Misión popular vicenciana: contenidos básicos

Francisco Javier Fernández ChentoMisiones popularesLeave a Comment

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Autor: Luis María Martínez Sanjuan, C.M. .
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UNO-evangelizarHace unos días me decía un párroco: «¿Por qué no escribís de una manera sucinta el contenido básico de una misión? Nos vendría muy bien a quienes estamos interesados por este ministerio tan necesario hoy».

Aceptando el reto, voy a romper el programa que me había propuesto y trataré de responder a este amigo (y quizá también a ti). Y en verdad que no necesito salirme demasiado de la línea que me había trazado, pues es el primer cometido que nos toca vivir cuando nos piden una misión.

Tú «me preguntas», amigo, pero el proceso de una misión convencional lo iniciamos preguntando nosotros. Eso sí, primero has de comprender quién es el actor principal de la historia. Y el actor principal, después de Jesús, es el párroco, su Consejo de Pastoral y la Comunidad parroquial toda. Nosotros, los misioneros que venimos de fuera, somos meros colaboradores, aunque en algunos momentos llevemos la voz cantante.

Siempre aconsejamos dar un primer paso: Tratarlo en el Consejo. Luego, comunicar a todos los de dentro la idea de organizar una misión como «un servicio de fe para toda la comunidad humana (cercanos y distantes) que viven en el territorio parroquial». Y esto mismo lo deberías hacer después a los llamados (quizá injustamente) de fuera, o alejados.

Esta comunicación sonaría más o menos así. Hoy queremos dar una Buena Noticia: Vamos a celebrar en nuestra parroquia una campaña extraordinaria de evangelización, una misión. Y para hacer esta comunicación invitamos a personas cercanas a llevar una «carta personal en mano» a todos los miembros de la parroquia.

Por otra parte, una misión no se hace todos los años. Es en primer lugar una acción extraordinaria. Y con la palabra «extraordinaria» no nos referimos a algo que se realiza, como viene siendo corriente, más o menos cada 50 o más años. Fíjate en la primera Iglesia. Los apóstoles normalmente van a sitios donde la religión oficial (el judaísmo) estaba establecido. Había sinagogas. (Hoy hay parroquias). Y también iban a lugares dónde la ignorancia religiosa era grande (piensa en Samaria). En todos estos lugares había que renovar la fe; había que superar rutinas; había que anunciar, no sólo a Dios, sino también a Cristo.

A todos estos lugares, también a la mayoría de las parroquias de hoy, se le podían aplicar palabras como estas: Yo he sido enviado a las ovejas descarriadas de la casa de Israel. Y como la mayoría de nuestros pueblos están «sacramentalizados», pero poco «cristianizados», no vendría nada mal recordar las palabras de san Pablo: Yo no he sido enviado a bautizar, sino a evangelizar.

Porque, estarás conmigo en reconocer que en muchas parroquias el cura emplea la mayor parte de su tiempo en acciones celebrativas y catequéticas, y no tanto en las formativas. Incluso un valor fundamental como la caridad con frecuencia no está entre las prioridades. Y por eso nos conviene preguntarnos con honradez: ¿Es en la práctica real que la Iglesia (nuestras iglesias) -como dijo ya Pablo VI- existe para evangelizar? Y, como enfatizó el Congreso de Parroquia Evangelizadora, tendríamos que preguntarnos algo más: ¿Hasta qué grado y en qué medida son nuestras parroquias «Parroquias Evangelizadoras«?

Pero, aguarda. No quiero que con estas disquisiciones se me vaya el hilo: Para nosotros acción «extraordinaria» es tanto como decir necesidad complementaria de las acciones parroquiales ordinarias.

Ya ves, en otras palabras, la misión parroquial extraordinaria es una ayuda, un servicio en orden a fortalecer el trabajo ordinario de las parroquias. Y por eso, al presentar la misión en una parroquia hablamos a los párrocos y a la gente de un para qué.

¿Para qué?

  • Para avanzar. Necesitamos un cristianismo más consecuente y más comprometido. Necesitamos una Iglesia de puertas abiertas:
  • Para encontrarnos con el Dios Vivo que hace vivir.
  • Para purificar nuestra fe y darle todo su sentido.
  • Para edificar Comunidades Cristianas adultas.
  • Para animarnos a vivir los valores del Evangelio: la paz, la justicia, el amor, el servicio a los necesitados, la sencillez, la verdad, la confianza en Dios…
  • Para encontrarnos en un diálogo tú a tú con nuestros hermanos los hombres, alejados tantas veces de Dios por falta de un testimonio coherente.
  • Para lograr seguir a Jesús que vino a evangelizar a los pobres y que indicó esto como señal de que era Hijo de Dios y de que había venido el Mesías que el pueblo esperaba.

Y vuelvo otra vez al principio. Antes te decía que comenzamos con una pregunta a los párrocos. Esta pregunta es muy importante, ya que los motivos para pedir una misión hemos visto que son muy variados, y tenemos que estar de acuerdo en los objetivos. Por eso preguntamos a los párrocos y Consejos:

Por qué y/o para qué piden la misión. Qué esperan.

Es muy importante desde el principio llegar a un acuerdo sobre planteamientos eclesiales básicos. Es importante percibir las coincidencias y las diferencias en el terreno teológico-pastoral.

Pero además, interesa ver las posibilidades reales de un Plan conjunto. Y en su caso decidir los pasos a dar, – hay que procurar no comprometerse a cosas que no se van a poder llevar a cabo-.

«Luego», y a la hora de hablar con la gente, tendremos que hacer ver las razones que nos han empujado a realizar un tiempo extraordinario de evangelización. Hemos ido observando que la gente es sensible a los por qué. Ahí van, pues, algunos que también ofrecemos como simple ayuda a los párrocos.

¿Por qué?

La Iglesia es consciente de que los cristianos de hoy necesitamos urgentemente:

  • Abrirnos al Evangelio [ð abrirnos a la Vida]; reavivar las raíces de nuestra fe cristiana.
  • Hacernos expertos en humanidad.

Esta doble fidelidad nos la está exigiendo el Espíritu y el hombre de hoy.

Pero la gente, lo sabes tú muy bien, quiere saber más. Al principio no conviene decirlo todo. ¿Recuerdas aquel consejo: Si quieres decirlo todo, aburrirás del todo? Pero hay que dejar clara desde el principio una idea básica. Para ello, comentamos algunos de los valores básicos de acción.

¿De qué se trata?

Misión quiere decir salir. Tiene su origen en el primer misionero: Jesucristo, el enviado. Por eso, todo el pueblo experimentará a través de las personas más sensibles en el terreno de la fe este movimiento de salida a través de pequeñas acciones. Porque la Misión es una invitación a salir:

  • De nosotros mismos.
  • De nuestras cosas.
  • De nuestro acomodo que margina.
  • Del olvido práctico de los pobres.
  • De nuestro cristianismo con frecuencia demasiado cómodo.
  • De nuestras prácticas rutinarias.
  • De nuestros grupos de iglesia a veces demasiado cerrados.

DOSUn profesor mío decía: Hoy los curas tenemos que tener en nuestro trabajo pastoral dos fuentes de inspiración, el Evangelio y el periódico. Con esto quería decir que no nos basta con la fidelidad a Dios y al evangelio, que tenemos que ser fieles también a la gente. Inculturar el «mensaje», dicen los entendidos.

No hay dos misiones iguales. Ya estás viendo por qué. No podemos nunca hacer como comentaban de algunos predicadores de antes, que fustigaban a quienes tenían todas las semanas en misa con palabras como estas: «Esos, esos… que no vienen a misa…» ¡Y se lo decían a quienes estaban en misa!

Todo trabajo misionero hemos de apoyarlo en la realidad. Es el Dios de la condescendencia y el Jesús de las parábolas quienes nos lo indican. Así, con nuestra ayuda y con la aportación de todos los grupos de la parroquia, realizamos en el tiempo de preparación un Estudio «suficiente» de la Realidad. He subrayado la palabra «suficiente» porque no se trata de un estudio completo y perfecto realizado por técnicos, cosa por otra parte como nos demuestran muchas Encuestas pre-electorales muy poco fiable. Un sociólogo nos decía que basta con un estudio suficiente.

De lo que se trata es de darnos cuenta que acciones hay que movilizar, que actitudes hay que provocar, qué mensaje hay que comunicar. Queremos un trabajo misionero que llegue. Queremos, como lo estarás viendo, que la misión sea «desde la realidad parroquial, con la comunidad parroquial y hacia una comunidad parroquial renovada». Nosotros somos «acompañantes».

No voy a entretenerme ahora en dejar constancia de los puntos que tocamos en este Estudio de la Realidad. Sólo te diré que las direcciones son dos: la parroquia hacia dentro y la parroquia hacia fuera. Y normalmente con la visión que nos aportan tanto el párroco, como el Consejo de Pastoral y los distintos grupos que existen en la parroquia. Y todo esto, evitando cuidadosamente «complicar la vida» a quienes están más comprometidos.

En este Estudio se nos hacen ver normalmente unas expectativas, unas necesidades, unas insatisfacciones, unos deseos.

Te puedes imaginar que frecuentemente se señalan más cosas de las que se pueden conseguir. Y a fuer de sincero, no salen en este primer sondeo algunos de los problemas fundamentales. Todavía no se ha creado un ambiente de confianza suficiente.

A partir de este primer paso, se impone una labor de discernimiento para dar con unos objetivos concretos, adecuados y posibles.

Hay otras labores de tipo pastoral en este tiempo de preparación, pero al ser menos significativas y no siempre aconsejables o necesarias, las dejamos de momento sin comentar. Sí que quisiera indicar que en este primer paso de la misión es totalmente aconsejable poner en marcha un grupo de «Enlaces» que, como la palabra indica, han de ser desde la preparación y en momentos posteriores esas personas que podrán hacer de «puente» entre los vecinos del lugar y la parroquia.

Finalmente te diré que el equipo de misioneros es plural: Hay seglares, casados y solteros, Hijas de la Caridad y curas Paúles (y algunas veces, pocas, diocesanos). Este equipo tratamos de trabajar desde la parroquia y en estrecha colaboración con los agentes parroquiales, que consideramos del equipo misionero amplio. El párroco es para nosotros el primer misionero (después de Jesús).

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