Moralidad y conversión

Francisco Javier Fernández ChentoFormación CristianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Kevin Rafferty, C.M. .
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Introducción

Se me ha pedido hablar sobre los aspectos morales de la conversión, teniendo en cuenta los aspectos teológicos, bíblicos, pastorales y vicentinos de este tema. En el curso de esta reflexión, se pueden adoptar distintos puntos de arranque:

a) Podríamos empezar con una reflexión sobre la conversión en nuestras propias vidas. ¿Qué clase de conversión hemos experimentado nosotros?. Si predicamos a otros sobre la conversión y si en realidad intentamos ayudarles para que se conviertan, no hay duda que nuestras experiencias en nuestra propia conversión jugarán un papel muy importante en la forma cómo desarrollamos este tema.

1) Podríamos también empezar con uno de los ejemplos bíblicos de conversión, – La Parábola del Hijo Pródigo – y examinar qué sucedió en aquel punto decisivo cuando el Hijo Pródigo pensó muy en serio sobre lo que había hecho. Preguntas sobre el efecto deslumbrador del pecado, la vuelta gradual, la venida al hogar etc. todo esto está ahí para poder examinarlo.

c) O tambiém, podríamos empezar con uno u otro de los ejemplos clásicos de conversión en la tradición cristiana – Agustín, Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, Blaise Pascal, Edith Stein, Paul claudel, Simone Weil…. y por qué no, os oigo decir, Vicente de Paul.

No hay duda de que cualquiera de los ejemplos citados arriba podría sernos de gran utilidad y muy provechosos, y estoy en la seguridad de que en nuestras reflexiones hoy, nuestra propia experiencia, el paradigma evangélico, y los ejemplos de los santos cuyas vidas han tenido gran influencia en cada uno de nosotros invadirán nuestras reflexiones y discusiones.

Pero para mantener nuestras reflexiones con base en nuestra realidad presente y en el contexto actual de las misiones rurales, quiero empezar con la experiencia de la conversión de Angela, Antonio y Jaime, tres personas con quienes Paul Roche se encontró recientemente en el curso de nuestras misiones rurales en Irlanda.

Angela

Angela, mujer magnánima, es una madre de cuatro hijos. La hija más joven asiste a una escuela especial de Lunes a Viernes. Dermot, esposo de Angela, la abandonó y se fugó con otra mujer a Inglaterra. Angela trabaja actualmente en la limpieza de la Escuela del lugar. Hace diez meses Tomás, que está separado de su esposa, se fue a vivir con Angela y sus hijos. Tomás los quiere y desde su llegada a casa las cosas han mejorado muchísimo. Angela estaba muy contrariada con la manera cómo la Iglesia la trató cuando Dermot la abandonó, se sentía totalmente sola. Angela todavía reza y va a la Iglesia a encender una vela, pero confiesa que no es muy fiel en asistir a Misa los domingos, ya que le han dicho que no puede acercarse a recibir comunión. El año pasado en adviento hubo una misión en su parroquia. Angela se unió al grupo de mujeres que preparaban el te para las sesiones de grupo que tenían lugar todas las tardes. con la particularidad de que ella se sentía como parte integrante del grupo. El tema de una de las charlas y video de una tarde eran sobre el efecto que tuvo el desastre de Chernobyl en los niños afectados. Angela juntamente con otras cinco mujeres se ofreció voluntaria para cuidar a dos niños de Belarus durante unas vacaciones de seis semanas. Desde entonces ha estado reuniendo fondos, atendiendo charlas y ha llegado a comprometerse totalmente a estas actividades. «Ahora veo que mi religión se dedica a ayudar a los que son menos afortunados que yo», dice Angela. Una vez a la semana reúne a un grupo de gente en su casa donde pasan una hora intercambiando reflexiones evangélicas. «Aquella misión para mi fue algo muy especial y diferente». Gracias a Dios a que tomé parte en ella.

Antonio

Antonio está en su tercer año en la Universidad de Dublín, donde cursa los estudios de Administración Empresarial. La familia se sentía muy orgullosa de que Antonio hubiese entrado en la Universidad. Su padre, conductor del Autobus No. 19, estaba totalmente determinado a no escatimar ningún esfuerzo para que sus siete hijos obtuviesen el mayor éxito posible en la vida. Antonio era su orgullo y su alegría. Muchos de los estudiantes del colegio encontraban a Antonio un tanto insoportable. Era bullicioso y agresivo, y se rodeaba contínuamente de compañeros que pasaban el tiempo bebiendo y jugando sus dineros. Antonio, completamente diferente de su buen padre que era un gran trabajador, fiel a la misa diaria y Presidente de la Sociedad de San Vicente, nunca había echado raices en la fe y fácilmente iba a la deriva. Se salpicaba en los suntos de la calle, pero era un cínico con los que se mojaban en devociones de Iglesia. Antonio frecuentaba la compañía de grupos drogadictos. Se quedó boquiabierto junto con otros muchos cuando Sandra, estudiante de primer año, murió en una fiesta de baitoleo estudiantil después de tomar Extasis. La iglesia, que de ordinario estaba medio vacía, en el funeral de Sandra estaba abarrotada. Fue un funeral nada ordinario. Además del Capellán, que dijo la misa, habló también Danny. El relató brevemente su caso – que había encontrado a Jesús y que desde entonces radiaba paz y alegría. Terminó invitando a algunos estudiantes a un experiencia de fin de semana. De toda la multitud presente en la Iglesia, acudieron únicamente cuatro después de un mes. Antonio fue uno de ellos. La ocasión le produjo un cambio total. «He sido católico por espacio de 22 años, pero sólamente he conocido a Jesús durante uno de ellos». En la actualidad reza frecuentemente, lleva la Biblia consigo, frunce el entrecejo a los que beben y está pensando ir este verano a Uganda para evangelizar a grupos de jóvenes. Su padre se encuentra un tanto confundido.. «Pensaba que sería un ejecutivo de empresa, no un monje compasivo».

Jaime

Jaime es todo un carácter. Ha vivido todos sus 54 años en Pearse Road. Sus cuatro hijos son adultos y están casados – todos ellos han dejado el hogar paterno, están teniendo mucho éxito y rara vez visitan Pearse Road. Los tres últimos años Jaime ha estado en el paro. La esposa de Jaime, de 30 años de edad, murió pocas semanas después de perder su empleo, dejandole sólo con la «paga» de separación de empresa. Como otros muchos a su alrededor, Jaime se dió a la bebida, y con la bebida vino a ser displicente: heridas que había soportado por muchos años empezaron a salir a flote. Mucha gente se cansó de él y de su propia desgracia. Cada vez se iba descuidando más. Sucio en vestir y mucho desorden en casa. La religión no contaba mucho en la vida de Jaime, si bien solía tener una lámpara encendida ante la imagen del Sagrado Corazón en la cocina y ocasionalmente se reprochaba asimismo. En ocasiones cualquier palabra llegaba a ser todo un argumento – lo que en realidad hería a Jaime era que nadie daba un duro por su persona ahora que su mujer había muerto. Nunca llegó a comprender cómo fue a parar a la Oficina Parroquial aquella tarde, pero Jaime se encontraba allí para atender a una reunión de intercambio de espontaneidades. Las historias eran pura rutina para la mayor parte de los presentes, pero para Jaime era algo mágico. «Mi vida está fuera de control». «Tengo que poner mi confianza en el poder del Omnipotente». Todo tenía un gran significado para Jaime.»Mi nombre es Jaime. Soy un alcohólico». No ha pasado ni un solo día desde aquella tarde sin que Jaime estuviese en «su reunión». Ha sabido mantenerse sereno, da gracias a Dios todos los días, pero la mayor parte de las veces en su propa casa, no en Misa.

1. ¿Qué es la conversión moral?

Creo que todos estamos de acuerdo que el meollo de las conversiones de Angela, Antonio y Jaime, se encuentra en un conocimiento específico de sí mismos, de sus relaciones con otros y de sus relaciones con Dios. Podríamos afirmar que ellos llegaron a la posesión de una intuición clara de su propia situación. Es una nueva clase de conocimiento o una nueva clase de conciencia. Ven su situación de una manera diferente.

Y lo que es más importante en todo esto es el hecho de que el conocimiento en el plano moral es más que un mero conocimiento.

«No veo valores como veo cosas
Únicamente veo aquellos valores a los que deseo servir».

Conocimiento en el plano moral es una clase especial de conocimiento. En la historia de la filosofía moral, uno de los puntos decisivos en la Filosofía Griega era la comprensión de que el conocimiento como tal no es lo mismo que moralidad. Porque sé que «debo hacerlo» no significa que «voy a hcerlo».

  • Conocimiento no puede equipararse a virtud
  • Conversión intelectual no puede equipararse a Conversión Moral.

Y la razón es porque en el plano de la conversión moral va involucrada toda la persona, el propio entendimiento, sí, pero también las propias emociones, los propios sentimientos y sobre todo la propia voluntad.

En la evaluación de lo que deberíamos hacer o no hacer en el plano moral ordinariamente nos preguntamos:

  • ¿Qué es lo que me dicta la conciencia que debería hacer?
  • ¿Qué piensas sobre la descripción de conciencia que presento a continuación?

«Conciencia es una voz interior que nos regaña, nos insinúa, nos sugiere, así como también nos prohibe en contra de la dirección consciente de nuestras voluntades y en alguna ocasión a pesar de argumentos ingenuos que inventamos en nuestra propia defensa. Todos nosotros, sin duda, hemos experimentado en alguna ocasión aquel repentino amanecer de una nueva conciencia de habernos portado mal en algún aspecto. En tales situaciones nos confrontamos contra nuestra propia voluntad con la verdad que en un principio percibíamos de una manera oscura y después reconocíamos con toda claridad. Esta manera de pensar ha ido circulando hace ya algún tiempo. Lo importante es un «fiat» de nuestras voluntades para abrir paso a la nueva conciencia moral» (John Dunlop – Moral Education).

En el centro de nuestra predicación y de todo lo que realizamos en nuestras misiones rurales se encuentra un deseo de llevar a la gente a una conversión – una conversión moral – «el amanecer pausado de una nueva conciencia, un nuevo conocimiento de uno mismo, de otros y de Dios».

Me parece oir a algunos de vosotros… ¿no es ésto pura doctrina bien conocida?. ¿Acaso no es esto cosa de sentido común?. Posiblemente así lo sea, pero es sorprendente la multitud de gente que hoy equipara conversión con la adquisición de conocimiento. Sospecho, en realidad estoy cierto de ello, que una gran parte de todo lo que hoy nos rodea en los diferentes contextos de la vida ve a la conciencia moral únicamente como una clase de conocimiento entre otros muchos. Una clase especial de conocimiento sí, pero es algo más que conocimiento. Implica mis emociones, mis sentimientos, mi voluntad.

Honestamente creo que una de las grandes potencias de la tradición católica es que estamos en posesión del conocimiento de nuestra capacidad de propio engaño, de propia decepción, y que tenemos la necesidad de purificarnos moralmente para descubrir cuales son nuestros valores reales y sobre todo de conocer lo que es correcto y lo que es erróneo.

Pienso con frecuencia que la multitud de gente que todavía se acerca a recibir la imposición de la ceniza al principio de Cuaresma, es un reconocimiento de esto mismo. La conversión que nosotros deseamos exige esfuerzos y lleva tiempo, implica lucha y exploración del alma si ha de ser una conversión genuina.

2. El kerygma precede a la catequesis, especialmente a la catequesis moral

Muchos de vosotros puede que comentéis interiormente que no es la conversión moral en un sentido filosófico lo que debería presentaros, sino la conversión – conversión moral – en un contexto religioso. No es la conversión que sigue el sendero del filósofo Sócrates, sino la conversión que sigue la llamada de Jesucristo: «ven y sígueme».

No me queda sino estar totalmente de acuerdo con vosotros. Todos los que pertenecemos a un generación más antígua estudiamos teología moral cuando ésta se consideraba como una asignatura separada, en mayor o menor extensión, de la Teología Sistemática o Dogmática. En los últimos treinta años han tenido lugar muchos cambios que nos invitan a la restructuracion de las bases de la teología moral, especialmente en lo referente a su enraizamiento en la Escritura. Recordaréis lo que dice el Documento – Optatan Totius – del Vaticano II sobre la Formación de los Sacerdotes:

» Los estudios teológicos necesitan una renovación. Piden un contacto más vivo y directo con el Misterio de Cristo y la Historia de la Salvación. Se ha de dar una atención especial a la Teología Moral. Su exposición científica ha de ir alimentada más concienzudamente con enseñanzas bíblicas. Debe manifestar la nobleza de la vocación cristiana» (Par 16)

Cuando se examina la enseñanza moral de los escritos del Nuevo Testamento, llega uno a descubrir que nunca se encuentra la catequesis moral en solitario. En los Evangelios Sinópticos, en los Escritos de San Pablo y en los Escritos de San Juan, uno llega a descubrir que en el contexto de cualquier clase de enseñanza moral, especialmente enseñanza sobre conversión, está presente la proclamación del Kerygma. Y, por supuesto, encontramos una gran diversidad en la presentación del Kerygma conforme se va de una serie de escritos del Nuevo Testamento a otra. Permitidme poneros varios ejemplos:

A) El reino de dios es inminente:

Una de las primeras presentaciones de catequesis moral se encuentra en Marcos l.14 (Textos Paralelos Mt. 4.12 – 17, Lk. 4, 14-15)

Jesús fue a Galilea.
Allí proclamó la Buena Noticia de Dios.
«Ha llegado la hora», dijo,
«y el Reino de Dios está para llegar,
Arrepentíos
y Creed en la Buena Nueva.»

Hay un ambiente de expectativa entre la gente que escucha a Jesús. Jesús habla a sus esperanzas, sueños y ansiedades, y Jesús hubiera llegado a descubrir que había distintas expectativas entre ellos a cerca del Reino al que El se refería (como también hay hoy cuando proclamamos la venida del Reino).

  • Los Fariseos lo codificaron como si se hubiera podido programar.
  • Los Celotas trataron de externizarlo políticamente
  • Los Qumranitas ven el Reino como un dictamen entre gentiles y pecadores.
  • Los Rabinos espiritualizan el Reino en una piedad interior.

Para Jesús, el Reino es algo diferente de todas estas expectativas. El Reino para Jesús es un don – un don del Padre al que se ha de corresponder con gratitud y acción de gracias.

No voy a entrar en los diferentes puntos de vista que se pueden tener a cerca de la interpretación de » el Reino está para llegar» – lo que nosotros llamamos «Escatología». Basta decir que la llamada de Jesús a la metanoia, a la conversión, y a la penitencia es una llamada al arrepentimiento en el contexto de la primera y segunda Venida de Cristo. Nosotros estamos viviendo entre estos dos intervalos de tiempo, y si hemos de responder a la llamada de Jesús, tenemos que pasar por un cambio total de mente y de corazón para hacernos discípulos de Cristo. La llamada es una llamada a un seguimiento radical.

Todas las implicaciones de esta llamada al arrepentimiento y al seguimiento van descifradas en el Sermón de la Montaña. Las Bienaventuranzas, La Ley Antígua y la Nueva contrastadas y el llamamiento a la caridad, a la vida interior etc. son requisitos necesarios para todos nosotros que estamos en contínua lucha por pertenecer al Reino. Y todos vosotros que habéis estudiado el Sermón de la Montaña sabéis el terreno que se ha tenido que recorrer desde aquella especie de legalismo y minimalismo o desde una moral adquirida en cursos con un aprobado o un sobresaliente. Pero también sabéis, como yo, que siempre hay peligro de volver a cualquiera de estas actitudes del pasado en la presentación de la ética cristiana.

B) El misterio pascual-piedra angular de la moral cristiana.

Cuando revisamos los escritos Paulinos encontramos una manera diferente de presentar el Kerygma y la catequesis moral. Por ejemplo, si vemos Romanos 6.1-12, encontramos que Pablo mezcla tres clases de Muerte y Resurrección:

  • La Muerte y Resurrección de Cristo
  • Nuestro Bautismo en la Muerte y Resurreccion de Cristo
  • Morir al pecado y vivir en la nueva vida de Cristo.

El contexto de catequesis moral es el Misterio Pascual.

C) Amad a vuestro projimo como yo os he amado a vosotros.

Y cuando vamos a los escritos de San Juan encontramos otra manera de presentar el Kerygma y la catequesis:

Os he dado un nuevo mandamiento:

Que os améis unos a otros como yo os he amado.

Y nuestros esfuerzos por vivir la vida moral son una respuesta al amor de Jesús por nosotros. Es la manera más precisa y concreta de ponerlo.

Conclusion

En los escritos del Nuevo Testamento, no podemos separar el Kerygma de la catequesis moral. Los ejemplos que hemos presentado muestran cuan estrechamente están relacionados en algunos de los textos claves de los escritos del Nuevo Testamento.

La ética cristiana es una ética muy exigente. Tiene sentido únicamente cuando la consideramos su contexto total:

  • El contexto de la proclamación de un Reino en los Sinópticos.
  • El contexto de la muerte y resurrección salvadora en la Carta de San Pablo a los Romanos.
  • El contexto de ágape en los escritos de San Juan.

Cuando consideramos algunas de las enseñanzas más específicas de Jesús sobre la unidad y la indisolubilidad del matrimonio, sobre el compartir nuestros bienes con otros, especialmente con los pobres, tenemos que contextualizar estas enseñanzas o, mejor aún, tenemos que asegurar que nuestros oyentes conocen el contexto en el que Jesús habló, Pablo habló y escribió, los escritores de la escuela de San Juan hablaron y escribieron. No es cosa sorprendente que muchos rechacen hoy la enseñanza ética de Jesús en el contexto en que muchos de nosotros la proclamamos , o que la vean como algo fuera de su alcance.

Tal vez sea sólamente en el contexto de una Comunidad Cristiana en el que el Mandamiento del Amor mutuo llega a ser una realidad viviente, y en el contexto de una vida sacramental en la que nos alimentamos con la Palabra y con la Eucaristía que esta ética tiene significado y que la gente se sentirá facultada para probarla y para vivir de acuerdo con ella.

3. Fases de Kohlberg de desarrollo moral

Es una realidad afirmar que cuando San Vicente de Paúl y sus compañeros daban misiones en el siglo XVII lo que nosotros conocemos hoy como ciencias empíricas, como la psicología y la sociología, no existían, o estaban ciertamente en un período embrionario de desarrollo. Así, cuando nos ocupamos en esta reflexión fundamental sobre «las misiones rurales» en la actualidad, y sobre la forma que deben adoptar, no podemos omitir algunos de los descubrimientos de las ciencias empíricas.

Es cierto que nuestra compresión de la naturaleza de culpabilidad ha sido aguzada y refinada por las varias teorías de Freud, Jung y sus seguidodres hoy. Sería sumamente importante que nosotros consignasemos algunas de las implicaciones de todo esto al reflexionar sobre el lugar del Sacramento de la Reconciliación en la dinámica de la conversión.

Me gustaría explorar con vosotros hoy las implicaciones de los descubrimientos de un psicólogo pedagogo, Lawrence Kohlberg, en lo que él ha escrito sobre Fases o Períodos de Desarrollo Moral. Estoy seguro de que la mayor parte de vosotros conocéis esta teoría. El distingue seis períodos en tres niveles de desarrollo. :

I) Nivel pre-convencional

Fase 1: Obediencia y orientación «de castigo»

Fase 2: Instrumental/orientación relativística

II) Nivel Convencional

Fase 3: Concordancia Interpersonal de la orientación «buen chico/buena chica»

Fase 4: Orientación «Ley & Orden».

III) Nivel Post-convencional, autónomo o de principios

Fase 5: Orientación de contrato social (con insinuaciones utilitarias)

Fase 6: Orientación de principio universal.

Kohlberg sostiene que la secuencia de las seis fases es universal y lo justifica a la luz de la investigación empírica que ha realizado en USA, Inglaterra, Turquía, Taiwan, etc.. Sostiene también que la teoría de las seis fases es una constante – se ha de avanzar siguiendo el orden de las seis fases o periodos. No se puede pasar a una fase más alta sin haber pasado antes por la fase inmediata anterior. El Desarrollo Moral se verifica conforme a una secuencia predeterminada. La labor del educador moral es orientar a la persona a la consecución de la fase (período) más próxima a la que en la actualidad se encuentra.

Comentario

Varias críticas de esta teoría de seis fases han sido propuestas por otros psicólogos pedagogos. ¿Cuanto tienen estas fases de universales?. ¿Podría haber más de seis fases?. ¿Cuánto tiene de invariable la secuencia? etc.etc.. Como vosotros sabréis, algunos teólogos moralistas contemporáneos han tomado muy en serio esta teoría, a pesar de tener algunas reservas en uno o en otro punto.

¿Acaso no resalta esta teoría puntos fuertes y puntos flacos en la forma en que presentamos la ética cristiana en un contexto católico?.

En mi opinión,uno de los puntos fuertes, del método católico de abordar la moralidad es el hecho de presentar un cuerpo de enseñanza moral con autoridad. Uno de los grandes logros del Papa Juan Pablo II es el haber hablado con energía sobre la moralidad de muchos temas en la actualidad: en la ética biomédica, en la ética social, en la ética sexual etc.. Es de esperar que la gente escuche a una autoridad moral cuyas credenciales merecen todo el crédito. Es de esperar también que los católicos escuchen a esta autoridad y se dejen guiar por ella.

Uno de los puntos débiles del método de enfocar la moralidad en la tradición católica es el hecho de que muy a menudo nos hemos parado ahí. No henos llegado al nivel tercero – fases 5 y 6 – y hemos animado a los católicos a adquirir enseñanzas morales pora uso de ellos mismos, y una vez que las han obtenido nos damos cuenta que de es sumamente difícil tratar con ellos.

Lo que está aquí en juego es la Primacía de la Conciencia Individual y el riesgo que corremos escuchando a esta forma de hablar de dientes afuera. Buena parte de nuestro trabajo es animar a la gente a que haga suyos de una forma personal los argumentos que podamos presentar para defender una proposición, y si tratamos, como nos sucede con frecuencia hoy, con gente que tiene los estudios secundarios y universitarios no esperemos que se confomen gratuitamente con la enseñanza del Papa o de los Obispos y de cualquier otra autoridad de la Iglesia Católica.

Corolario de lo expuesto arriba es ser realista y no evaluar superficialmente las posibilidades de las personas. Desde los resultados de los descubrimientos de Kohlberg sabemos que no son tantos los que se encuentran en las fases 5 & 6. Mucha gente va en busca de una autoridad en la que puedan confiar y, con mucha frecuencia, acuden en sus dificultades y problemas a alguien que pueda escucharles con paciencia, a alguien que pueda animarles a dar con el camino verdadero que deben seguir. Hay una gran diferencia entre una actitud «Laissez faire», la actitud de «cualquier cosa está bien», la actitud de «haz tu decisión» y la actitud de animar a la gente a que se comprometa a una investigación seria y responsable de los valores que están en juego en cualquier dilema que puedan afrontar.

4. Conversión y opción fundamental

Cuando intentamos analizar y estructurar nuestra experiencia moral, con toda seguridad invocaremos a los conceptos claves de libertad, conciencia, ley y culpabilidad/pecado para poder conseguirlo. Hacer esto es echar un vistazo al acto moral desde diferentes puntos de vista y perspectivas. Me gustaría concentrar la atención por unos momentos en nuestro conocimiento de libertad y en la manera cómo algunos de nuestros teólogos moralistas contemporáneos introducen lo que ellos llaman la Teoría de la Opción Fundamental con el fin de entender mejor cómo ejercitamos nuestra libertad.

No se necesita un gran conocimiento de psicología, de sociología, de biología etc. para llegar a conocer cuántos factores son necesarios en el ejercicio de nuestra libertad, factores que pueden limitar o disminuir nuestra libertad. Muchos de nuestros contemporáneos sacarán la conclusión de que estamos totalmente determinados por fuerzas instintivas en todo lo que hacemos. Por consiguiente, nuestro sentido de libertad es una pura ilusión. Al final del día, sin embargo, creo que hay momentos en nuestras vidas cuando podemos superar estos impulsos y hacer lo que los teólogos moralistas denominan «preferencias fundamentales» o «opciones fundamentales». Permitidme explicar lo que ésto significa:

Reflexionando sobre nuestra propia experiencia, descubrimos que el ejercicio de nuestra libertad es algo más que la suma de eleccions individuales que hacemos de día a día, de momento a momento. Más allá de las elecciones individuales que hacemos está una conciencia para dar una orientación ética a todas nuestras vidas. Somos responsables no sólamente de las cosas individuales que hacemos, sino también de la clase de personas que somos. Tenemos la capacidad de determinación propia. Tenemos la capacidad de hacer «Elecciones Fundamentales».

Llamamos a ésto una «Elección» porque soy «yo» en último término el que debe decidir qué significado debo dar a mi vida. Yo decido cual ha de ser el valor supremo para mi.

Lo llamamos una elección «fundamental» porque versa sobre elecciones y decisiones particulares que hacemos. Una elección fundamental da una orientación ética a todas nuestras vidas – una orientación positiva hacia lo que es bueno y virtuoso o una orientación negativa hacia lo que es malo y falso.

Teólogos Moralistas no están de acuerdo en la forma cómo describen esta teoría de «elección fundamental:

  • Josef Fuchs describe «elección fundamental» en términos de un ejercicio de una LIBERTAD BASICA de personas – una libertad que no sólo nos hace capaces de decidir libremente sobre nuestros actos y aspiraciones, sino también, a través de ellos, de determinarnos a nosotros mismos totalmente como personas y no meramente en un area particular de conducta.
  • Louis Janssen describe «elección fundamental» en términos más personalistas – en un sentido positivo como una elección a una actitud generosa en las relaciones propias con el prójimo; en un sentido negativo como una elección a una actitud dominante: controlando, usando y dominando a otros.

Para un cristiano, una elección fundamental asumirá la modalidad de «optar por el Reino» o «seguir a Cristo».

Puede que no sea fácil determinar en cualquier período de nuestras vidas la clase de elección fundamental que hemos hecho. Puede que haya un «sí» más serio y más profundo que todos nuestros «nos» individuales, o un «no» más profundo que todos nuestros «sis» individuales. Una amiga me dijo en cierta ocasión que ella necesitaría unos ejercicios espirituales de treinta días con un buen director espiritual y un buen psicoterapeuta para determinar con acierto la clase de elección fundamental que había hecho. No estoy tan cierto de que sea tan difícil, pero lo cierto es que requiere reflexión seria por cierto período de tiempo para experimentar el «amanecer de una nueva consciencia» de aquellos valores por los que nosotros realmente vivimos, y doy por sentado que esta es la clase de reflexión que esperamos originar en nuestra proclamación del Reino con nuestras misiones parroquiales.

Algunas observaciones

Si la gente se sujeta con rigidez a la distinción entre pecado mortal y venial y a la necesidad de confesar pecados mortales según su especie y número….¿ acaso se ocuparán alguna vez de reflexionar sobre lo que es su elección fundamental?. Una forma de cerciorarse de que esto no sucederá es predicar lo más elocuentemente posible sobre la misericordia Dios como telón de fondo de nuestro exámen de conciencia _ como hacía San Vicente.

Uno de los grandes méritos de esta teoría de elección fundamental es que dejamos de trivializar la vida moral en una serie de actos discretos sin tener relación unos con otros, en los que jugamos al juego de «librarnos de pecado mortal». cf. Novela de David Lodge. Todo esto puede darnos pie a vivir la vida moral con cierta animación y aventura, especialmente a vivir la vida moral desde una perpectiva cristiana.

5. Conversión eclesial – ¿volver a qué clase de Iglesia?

Hace algunos años visité una parroquia en Arlington, a las afueras de Washington DC. Después de cenar con el párroco, un Escocés, me invitó a asistir a una reunión de veinte párroquianos esa misma noche a las 8 de la tarde. Todo lo que el párroco me dijo es que habría una encuentro entre diez miembros activos de la parroquia y diez católicos «inactivos» que tenían intención de volver a ser de nuevo miembros activos en aquella Comunidad particular Cristiana. No recuerdo muchos detalles de aquella reunión como tal, excepto que la reunión se prolongó por espacio de dos horas con un descanso de un café. Lo que sí recuerdo con viveza es la informalidad de la reunión y la determinación por parte de los «católicos inactivos» de compartir sus razones para dejar la Iglesia y sus reservas para volver a la Iglesia como miembros activos. Los diez católicos activos habían invitado a diez personas conocidas que se habían separado de la Iglesia para que asistiesen a una reunión semanal por espacio de veinte semanas con el fin de explorar juntamente razones para abandonarla y razones para volver a ella. Había tiempo para la reconciliación y tiempo para curar heridas, así como también tiempo para profundizar su conocimiento sobre Cristo, sobre la Iglesia, actuando como grupo y de persona a persona. Esta reunión fue en realidad el principio de un movimiento en los Estados Unidos conocido como «Remembering Church», que, pienso, tiene mucho que enseñarnos sobre la Conversión Eclesial, especialmente en las sociedades post-cristianas a las que muchos de nosotros del mundo occidental pertenecemos hasta el presente.

Cuando reflexioné después sobre lo que había experimentado aquella noche y leí algún material de referencia relacionado con este Movimiento «Remembering Church», llegué a las siguientes conclusiones:

  1. Para que un católico vuelva hoy a la Iglesia después de una ausencia prolongada, no se le puede forzar a un encuentro con el sacerdote en la esquina lúgubre de un confesonario. Este método no hace justicia al proceso mismo ni a la clase de Iglesia a la que queremos que la gente vuelva.
  2. A la luz de lo que oí aquella noche y lo que descubrí en discusiones siguientes con la gente que moderaba las sesiones, llegué a convencerme que necesitamos distinguir muy claramente entre las distintas clases de «alejamientos» con los que tenemos que llegar hoy a un acuerdo si deseamos que los alejados vuelvan de nuevo a una participación activa.

En términos generales, podríamos distinguir tres distintas clases de alejamiento:

A) Alejamiento del inconsciente:

Son personas que han crecido en hogares católicos y han ido a escuelas católicas, pero que no han oido en realidad el primer anuncio del Evangelio. Difícilmente se puede decir que están alejados de un Dios que todavía no han descubierto. Están esperando el primer anuncio del evangelio. Puede que hayan llevado el carnet de afiliación como miembros de la Iglesia, pero nunca han llegado a saber lo que esa afiliación lleva consigo. No es tanto el caso de que muchos jóvenes han dejado a la Iglesia, ya que ellos nunca en realidad pertenecieron a ella. Por consiguiente lo que buscan es un verdadero esclarecimiento de lo que significa ser un cristiano maduro.

B) Alejamiento real

Este es el alejamiento de personas que en algún día pertenecieron a la Iglesia, pero que deliberadamente la abandonaron. Buscan perdón, reconciliación, paz, aliento y curación de heridas.

C) Alejamiento profetico

Este grupo sostiene que es la Iglesia de la Comunidad Cristiana local la que les ha decepcionado. En la actualidad este alejamiento puede que se centre en un desacuerdo con la enseñanza de la Iglesia especialmente en la esfera moral, desacuerdo con la manera de ejercitar la autoridad en la Iglesia, falta de consideracion con los grupos de la minoría, etc..

  1. El proceso de «navegar» con gente que desea explorar el «retorno a la Iglesia» es costoso – lleva tiempo, requiere diplomacia, y supone discernimiento. Y por supuesto, los mejores compañeros de viaje son aquellos que han terminado sus propios viajes de vuelta. Están en una disposición mejor para entender de donde viene la gente y las etapas del viaje a casa. He oido decir que tenemos que aprender mucho de AA Grupos en preparar el proceso de retorno.
  2. El modelo de Iglesia de que disponemos, especialmente el concepto de Iglesia como Comunidad, obviamente ha de jugar un papel muy importante en la clase de proceso de conversión que probablemente llegaremos a establecer. Y, por supuesto, todo esto significa que un Equipo de Misiones Populares debe tener algunas de las habilidades que han de tener los ministros – ministros sacerdotes y ministros laicos – para profundizar en la calidad de una comunidad cristiana en una parroquia rural. San Vicente averiguó en el siglo XVII que si había de seguir este modelo en las misiones parroquiales, el tendría que trabajar en su época en la renovación de estructuras parroquiales y en la renovación de hombes y mujeres que ayudaban en estas parroquias. Esta es una de las razones por qué el trabajo de las misiones parroquiales en la actualidad es tan desalentador, especialmente en una época cuando la Iglesia está tan empeñada en escudriñar el espíritu tanto del ministerio sacerdotal como del ministerio laical.
  3. Punto central para establecer un proceso de «retorno a casa» es una conciencia de que todos somos pecadores con necesidad de perdón. Un conocimiento de parte de todos de lo que es «ser pecador» y de lo que es «obtener perdón» es básico para nuestra identidad de Cristianos. La manera cómo hacer que una comunidad parroquial se congratule de ser una «comunidad reconciliada» y de que tenga un deseo vehemente de comunicar esta experiencia a otros está en el mismo corazón de una conversión eclesial.

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