayo de 1801, y dirigiéndose a la Catedral encontraron allí al Obispo, que les recibió con los brazos abiertos. Era el día de Pentecostés, y asistieron a la Misa pontifical. El digno Prelado les tuvo algunos días en su compañía, y el 1° de Junio tomaron definitivamente po­sesión de su Casa de San José.

Los Sacerdotes de la Misión prestaron grandes Servicios a las diócesis de Macao, Pekín y Nankín, y a pesar de las dificultades extraordinarias que hubieron de superar, lo­graron frutos abundantes de salud. Numerosos Misioneros salieron de la casa de Lisboa para estas remotas regiones, llevando la luz del Evangelio a multitud de almas sentadas a la sombra de la muerte.

El 25 de Noviembre de 1841 fueron propuestos el Padre Juan Castro para el Obispado de Pekín, el P. Miranda para el de Nankín y el P. Borja para el de Macao; mas sólo el último recibió la confirmación apostólica, si bien no llegó a ser consagrado, porque falleció en 1845. Fue propuesto para sucederle el P. Motta, el cual, confirmado y consa­grado, gobernó la diócesis durante algunos años. El P. Juan de Castro y Moura, vuelto a Portugal, fue propuesto para el Obispado de Porto, y habiendo recibido la confirmación apostólica y la consagración episcopal, falleció a la una y media de la mañana del 16 de Octubre de 1868.

Estos datos históricos están tomados, según hemos in­dicado, del suplemento a la Vida de San Vicente en Por­tugués (1889). En las Memorias de nuestra Congregación, se conservan otras noticias relativas a las obras de los La-zaristas portugueses en China.

Las casas de Portugal de que hemos hecho mención se conservaron hasta la supresión de las comunidades religio­sas en este país, en 1834.

Recordemos ahora algunos sucesos de interés general para esta Provincia ocurridos hasta la fecha que acabamos de indicar.

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